Los complejos Edipo y Electra ¿los conoces?

Los complejos Edipo y Electra ¿los conoces?

Durante la infancia es muy común que existan relaciones afectivas muy estrechas entre madre e hijo o padre e hija, donde cada uno visualiza a su progenitor como lo mejor de su vida. Sin embargo, durante el desarrollo de estos vínculos se pueden generar los complejos de Edipo y Electra, que consisten en la admiración y atracción amorosa a los padres.

Estos complejos son conocidos en la sociedad principalmente por las leyendas griegas que cuentan la historia de ambos personajes, sin embargo, de estas mismas historias nacen los nombres de unos complicados desórdenes, a nivel inconsciente, que muchas veces desarrollan las personas. Aunque es un tema que parece estar bastante usado, la realidad es que siempre hay quién busca información acerca de estos complejos que todavía siguen dando que hablar.

Sigmund Freud, fue el primero en tratar este tema a nivel psicoanalítico, quien aseguró que todo se trata de una representación inconsciente a través de la que se expresa el deseo sexual o amoroso del niño hacia su madre o de la niña hacia su padre, y que el problema radica cuando ese sentimiento se mantiene con el pasar de los años, confundiendo al joven que entra en la adolescencia, y creando sentimientos que pocas veces puede controlar sin resultados negativos y dando espacio a estos complejos.

EL COMPLEJO DE EDIPO

Se trata de un conjunto de emociones y sentimientos que experimenta el niño, caracterizados por la presencia simultánea y ambivalente de deseos amorosos y hostiles hacia la madre. Este sentimiento, que muchas veces es a nivel inconsciente, provoca en la persona que lo padece, un sinnúmero de inseguridades, dudas y miedos.

Asimismo, no es más que aquel en el que el niño es atraído hacia la madre y siente animadversión hacia el padre. La rivalidad es el factor clave que determina la relación entre el padre e hijo y en ocasiones el sentimiento es bilateral, si el progenitor tiende a ser autoritario o demasiado estricto, mientras la madre es amorosa y apegada. De aquí, nace la idea del pequeño de idealizar a su madre y expresar su deseo de casarse con ella, además de evitar que el padre tenga contacto cariñoso hacia la madre.

Por otro lado, el psiquiatra, Naim Bawarshi, explicó que es un proceso psicológico que ocurre en la tercera de las 5 etapas del desarrollo psicosexual que ocurre entre los 3 y 7 años de vida del niño, y agregó que “este complejo se resuelve en el niño buscando parecerse cada vez más a su padre, por lo tanto, imitando las conductas del padre y la niña de su madre.

También mencionó que cuando esto ocurre el niño alrededor de los 3 años se pone posesivo con su madre y la niña coquetea con su padre buscando su aprobación, para lo cual utiliza a su madre como modelo. Esto se llama identificación con el padre o identificación con la madre. Si no ocurre la identificación del niño con su padre, por ejemplo, si el padre es muy frío, distante o conflictivo, el menor no buscará parecerse a él.

 

Complejo Edipo

 

EL COMPLEJO DE ELECTRA 

Tiende a ser muy común en la relación padre e hija; se trata de la fijación afectiva o enamoramiento hacia el padre, que puede generar hasta una situación de rivalidad con la madre. Y es que para la niña, su progenitor es el objeto de toda atracción, y no sueña más que con una sola cosa, conquistarlo y “casarse con él”. Esta relación se construye de amor, ternura y admiración. A su vez, el padre ayuda a su hija a adquirir y desarrollar una feminidad con las palabras y las atenciones que tiene hacia ella.

A pesar de ser el equivalente del anterior, las diferencias se basan en el cambio de la zona erógena y del objeto erótico. Este complejo si no llega resolverse puede llevar a la futura mujer adulta a la incapacidad de enamorarse y de tener intimidad con otra persona, siendo lo más probable que lleve a la persona a buscar relaciones con personas que se ajusten a la personalidad del padre.

El gran problema aparece cuando estos rasgos de personalidad no se ajustan a las necesidades afectivas y emocionales de la mujer ya que, por una parte, tiene idealizada la figura del padre y, por otra, es una persona adulta con un carácter y personalidad propios que no tienen por qué ser compatibles con los rasgos de su progenitor.

 

Complejo Electra

 

Según Freud y Carl Jung, los complejos de Edipo y Electra son etapas normales que ocurren en la infancia. En los dos casos, estos complejos describen los sentimientos inocentes de los niños y niñas hacia los padres de sexo opuesto y los sentimientos hostiles que aparecen hacia el padre o la madre, según el caso.

De esta manera, Freud asegura que  la “causa” de estos complejos, es el desarrollo de una relación muy estrecha con el padre del sexo opuesto, sin que estos establezcan límites claros. Mientras que el psicólogo Andrés Maturana, afirmó que ambos casos son normales como parte del desarrollo y maduración, pero que si permanecen fijados en el tiempo, más allá de la niñez,  se consideran anormales.

“Hoy en día, la psicología cuestiona un poco la existencia de estos complejos, pero sí reconoce que hay un periodo en la vida en que los niños van a competir con el progenitor del mismo sexo. Hay que recurrir al especialista cuando al crecer se mantiene el sentimiento, sobre todo en la sexualidad”, agregó Maturana.

 

 

De esta manera, si a este niño o niña se le permitiera que tales relaciones con los padres continuaran, pasado el tiempo, se sentirían sexualmente ligados a la madre o al padre y sería más difícil superar el complejo. No obstante, en la mayoría de los casos esto no ocurre, porque los niños aprenden a reprimir de forma inconsciente sus deseos eróticos hacia la madre y las niñas hacia su padre, al momento de relacionándose con sus pares fuera del hogar.

Sin embargo, pasados los años, este enamoramiento de los hijos hacia sus padres se va diluyendo en el tiempo, y se inicia la preadolescencia, donde las hormonas hacen su trabajo,  pero ¿qué pasa si el sentimiento no se va?, ¿qué pasa si esa sensación de  placer y confort se mantiene en la adolescencia y adultez?

Si lo pensamos así, cualquier tipo de vínculo afectivo podría generar confusión en la persona. Lo importante es manejarlo a tiempo, pues naturalmente si persiste no solo la vida emocional se verá perjudicada, sino también la vida sexual. A pesar de esto, la permanencia de estos sentimientos y la aparición del deseo sexual a nivel inconsciente pueden generar un grave problema en la edad adulta de ese niño o niña.

 

Maurimar Ferrer/Pasante

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