¡Conmovedor! La humilde Navidad de un ABUELO OLVIDADO y esperanzado en un autolavado de Maracaibo (+fotos)

¡Conmovedor! La humilde Navidad de un ABUELO OLVIDADO y esperanzado en un autolavado de Maracaibo (+fotos)

 

Abuelo olvidado. Miguel Díaz, tiene 61 años; ama los animales y su fiel acompañante es una perrita llamada Inocencia pero le dice “Chencha” para que le haga caso. Lleva más de cinco años viviendo en un autolavado, en Maracaibo; cree firmemente en Dios y valora las pruebas que se le han presentado en la vida porque lo hacen un hombre más fuerte y vencedor.

“Soy vigilante de este lugar y tengo mi cama a la vista pública, porque no tengo una vivienda propia. Cuando cierro mis ojos imagino tocar las nubes para estar más cerca de mi Padre Celestial. Vivía anteriormente en el sector Cerros de Marín, pero en este autolavado me permitieron quedarme a dormir y me dieron trabajo”, afirma Díaz.

Sigue narrando su historia: “Hace tres años sufrí un accidente; me atropelló un carro y quedé sin poder caminar por un periodo de un año, porque se me partió una pierna. Me tocó curarme por obra de Dios, no tenía para operarme. Mis remedios con sábila fueron aliviando el dolor y poco a poco pude recuperarme.

En el humilde espacio que ocupa Don Miguel dentro del autolavado, se observa una planta “Enredadera”, con una peculiar decoración con sentido abstracto. Además existe una pared azul que, a su juicio, refleja la esperanza de tocar las nubes.  En su humilde alcoba hay una cama en la equina más visible del estacionamiento, acompañada de una sábana sucia y una toalla oscura, su almohada hundida; cajas con ropa vieja y una gorra rosa encima.

Pero eso no es todo, la habitación improvisada en este lugar también se encuentra adornada de billetes del viejo cono monetario, con piezas de 500 y 50 mil bolívares; un zapato de un infante con un frasco de perfume vacío, un CD, nuestra bandera tricolor y la Navidad que no puede faltar con una manualidad que ilustra la cara de Santa. Estos son solo algunos de los objetos que hacen el ambiente en la esquina del autolavado con olor a hogar.

 

“Mi día a día”

–Me levanto a las 5 de la mañana para leer la Biblia o cualquier lectura espiritual. Soy una persona que cree que Dios lo puede todo; mi fe se ha mantenido intacta durante estos años y siempre le digo a los que me han ayudado que deben tener confianza en Dios.

“No quiero darle mala vida a mi familia”

–Durante muchos años he vivido en la calle y hubo un momento de mi vida, donde una granja que ayuda a los drogadictos me acogió y pasé algunos meses ahí, pero no aguanté mucho y me vine al sitio de siempre. Mi familia vive en el Sur del Lago “Coloncito”, pero no ve de mí.

“Mi cocina”

–Mi humilde cocina es un fogón de troncos de madera pegados a una pared de un terreno abandonado. Tengo una sola ollita, única para todo. En la mañana a eso de las seis, preparo la comida del día. Soy amante de la tradicional arepa con mantequilla, huevo y queso que como cuando me alcanza el dinero o me regalan los ingredientes.

El inspirador Miguel tiene sembradas matas de auyama, frijoles, yuca, plátano, cebolla en rama en plena vía pública donde está el autolavado, esperando en un futuro recoger alguna de las cosechas para comer y poder sobrevivir ya que el dinero que gana no es suficiente para las tres comidas del día.

El hombre luchador no ha pasado por buenas circunstancias, sin embargo valora mucho su vida y encuentra en cualquier lectura su atención, dejando en el olvido lo negativo que lo rodea. En algunas ocasiones las personas se apiadan de su situación y le colaboran con un plato de comida y hasta medicinas para él y su única familia: “Chencha”.

 

Con la historia del señor del autolavado, las personas debemos reflexionar sobre el individualismo, ya que pocas veces vemos lo que existe a nuestro alrededor, somos vigilantes de nuestros intereses y nos convertimos en nave de olvido para los semejantes.

Miguel “El Vigilante”, mira su futuro con la esperanza de tener un hogar digno, donde pueda albergar los frutos positivos de haber nacido en este mundo, añorando las virtudes y espiritualidad que lo complementan. El inmenso valor de Dios es su refugio, y el avanzado caminar lo hacen aceptar los designios divinos con una sonrisa en su rostro y una mirada brillante.

“No pido nada, con solo tener vida y salud se me hace suficiente la sintonía que tiene el pasar del tiempo. Estoy seguro que mi amanecer será distinto algún día y podré tener el verdadero hogar que nunca tuve. Como no tuve seres queridos a quien hacerle falta, quiero lo mejor para mi Chencha que ha sido mi perrita de compañía en mi vida”.

El positivo viejito, a pocos le abre su corazón. En su interior tiene un baúl de recuerdos que no desea desempolvar, porque ensucian sus pensamientos actuales. Prefiere olvidar lo malo y aferrarse al momento que viene.

 

Johsue Morales

Fotos: Mysol Fuentes

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