Vílchez: 35 años del oro panamericano (+Video)

Vílchez: 35 años del oro panamericano (+Video)

La reñida final en Caracas ante el dominicano Pedro Nolasco le valió al cabimero ser el único medallista dorado del boxeo venezolano en los IX Juegos Panamericanos de 1983

Faltaban pocos segundos para el fin del tercero y último round (de eso hace hoy 35 años) y nadie se atrevía a dar un ganador. Todo parecía supeditarse a un golpe contundente que inclinara la balanza. Pero ese impacto nunca llegó y entonces la incertidumbre creció más. ¿Quién merecía el triunfo: Manuel Vílchez o Pedro Nolasco?.

Desde luego que en Caracas, donde se disputaba el oro panamericano de 1983 en el peso gallo, la mayoría del público se decantaba por el muchacho venezolano, aunque entre los expertos diferían los criterios. El dominicano, como en sus combates previos a la final, había desplegado su boxeo de riposta sin perder la serenidad. Vílchez, en cambio, hizo despliegue de su fogosidad y carisma. Y justamente, ambas propuestas boxísticas alcanzaron su máxima temperatura en el asalto de cierre. El zuliano y el nacido en La Romana pusieron al público de pie. En las postrimerías, Vílchez, más agresivo, pegó un upper de derecha al rostro y cruzó con su izquierda a la cabeza. Nolasco, respondió con ganchos de izquierda y derecha neta a la cara de Vílchez, quien tomó distancia para volver con su largo jab izquierdo al rostro y un gancho de diestra que se perdió en el vacío tras juego de cintura de Nolasco. Vílchez lo sigue, Nolasco acierta con derecha al rostro, Vílchez vuelve a fallar pero pega su jab y justo al filo del campanazo final acierta al rostro con tibia derecha. La tensión y la angustia, ese huésped inevitable de las competencias cerradas, se instaló en la parte baja de los espectadores, ahí en el estómago, por donde los nervios prefieren depositarse. Y entonces se anunció el ganador: “por decisión 3-2 en la esquina roja, de Venezuela, Manuel Vílchez”. Este alzó su puño izquierdo y lo soltó al aire en inequívoca señal de triunfo, en tanto Nolasco se agachaba en clara muestra de rechazo al veredicto. ¿Quién debió ganar? ´Sin que me quede nada por dentro´ – frase acuñada por el extinto comentarista Carlitos González- creo que cualquiera de los dos merecía la victoria, y si en el boxeo amateur existiera el empate como en el profesional, todo el mundo hubiera estado satisfecho. Creo, y tal vez peque de fanatismo, que los jueces se decidieron a favor de Vílchez por su mayor disposición al triunfo, por su insistencia en llevar la pelea. Pero también creo -y aquí me despojo del sentir localista- que ante la disyuntiva de decidirse por uno de los dos, el jurado recurrió al viejo y cuestionado criterio de optar por el púgil anfitrión. De todas formas y como se le mire, nadie le puede quitar ni un milímetro a la gloria de Manuel porque se dio íntegro y se la jugó con ese corazón que no supo de cobardía. Y no solo eso, Vílchez fue el único peleador criollo en lograr la gema áurea, además de ser premiado como el boxeador más técnico del certamen panamericano, por si quedaban algunas dudas de su capacidad sobre el cuadrilátero. Se trata pues, de un oro legítimo, ganado a pulso. Un brillo puro que puede acariciar en sus noches de desvelo. Como aquella en Cabimas donde los coterráneos cerraron su calle del sector Las Delicias para festejar la rutilante actuación del ídolo, quien orgulloso me muestra una fotografía que sería la envidia de un candidato electoral: cientos de personas, algunas subidas en un balancín petrolero, le aclamaban una y otra vez. Con ese `pergamino dorado, todo parecía señalar que el cabimense alcanzaría una medalla en las Olimpiadas de Los Ángeles 84, donde subió al ring estadounidense como favorito ante el ugandés John Siryakibbe… ¡y perdió! La decisión fue dividida 3-2 y ya el sueño se vio truncado. Todo lo contrario le pasó a su archirival Pedro Nolasco que, al vencer por nocaut al coreano Sung Kil Moon, logró la presea de bronce y se convirtió en el primer dominicano en darle una medalla olímpica a su país. Tanto Vílchez como Nolasco saltaron al profesional con la suerte esquiva. El venezolano, invicto con once triunfos consecutivos, le disputa el título mundial supergallo al estadounidense Louis Espinosa en 1987; pero no pudo mantener la ventaja a los puntos al sucumbir en el 15to.asalto, más por cansancio que por los golpes del campeón. “Las piernas no me daban… fui el último venezolano en pelear a 15 rounds porque después las peleas por el campeonato mundial se limitaron a 12 rounds”, observa el ex pugilista. A su vez, el quisqueyano dirimió la corona vacante de los plumas (versión OMB) frente a su verdugo plateado de Los Ángeles 84, el italiano Maurizio Stecca, y la historia tampoco cambió: perdió por KOT (nocaut técnico) en el sexto tramo en 1989. Vílchez terminó su carrera en el tinglado pagado con foja de 24 laureles (15 de ellos por nocaut) y 9 derrotas (3 por KOT). Nolasco registró apenas 5 triunfos (un solo fuera de combate) y 6 reveses (5 nocaut en contra).
Manuel Vílchez vive de forma modesta en una casa cerca del hogar de su mamá, en la misma calle de la ovación, en la misma calle que le vio crecer. Trabaja en el registro municipal y de allí parte al gimnasio a verter sus conocimientos de boxeo para las nuevas generaciones. Como la inmensa mayoría de los boxeadores no le bastó la fama para lograr fortuna material, pero al menos tiene en su recuerdo una hazaña que contar, un hito de qué asirse. Como pocos hombres. Y pienso que, pese a todo, es un afortunado, al menos si se compara con el propio Pedro Nolasco, que encontró la mayor adversidad de todas: fue muerto el 15 de septiembre de 1995 de un disparo delincuencial mientras robaban en su casa. Apenas había alcanzado la edad de Cristo: 33 años… Ya lo había dicho Borges -ese impenitente de las letras vuelve a mí- en el relato La busca de Averroes: “el destino atropellando a los hombres como un camello ciego”.

Erinson Piñero
Periodista

 

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