Un 7 de diciembre llegaron a Santo Domingo los animales y las plantas que trajo Colón

Un 7 de diciembre llegaron a Santo Domingo los animales y las plantas que trajo Colón

CRISTOBAL COLON FUE EL PRIMERO EN TRAER ANIMALES Infografía de Google Sites.

Los ascendientes del general andino Rafael Nogales Méndez se remontan hasta Cristóbal Colón, en cuyo cuarto viaje vino el capitán Diego Méndez. Contaba su descendiente venezolano que su pariente fue el primero en traer consigo unas enormes tijeras, con las que le cortó los cabellos largos a los asombrados indios. El asunto de ese primer corte de pelo en América, hecho a la europea por Diego Méndez con sus tijeras, es una conseja familiar que recogió el general Nogales Méndez.

En su segundo viaje, Colón trajo caballos, carneros, vacas y becerras, cabras, ovejas, gallinas y cuatro puercas. También trajo hortalizas, semillas de naranja, limones, melones y cidras. La flota anduvo navegando entre la cadena de islas que se extiende en semicírculo desde Trinidad hasta La Española. El capitán Diego Márquez se perdió con ocho hombres por haber desembarcado en Guadalupe (sin permiso del almirante). Durante las expediciones de socorro se hicieron sonar trompetas en los bosques hasta que los extraviados aparecieron. Este hecho, que se remonta a 1493, es históricamente cierto y revela que tal vez fue en esa ocasión cuando la trompeta se escuchó por vez primera en el Nuevo Mundo, si bien es muy probable que con ese instrumento tan sólo se tocaran notas sueltas, pues en semejantes circunstancias no se estaría como para tocar canciones. Eso, por supuesto, vino después, con la Conquista, cuando comenzaron a llegar españoles con diferentes instrumentos, como la vihuela y la gaita, de sonido monótono y disperso, por lo que, como la gaita escocesa que conocemos, siempre sonaba como si la estuvieran afinando.

A Caracas llegó la primera música europea con el gaitero Juan Suárez, con el posible acompañamiento de un tambor, si bien en la expedición de Diego de Losada también venían trompetas. Con esa gaita se tocaba la jota de Navarra, que al lado del fandango, es uno de los ritmos originarios del joropo venezolano; pero también se tocaba con laúdes y bandurrias, que poco a poco fueron sustituidos por la guitarra grande y chiquita (el cuatro) y, por supuesto, el arpa. No obstante, mientras que la gaita se mantuvo viva en Venezuela, que sería durante un período corto, ésta era tocada en solitario, sin ningún tipo de acompañamiento. Sin embargo, la jota castellana admitía el acompañamiento de instrumentos de cuerda, y ocasionalmente, hasta de castañuelas, lo cual fue lo que hermanó el ritmo de la jota con el del fandango, el cual era notorio que tocaban, bailaban y cantaban las caraqueñas de sociedad a fines de 1700, lo cual hacían acompañándose de castañuelas. Esta jota castellana, con su picaresca y gran sentido del humor, se prestaba para tocar canciones que recibían el nombre de coplas.

En su tercer viaje (1498), Colón navegaba casi errante hasta que se topó con Trinidad. Se dirigía hacia Dominica en desesperada busca de agua cuando uno de sus criados (Alonso Pérez) vio una isla con tres picos. Llenos de regocijo los marineros cantaron la salve, que solían entonar en sus tribulaciones y alegrías. Al acercarse una canoa con veinticinco aborígenes, Colón quiso atraerlos con baratijas, pero tal medio fracasó después de dos horas de infructuosos esfuerzos. Finalmente, a Colón se le ocurrió poner a bailar sobre el puente a varios grumetes, lo cual los indios interpretaron como una declaración de guerra que provocó una inmediata lluvia de flechas. Si bien algunas tribus ya tenían sus propios tambores, lo que acompañó esa danza de los marineros fue un tamboril, por lo que fue esa ocasión la primera en cual se escuchó un tambor europeo en América.

Desde la lejanía en Trinidad, Colón divisó tierra, que supuso una isla que bautizó Isla Santa la cual, más tarde tocó, resultando ser Venezuela, que llamó Tierra de Gracia. Luego, durante la Conquista, los misioneros franciscanos en tierra de los Cumanagotos (en Oriente) sembraron melones, que tal vez provenían de las primeras semillas que el Almirante había traído en su segundo viaje. Los melones se dieron estupendamente bien, pero entonces vino la tragedia. Las iguanas se aficionaron tanto a los melones que acabaron con el productivo sembradío.

