El drama de un pueblo que llora la tragedia ambiental del río Cauca

El drama de un pueblo que llora la tragedia ambiental del río Cauca

“Nos mataron, con esto ya nos mataron”, dijo Simón con voz quebrada mientras recogía un pez muerto en la orilla del río Cauca, a la altura de Remolinos, un corregimiento de Puerto Valdivia, Antioquia.

Suspiró y apretó la mandíbula con impotencia, pero no lloró. Lanzó lejos el pescado, a los pies de Carlos, otro pescador, quien miró al animal muerto y ni se inmutó.

Ver miles de peces agonizando entre el lodo y las piedras del lecho del Cauca se volvió común desde la tarde del martes en este pequeño poblado, luego del cierre de emergencia de la compuerta 1 de Hidroituango cuando se detectaron nuevas fallas en la estructura.

La medida provocó que se interrumpiera totalmente el paso de agua entre la presa y el río, el cual tiene 900 kilómetros y es el segundo más importante del país, y comenzara a bajar drásticamente su nivel en cuestión de horas hasta convertirse en muchas zonas en un pequeño arroyo que se podía cruzar a pie.

La situación llegó a tal punto que EPM, empresa responsable de la hidroeléctrica, que se encuentra en emergencia desde hace nueve meses, reportó hasta el viernes la muerte de 64.758 peces y el rescate de 304.155.

Los pescadores no lo podían creer, el caudal del Cauca llegó a estar en un 20 % y bajó hasta cuatro metros su nivel. “Tengo 50 años y desde los 8 aprendí a pescar gracias a mi papá, que también fue pescador. Nunca había visto el río así, tan bajo. Nunca me había tocado recoger tanto pez muerto”, opinó Carlos mirando el agua cristalina que distaba del marrón característico del río, por el que fue apodado el ‘patrón mono’.

Ya los pescadores venían sufriendo las consecuencias del hecho de levantar en ese territorio la hidroeléctrica. Dicen que desde hace aproximadamente cinco años, la construcción de la vía entre Puerto Valdivia y la presa afectó sus viviendas y los obligó a dejar de trabajar.

Y el 12 de mayo del año pasado sufrieron las consecuencias de una creciente súbita cuando se destapó uno de los túneles de desviación del proyecto que se había taponado por un derrumbe. Esa vez, recuerdan, el pueblo casi fue arrasado por las aguas del Cauca, que se llevó el puente tradicional que llevaba 80 años inamovible.

Todo eso lo soportaron. Sin embargo, lo que les tocó presenciar esta semana fue lo peor para ellos. “El río es el que nos ha dado todo. Tengo dos hijos estudiando y saqué a mi familia adelante gracias al ‘mono’. Para nosotros el río es vida. Ahora se fue.

Pasamos de hacernos hasta un millón de pesos a no ganar nada porque la pesca murió”, expresó Carlos con angustia mientras caminaba por en medio del río, donde el agua apenas le llegaba a la mitad de las botas de caucho.

No eran los únicos. El desespero era notorio en los rostros del numeroso grupo de trabajadores a lo largo del Cauca, entre barequeros, mineros y areneros.

De acuerdo con Simón, cerca del 60 % de la población del corregimiento vive de esas actividades. “Nunca nos habíamos visto con un nivel tan alto de pobreza. Es indignante. Pero a nosotros no nos afectó el río, nos afectó el proyecto hidroeléctrico”, enfatizó el hombre.

“Lo primordial es salvaguardar la vida de las comunidades”. La frase se repite una y otra vez en los comunicados de prensa y en los discursos de los gestores del proyecto, pero las comunidades no les creen después de tantas afectaciones.

Luz Astrid Álvarez contó que tuvo que vender la casa de su madre “a precio de huevo” por las afectaciones cuando se construyó la vía hacia la presa. Luego fue sacada de su vivienda por estar en zona de riesgo desde la creciente el año pasado y ahora debe sufrir ante presuntos incumplimientos de EPM con los pagos.

“Ya lloramos lo que teníamos que llorar. Ahora solo queda resignación porque la verdad es que esta comunidad ya no aguanta más. No creemos que haya justicia por lo que ellos nos han hecho. Ahora solo creo en la justicia divina, y creo que esa sí llegará”, manifestó en medio de la indignación.

Ella y el grupo de habitantes de Puerto Valdivia reunido bajo el puente principal coinciden en que la única manera en la que habrá tranquilidad es que desmantelen la hidroeléctrica.

No les importa que el cierre de compuertas se haya logrado con éxito ni que el embalse llegue al nivel del vertedero y el caudal del Cauca recupere su nivel en los próximos días.

“El problema es de confianza. Es que no le creen a EPM. No le creemos porque han tenido demasiados incumplimientos y no se ha visto la reparación”, expresó el alcalde de Valdivia, Jonás Henao.

Lo irónico es que este municipio sigue siendo el más afectado por la contingencia, pero no forma parte de los 12 que están en el área de influencia y que recibirán millonarias regalías en caso de que este proyecto se salve.

Luis Pérez, gobernador de Antioquia, aseguró luego de un recorrido hecho por la zona que más de 60.000 personas estaban sin acueducto y sin el suministro de agua potable.

“Recibimos muchas quejas por parte de los alcaldes y las comunidades porque muchos pescadores y pescadoras no fueron tenidos en cuenta para las labores de rescate”, manifestó el gobernador.

Carlos y Simón están entre quienes no fueron tenidos en cuenta. “Nosotros conocemos al ‘mono’ mejor que nadie y pudimos ayudar haciendo rescate nocturno, cosa que no se hizo. Se hubieran salvado más peces”, puntualizó Simón mientras levantaba otro pez muerto.

Habrá consecuencias ambientales hasta por un año

Para Modesto Portilla Gamboa, profesor de Geociencias de la Universidad Nacional y especialista en evaluación de riesgos y prevención de desastres, el retorno a la normalidad del río Cauca –aunque los daños ya son irreversibles– tomará algunas semanas, lo que tendrá un impacto ambiental y social para las comunidades aledañas, especialmente las que viven de la pesca.

Para el experto, la recuperación de los niveles del río puede tomar hasta unos 40 días, pues la alternativa del uso de los vertederos solo será una solución parcial, más no total, y estas afectaciones se podrán ver hasta un año después de lo que ha ocurrido durante esta semana.

El impacto ambiental radica en que, por esta época del año, los peces viajan desde las ciénagas aguas arriba para el desove (cuando los peces y anfibios vierten los huevos y espermatozoides en su ambiente), antes de la temporada de lluvias.

“Eso no se verá ahora, pero dentro de un año los pescadores no tendrán trabajo porque no van a tener qué atrapar”, señala Portilla Gamboa.

Además de las especies afectadas, la agricultura también sufrirá las consecuencias de lo que ocurre hoy, pues cultivos de arroz en las vegas del río se afectarán dentro de unos seis meses.

“Eso no es todo, la obra está recostada sobre una cáscara de huevo, el macizo rocoso se encuentra fracturado y todo el peso del vertedero, que ahora empezó a funcionar, va a aumentar la presión sobre el proyecto. Los encargados de Hidroituango deberían contarle al país del riesgo que existe de que esto colapse”, sentenció.

 

El Tiempo

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