De Interés: aprender a escuchar (María Elena Araujo Torres)

De Interés: aprender a escuchar (María Elena Araujo Torres)


Nada ganamos con evadir la realidad cuando es contraproducente. La realidad es todo aquello que ocurre alrededor agradable o desagradable. Solemos apegarnos a las circunstancias que nos generan placer, como es natural, sin embargo cuando la situación genera malestar usualmente la reacción inmediata es alejarse, evadirla. Otras personas en cambio –a pesar del desagrado- suelen asumir frontalmente el caso.
Por supuesto, dependiendo del tipo de situación es que estas personas asumen. Algunos tratan de calmarse para encontrar las posibles repuestas que generen una solución o alternativa que les permita alivianar las consecuencias de lo ocurrido. Otros pueden generar respuestas inmediatas, dependiendo del estrés al que estén acostumbrados a manejar en su vida cotidiana. Y otros responden con agresividad ante la impotencia de creerse imposibilitados de poder resolver o alivianar lo que ocurre.
Estas actitudes se asumen desde los casos cotidianos hasta los más complejos. A veces un desacuerdo familiar, laboral, académico, religioso, puede generar problemas difíciles de resolver si no se busca el acuerdo mutuo producto de escucharse de verdad, todas las partes, evitando la agresividad y entendiendo que nadie tiene la verdad absoluta. Usualmente cada quien defiende su posición sin considerar que existen puntos de coincidencia para generar un acuerdo. A veces el ego, el querer tener la razón, resquebraja relaciones que tan solo con saber escucharse pueden llegar a resolverse en buenos términos para las partes.
Un experto en análisis de la conducta humana escribió: “Querer tener razón es la enfermedad crónica de la humanidad, seguramente una de las causas que han enfrentado más a las personas, las naciones y las religiones organizadas del planeta. La posesión de las personas por sus propias ideas es siempre una causa de sufrimiento. El problema ha sido buscar la solución a nuestras diferencias tratando de cambiar a los demás antes que examinar la causa real de los conflictos”.
Ante esta realidad nos preguntamos si verdaderamente vale la pena anteponer la razón a la felicidad, o mejor dicho a creer tener la razón aunque la insistencia sobre ello resulte en el resquebrajamiento de las relaciones interpersonales
Usualmente se comprueba que insistir en querer imponer nuestras razones y opiniones a los demás trae consecuencias negativas para las relaciones de amistad, familiares, etcétera. Es posible que logremos desautorizar las ideas de otra persona, pero finalmente tendremos una razón más y un amigo menos, una pareja valiosa menos, por ejemplo. Al preguntarnos si estos resultados valen la pena, la respuesta es no. Querer imponer siempre nuestra aparente verdad consume una gran cantidad de energía y tiempo que impide disfrutar de las relaciones humanas y de la paz mental que genera. Es imperativo aprender a ceder, acordar, concertar.
Evadir tampoco sirve, dura poco y lo peor es, como quien consume licor para olvidar un problema, al alcanzar nuevamente la sobriedad las dificultades siguen allí y posiblemente con mayores dimensiones. Es menester tener la valentía de enfrentar aunque tengamos las emociones o sentimientos más contrariados sobre el caso.
Escuchar con interés a las personas es vital para concertar resoluciones a cualquier problema que exista. Escuchar aunque lo que manifiesten esté en contra de la propia opinión. Es necesario el respeto y la aceptación para ser escuchados también. De no recibir el mismo respeto entonces es mejor asumir que no es el momento para resolver algún conflicto en común y buscar otros espacios, otras formas de realizar los planteamientos.
Lo importante es tratar de entender que existen distintas versiones de la realidad. En vez de molestarnos podemos intentar entender los motivos de las otras personas, aceptar que existen diversas formas de ver las cosas, que cada quien habla según su propia perspectiva, desde su ángulo o apreciación. Por lo general cuando pasa el tiempo es cuando entendemos que perdimos mucho tiempo (y valga la redundancia) en conflictos inútiles que nos generaron malestares evitables. Vale la pena buscar resolverlos, por nuestra paz y en consecuencia por la paz de todos.
María Elena Araujo Torres

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