La familia Quintero de El Tránsito: Vidas con la soldadura del amor

La familia Quintero de El Tránsito: Vidas con la soldadura del amor

Familia Quintero Meza. Foto: José López

Periodistas caminantes II

La lupa de Noticiaaldía.com

calle a calle

En la calle principal del sector El Tránsito, en el Casco Central de la ciudad de Maracaibo, el hogar y taller de la familia Quintero Meza, ha sido el pilar de todos sus miembros durante 20 años.

En la infraestructura pintada de verde y con letras blancas donde se lee “Taller de Soldaduras Especiales Henry Quintero”, la señora Emilce Meza recibió con una gran sonrisa a todo el equipo de Noticia al Día, el cual acudió a sus instalaciones para conocer la historia de un hogar que ha sufrido cambios para adaptar el taller de soldadura de su esposo Henry Quintero, de quien ella y sus tres hijos se sienten orgullosos.

En medio de una sala pequeña con muebles negros y retratos colgados en las paredes, donde dos de ellos plasman el recuerdo de la graduación de Henry José Quintero, hijo menor del matrimonio, abogado y gerente del negocio, comenzó el relato de la historia de esta familia.

Tras unas tazas de café, dulces caseros y sonrisas, Henry Quintero hijo, rememoró el antaño de su familia, expresando que su padre es oriundo del sector los Haticos y su madre es colombiana. “Mamá llegó a Caracas con mi abuela, de ahí todos los hermanos comenzaron a irse a otros estados del país. Cuando mamá decide venirse a Maracaibo, trabajó vendiendo empanadas y ropa. El lugar quedaba diagonal a la empresa Tameca, un taller mecánico donde papá trabajó durante 35 años. Era ayudante de José Quintero, mi abuelo”, expresó.

Luego de una breve sonrisa Henry recordó cómo comenzó el amor de sus padres. “Es una anécdota muy graciosa, mamá le dio dos empanadas a papá que él nunca le pagó. En medio de esa deuda comenzó su amor y se enamoraron”, confesó.

Durante su estadía en el taller mecánico el señor Quintero se especializó en la soldadura y a sus 40 años decide tener su propio negocio. “Cuando mis padres se unen llegan a esta casa y al momento de alquilarla hablan con la dueña y le explican que eran dos familias las que querían mudarse, se hizo la división y se convirtió en dos, una sola casa”, dijo. Tras la mudanza el señor Quintero consigue sus primeras máquinas. “Los jefes de Tameca eran compadres de mi abuelo, él logró sacar para mi papá máquinas, utensilios y herramientas”, recordó.

Tras la renuncia de su padre al taller, los dueños no le dieron ninguna liquidación. “Decidieron darle una maquina Jobar, la cual fue la primera en el negocio”.  El 21 de julio de 1999 el taller de Henry Quintero abrió sus puertas. “Hasta la fecha hemos acumulado 60 años de experiencia y ya tenemos 20 años con nuestro negocio”.

Confesó que la casa ha sufrido innumerables remodelaciones. “Antes teníamos la mitad de la casa como taller, el espacio que quedaba era donde vivíamos. Dormíamos todos juntos en un solo cuarto”, recordó. Asimismo, comentó que en diciembre del año pasado cerró su bufet de abogado y decidió tomar las riendas del negocio. “Mi padre me confesó que ya no quería seguir trabajando. Todas las remodelaciones que tiene la casa las hice yo. La decisión la tomamos luego de sufrir hace cinco meses un robo dentro en nuestro hogar, hicimos la división del local con la casa”.

Por otro lado, Henry resaltó el ingenio que su padre tuvo al crear el local. “Papá sin poseer ningún tipo de estudios, tuvo una visión emprendedora en el momento indicado, como pudo logró establecerse en un mercado que no tenía tanta relevancia para aquel entonces. El taller de mi padre fue el primero en esta calle que luego se convirtió en la popular de los talleres de soldadura”, afirmó.

Henry recordó que desde pequeño apoyó a su padre dentro del negocio. “Cuando tenía 14 años comencé a trabajar con papá como ayudante, ese fue mi primer contacto con lo laboral. Al tiempo decidí que quería estudiar. Mi sueño era ser funcionario de carrera, para ese entonces existía en Caracas la Iupol, donde daban la licenciatura en Ciencias Policiales, tras su cierre, mi hermano mayor me inscribió en la URBE para estudiar derecho”, dijo. Tiempo después de recibir su licenciatura Henry hizo una maestría en Derecho Mercantil y actualmente realiza el doctorado en Ciencias Gerenciales.

Luego de un suspiro el experto en leyes confesó “el taller para mi es el mismo sentimiento que tiene Lorenzo Mendoza por Empresas Polar”, dijo en medio de carcajadas y continuó: “Este negocio no es solo una empresa, es una familia. El taller nos ha dado todo, a mi hermano le dio su licenciatura en Enfermería, a mi hermana le dio su carrera en Ciencias Políticas al igual que a mí de abogado. Me dio mi futuro, me ha dado las bases para mantener a mi familia. Hemos crecido como hogar, profesionales y espiritualmente. Nos ha dado todo”.

Finalmente, Henry aseguró sentirse orgulloso del trabajo de sus padres. “Entre mis compañeros de la universidad hay médicos, patólogos, odontólogos e ingenieros y a veces de forma jocosa me dicen que yo lo que soy es un soldador, pero yo les digo sí, soy un soldador, pero una de las cosas que me decía papá era que si yo elegía ser el que barriera en un banco no importaba, lo que importaba es que fuera el mejor barredor de todos porque si yo soy el mejor para ellos, lo seré para todos. Yo les he dicho que vengo de una familia soldadora, pero somos los mejores”.

Durante las etapas de su vida Henry ha recordado las dos palabras que su padre siempre le dijo: disciplina y calidad. “Hoy en día la disciplina es la primordial en todas mis facetas de vida y la llevo conmigo desde que me levanto. El día que estás cansado o fatigado, la disciplina es lo que hace que tengas la fuerza de seguir y continuar, esa fortaleza te da una calidad que te va a diferenciar como persona, organización y familia. Yo siempre lo prolongo como una fe y mis padres también”.

 

Ivanovy Bracho
Fotos: José López
Noticia al Día

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