¿Mafias en las fallidas transacciones bancarias? (Alberto Morán)

¿Mafias en las fallidas transacciones bancarias? (Alberto Morán)

Alberto Morán

 

Ya son muchos los que han quedado con la olla de agua montada en la hornilla; encienden la cocina para ir un momentico a comprar la comida y regresan con las manos vacías, porque aparte de que el salario se volvió polvo, a esta precaria situación se añaden ahora las ya comunes transacciones bancarias fallidas.

No son pocos los que he visto en el abasto o el supermercado con una “lágrima en la garganta” como dice la canción, o con la faringe bien clara echando maldiciones sin poder comprar el almuerzo o la cena.

Como saben los tantos que han sufrido esa irregularidad, se da el caso en el cual los usuarios pasan la tarjeta, el cliente generalmente recibe el “golpe” en el celular que informa del débito en un mensajito de texto, sin embargo, en el recibo que suministra el equipo del establecimiento, se registra la transacción fallida.

Y son muy pocos -si es que hay-, los venezolanos de a pie que en esta crisis tienen recursos de más en sus cuentas, que les permita volver a pasar la tarjeta e insistir en la compra. De cualquier forma, los afectados se ven en la obligación de acudir a la entidad financiera implicada en el caso, para formular la respectiva denuncia.

A veces, cuando las cantidades son pequeñas, devuelven la plata en unas horas, pero esto no ocurre siempre y la gente tiene que trasladarse al banco. En otros casos, los clientes sencillamente dejan perder su dinero.

A mí me ocurrió con mi tarjeta del Banco Occidental de Descuento en una venta de repuestos automotrices, y después de calarme la terrible espera de rigor para denunciar, me regresaron el dinero en unos 30 días hábiles; me volvió a suceder con esta misma institución en una clínica pagando una consulta médica, y resolví no reclamar la plata. Salía más barato que perder tantas horas de mi tempo. A Joaquín Sabina le dieron la una, las dos y las tres y dormido al anochecer lo sorprendió la luna, pero estaba con una hembra; la espera en un banco –viendo pasar de primero los clientes consentidos que llegan de último- es un hastío y un desespero casi de suicidio.

Siempre imaginé que las transacciones fallidas se originaban debido a las irregularidades en el servicio eléctrico y en internet, hasta que vi una delicada denuncia en las redes sociales en contra del Banco de Venezuela que me hicieron pensar, y que recojo con la intención o la esperanza de que se investigue.

De acuerdo con la denuncia, en Caracas, al parecer hay una mafia femenina enquistada en una de las entidades del BDV, que retardan a propósito la devolución del dinero de las operaciones frustradas, con la velada intención de apoderarse de la plata y prestarla bajo cuerda a terceras personas. Después, se embolsillan los intereses y se la regresan a los afectados cuando ya han transcurrido dos o tres meses.

Aparte de que allí se configura un delito evidente -si es que esa denuncia es veraz, por supuesto-, la plata la devuelven devaluada; sabemos que en este país el dinero se deprecia minuto a minuto.

Por tal razón, esta situación se debería averiguar; en estas circunstancias, nada asombra en Venezuela, además, pensando en el asunto, llama la atención la queja permanente de tantas transacciones fallidas y ninguna autoridad bancaria da una explicación al respecto. Ni de alto, ni de medio ni bajo rango.

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