Hoy se cumplen 50 años de cuando el japonés Paul Takeshi Fuji abandonó, bravo, la pelea contra Nicolino Locche porque no podía pegarle

Hoy se cumplen 50 años de cuando el japonés Paul Takeshi Fuji abandonó bravo la pelea contra Nicolino Locche porque no podía pegarle (Video)

Nicolino Locche

El púbgil argentino Nicolino Locche le dio un paseo al japonés Paul Fuji. Foto: Archivo

La noche de gloria la vivió Nicolino Locche, el Intocable, el 12 de diciembre de 1968 en Tokio, Japón, cuando obtuvo el título de campeón del mundo de la categoría welter junior, tras vencer en nueve rounds a Paul Takeshi Fuji, quien abandonó frustrado por no poder pegarle al argentino, convirtiéndose en el tercer campeón mundial argentino.

Nicolino había nacido en 1939 y el boxeo fue su pasión desde chico.

Su eterno romance con el Luna Park duró toda la década del 60 y principios de los 70, cuando peleó por los títulos argentinos y sus defensas del título mundial welter juniors.

 

 

“El Intocable” Nicolino Locche comenzó temprano su carrera

 

 

Por sus extraordinarios reflejos y habilidad para esquivar los golpes de su rival desplegando un inacabable repertorio de bloqueos y quiebres de cintura, Nicolino Locche fue apodado “El Intocable”.

De muy chico comenzó una larga carrera de aficionado en la que sumaría 122 peleas, con sólo 5 derrotas.

En 1958 debutó como profesional y en 1961 ganó el título argentino de los livianos.

Luego obtuvo el título sudamericano y comenzó a ganarse el apoyo del público, que llenaba el estadio Luna Park cada vez que él peleaba.

Pasó a la categoría welter junior, en la que también obtuvo campeonatos argentino y sudamericano.

Como campeón del mundo hizo cinco defensas del título y en su carrera realizó un total de 135 combates, con 117 triunfos, 14 empates y 4 derrotas.

Para llegar a ese galardón tuvo que viajar a la lejanísima Japón para enfrentarse al campeón, el haitiano Paul Takeshi Fuji, el 12 de diciembre de 1968, noche histórica en la que Nicolino brindó una exhibición en la que enloqueció a su rival con sus amagues, sus fintas y una izquierda disfrazada de látigo.

El ring se asemejó a las arenas donde un toro embravecido era humillado por el matador.

Uno, la fuerza, la enjundia; el otro, el talento y la inteligencia para pegar y no dejarse castigar, para transformar un deporte eminentemente violento en un espectáculo basado en el engaño y la picardía.

Fuji no sale al décimo round y el sueño se cumple: nuevo monarca, de la mano de su amigo y entrenador, Francisco Paco Bermúdez y el siempre presente Tito Lectoure.

El país se estremece por la hazaña, Mendoza delira con un hijo que pone su nombre en consideración del planeta.

«Fue la exhibición del más grande boxeador extranjero que jamás hayamos visto en un ring japonés. Un verdadero sensei», dijo un comentarista nipón sobre aquella proeza.

Es que siempre fue difícil, más en aquella época, ser torazo en rodeo ajeno.

Después se suceden las defensas en Buenas Aires y la reconfirmación de la leyenda.

Locche ya es el intocable en todo el planeta y los porteños se rinden ante los guiños, saludos y sonrisas que el campeón dispensa a la multitud en medio de las rounds.

Cinco noches en el Luna para defender su título y siempre el mismo resultado: vencedor por decisión de los jurados, su cara casi intacta y los rivales con ganas de pegarle a algo.

Son clásicas sus poses agazapado o girando la cintura contra las cuerdas para sentir el aire silbando junto a su rostro.

Son risueñas las anécdotas que dicen que fumaba un cigarrillo o dormía una siesta minutos antes de sus combates.

En marzo de 1972 pierde su título, también por puntos, en Panamá frente a Alfonso Fraser.

Tampoco puede recuperarlo un año después ante el venezolano Antonio Cervantes.

El declive es evidente y su maravillosa carrera termina en Bariloche con un triunfo en 1976 ante el chileno Ricardo Molina Ortiz.

Era fiaca, nada voluntario, para entrenar.

Y a pesar de los desvelos de Don Paco, era un fumador compulsivo.

Recuerdo que antes de salir hacia el Kuramae Sumo, el estadio donde Nicolino le ganó el Campeonato del Mundo a Paul Fujii, ya listos y con el auto esperándonos, no lo encontrábamos por ningún lado.

Fueron Beto Massara, un amigo que lo siguió a todas partes y Juan Aguilar, su sparring, a buscarlo.

Estaba en el baño del lobby del hotel Akasaka Prince… fumando.

Y en el vestuario, a menos de media hora para subir al ring, mientras todos cargábamos el tremendo stress de la pelea, su resultado y sus consecuencias, pues para muchos era una locura que fuera a pelear por el titulo a otro país, había un hombre durmiendo en la camilla, al borde del ronquido: él.

Su pelea con Fujii -12 de diciembre de 1968– fue una obra de arte.

Quienes no la vieron, deberían hacerlo.

Un Locche pleno que demostró que, entrenado, podía hacer todo lo que quisiera sobre el ring: boxear como lo hacía en Buenos Aires o pelear como se imponía ante un Campeonato del Mundo.

No ganó mucho dinero.

Por pelear en Japón cobró 5.000 dolares de bolsa y 1.500 dolares por los derechos de la televisión que pagó la bodega Peñaflor. Obviamente, en diferido, pues aún no había satélite.

La lata que traíamos con Cacho Fontana, paradigma de la locución argentina y locutor de la transmisión radial, recién pudo exhibirse cuatro días más tarde, en El Mundo del Espectáculo por el 13, conducido por Héctor Larrea y Ricardo Arias para la ocasión.

Vivió y disfrutó.

Más grande aún, permitió que muchos argentinos disfrutaran de su magia singular. Tenía razón Chico Novarro con su canción “Un sábado más”.

En una cuarteta dice refiriéndose a un sábado en Buenos Aires: “Total esta noche, minga de yirar/ si hoy pelea Locche en el Luna Park…”.(Cherquis Bialo-Infobae)

Y Nicolino Locche se fue ganando y deslumbrando con su esquive magico de “Chaplin” de los rings.

Noticia al Día

Fuente: www.lagazeta.com.ar

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