Emigrar en bicicleta: Travesía de un venezolano hasta Chile

Emigrar en bicicleta: Travesía de un venezolano hasta Chile

Mientras algunos miran desde arriba Los Andes al emigrar y otros atraviesan el puente internacional Simón Bolívar caminando, unos buscan una ingeniosa forma de salir de Venezuela, así es la historia de Ivan Bracho.

Ivan Bracho es un joven de 24 años, habitante de la Urbanización El Caujaro, municipio San Francisco, encargado de sustentar su hogar, en el que reside con su madre, su hermana y sus tres sobrinas. A pesar de tener tres trabajos: el primero en una quesera ubicada en La Coromoto, el segundo como instructor de artes marciales, y por último es vendedor de postres que él mismo realiza, los ingresos económicos que éstos le generan no son los suficientes como para mantener a las personas con las que vive.

Al darse cuenta de que a pesar de todos los esfuerzos realizados, incluido abandonar sus estudios de derecho en la Universidad Rafael Belloso Chacín (URBE) la situación no mejoraba, decidió de un momento a otro partir hacia Colombia, los últimos días de diciembre.

Betania Bracho, hermana del joven, cuenta que la despedida de su hermano fue muy difícil y repentina, “un día me llamó, se notaba apurado, dijo alisten un bolso que me voy” detalló, acto seguido hubo una reunión en el hogar de la familia Bracho, para orar y despedir al menor de cuatro hermanos, quien partió hacia Colombia en busca de un mejor porvenir para él y sus parientes.

Transcurría el primer mes del 2019 y el venezolano no conseguía un trabajo estable en el país vecino, y su única esperanza parecía estar al otro extremo del continente, en Chile, con diversos amigos que a diario le ofrecían hospedaje y trabajo, solo había una limitante: no tenían cómo ayudarle con el pasaje.

Así es como Bracho acude a su amigo Juan Linares, quien le obsequió una bicicleta, en la que al día siguiente inició un segundo viaje sin nada premeditado ni planeado, en esta oportunidad a través de cuatro países, con escasas prendas de ropa y provisiones, pero en compañía de una única visión, la cual es obtener la calidad de vida por la que tanto ha laborado, este escenario es suficiente para ser su único acompañante y motivación en todo el camino.

El 6 de Febrero sale de Fontibón, Bogotá, y solamente con un morral y la fe puesta en Dios comienza su recorrido, 415 kilómetros dividen la capital Colombiana y El Cerrito, región ubicada en Valle del Cauca, donde el joven descansó durante 3 días con un pariente, y reunió la energía suficiente para alcanzar la frontera con Ecuador, el primer país de su recorrido.

Su escaso presupuesto de cinco dólares se le agotó en hospedaje el primer día que estuvo en las adyacencias de Rumichaca, zona fronteriza entre Ecuador y Colombia, ya que necesitaba descansar luego de los 509 kilómetros atravesados para llegar hasta allí.

En cuanto a provisiones, Bracho explica que está a merced de la voluntad que tengan las personas que encuentra en el camino, quienes se han mostrado muy receptivas una vez que él les explica su motivo de viaje, el joven incluso logró conseguir hospedaje gratis en una oportunidad.

Actualmente el zuliano continúa su travesía, experiencia que ha calificado como “brutal” y la cual compartirá una vez que haya llegado a suelo chileno, según la información que reveló el pasado lunes 18 de febrero, última oportunidad en la que se comunicó con sus familiares desde Lima, Perú, manifestó que todavía le restan alrededor de 6 días hasta arribar a la frontera con Chile, donde finalizará su travesía en dos ruedas por América Latina.

Sin embargo un viaje tan intrépido pero a la vez demandante también tiene sus desventajas, puesto que Bracho también resaltó que el cansancio ya empieza a manifestarse, debido a diversas noches en las que duerme en terminales o estaciones de servicio, así como también dolor en las piernas y la espalda, pero esto no será suficiente para detenerle.

Ivan Bracho destacó que esta experiencia, además de los pintorescos recuerdos que le deja, le sirve como oportunidad para ser la voz de todas aquellas personas que al igual que él, están en la vía expuestas al sol y a la lluvia, sin nada qué comer e incluso sin algún medio de transporte, como fue el caso de Reinaldo Perger, un venezolano que llegó a pie a Argentina los primeros días de este año, luego de un trayecto que duró dos meses, porque su pareja estaba embarazada cuando abandonó el país.

En cuanto a sus aspiraciones, Bracho quiere convertirse en un reconocido peleador de Artes Marciales Mixtas, disciplina que practicaba cuando residía en Venezuela y espera retomar en el sur del continente una vez que esté instalado y estabilizado. Pero primero deberá llegar a su destino que se ubica a casi ocho mil  kilómetros de su tierra natal, con cuatro países recorridos, casi veinte días de trayecto y un solo deseo latente: mejorar el futuro de él y de los suyos.

Fotos: Cortesía

Jorge Fernández / Pasante

Noticia al Día

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