Caracas tuvo sus primeros frutos a comienzos de 1600. El 30 de julio de 1603 Juan de Ponte solicitó al Cabildo de Santiago de León le concedieran unas tierras para levantar casa y sembrar huerta con arbolitos traídos de Canarias. Éstos debieron ser macetas con tallos de viña, durazno, naranjo y tal vez banano. El plátano había sido llevado a Santo Domingo en 1516, por fray Tomás Berlanga, impulsor de la agricultura en el Caribe, lo cual incluía el fomento del tomate; pero se le recuerda por el plátano, que en la isla recibió el nombre de “dominico”.

A Ponte le concedieron su terraplén y sembró las frutas (tal como el sastre Bermudo haría con sus rosas), pero, como los cambios en las reglas del juego nacieron con la ciudad, pocos años después de aprobársele el terreno para su casa y huerta, se lo quitaron por estar todo fundado sobre ejidos de la ciudad.

Otro caso similar se relaciona con el terrible gobernador Cañas y Merinos, quien jugaba carnaval y quien mandó a erradicar todos los frutos de la ciudad, entre 1713 y 1714, dejando a Caracas sin frutas para hacer jugos, lo cual los caraqueños sustituyeron por el guarapo de caña (que, fermentado, traía no pocos problemas).

Si entonces había música de regocijo en Caracas, fue Margarita, el pueblo musical donde hubo cantidades de poetas y canciones desde sus comienzos en 1525. Según Juan de Castellanos (1422-1607), en 1541, cuando todavía la riqueza de las perlas permitía bailes y fiestas: Corre mano veloz el instrumento/con un ingenioso contrapunto/estremeciéndose los corazones/con nuevos villancicos y canciones.

En la Caracas de los primeros tiempos había música para diferentes ocasiones, pero sobre todo la relacionada con asuntos religiosos; pero de la emergente popular se aprovechaban todos… incluyendo los curas. En 1579 se presentaron quejas sobre Fray Pedro de Ágreda, el segundo obispo de Caracas. El buen pastor fue acusado de encerrarse con cinco frailes más a bailar con cinco o seis mujeres. ¿Y qué bailaban? Pues bailaban la escandalosa chacona, danza diabólica del Caribe, que rebotó de España, sobre la cual asegura un romance: No hay fraile recogido/ni monja tan religiosa/que en oyende aqueste son/no deje sus santas horas. El mismo romance habla de cómo se condujeron Ágreda y sus cofrades: Y bailó más de una hora/alborotando la casa/cocinas, salas y alcobas/todas las cosas contentas/bailaron seis horas.

Ese baile de la chacona fue tratado por los escritores de entonces. Cervantes la llamó “Indiana amulatada” y Quevedo, “chacona mulata”. Sobre ese claro origen, en El amante agradecido escribió Lope de Vega: Vida bonna, vida bonna/esta vieja es la Chacona/de las Indias a Sevilla/ha venido por la posta.

Lo de los curas bonchones, como Fray Ágreda y sus amigos, tendía a repetirse, como en el caso del moderno Padre Borges. Pero más atrás, en 1808, causó una gran conmoción la denuncia formulada en contra de un grupo de frailes dominicos del Convento de San Jacinto, por haber participado en escándalos con mujeres de la mala vida. De las averiguaciones abiertas resultaron culpables tres frailes, cuyos nombres fueron conocidos. La denuncia iba a hacerse ante el Prior, Fray Antonio Pérez, pero fue imposible por hallarse él mismo involucrado en el escándalo.

Lo peor de todo es que dichos monjes aparecían como santos durante el día, pero de noche salían a parrandear. Los frailes descarriados frecuentaban la casa de unas mujeres pardas en compañía de Fray Felipe Mora, quien tenía el contacto con las bandidonas. El gobernador del Arzobispado don Salvador de Moxó, pasó el caso al Provincial, pero hasta allí llegó todo; además, la reciente conjura en pro de la Independencia, que había provocado disturbios políticos y no pocos dolores de cabeza a la autoridad, ayudó a que el asunto fuera tapado. Pero la música y el bonche continuaron.
Tomado del portal http://lahemerotecaluisrrondon.over-blog.com

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