De Interés: nada es cómo parece (María Elena Araujo Torres)

De Interés: nada es cómo parece (María Elena Araujo Torres)

María Elena Araujo Torres

Insistimos, las apariencias engañan. Usualmente nos jactamos de conocer a la gente por los gestos, acciones. Sin embargo, parece que mientras más creemos conocer al prójimo parece que estamos más alejados de la realidad, de la verdadera personalidad de la gente.
La cuestión es que creemos que la gente es buena, mala, odiosa, agradable, etcétera, sin analizar el hecho de que usualmente somos el resultado de las circunstancias. Es poco probable que alguien tenga un modelo o personalidad rígida que permita ser definida de determinada manera.
Suele pasar que una persona nos desagrade tan solo con su presencia, y cuando tenemos la oportunidad de compartir espacios con ella, entonces solemos cambiar de opinión, o bien consolidar el concepto preconcebido que teníamos. Sin embargo, ambos casos no son determinantes.
Sabemos la importancia de la formación de valores desde el seno familiar. Estas bases sirven al individuo a lo largo de la vida para asumir determinadas posiciones ante cualquier escenario que le corresponda vivir, pero los estados emocionales muchas veces rompen con estos conocimientos que permiten mantener actitudes consideradas como correctas para compartir cualquier espacio donde coexistan otros individuos, ya sean académicos, laborales, religiosos, en fin, donde se compartan espacios con personas de cualquier género, edad, o, ideología, por mencionar algunas características.
Se conocen casos de gente sumamente equilibrada emocionalmente que pierde los estribos frente a quienes puedan adversarle ante sus puntos de vista, sean estos de cualquier índole. También de gente conocida como vulgar o poco afectiva que puede ser sublime ante situaciones que afecten su fibra de bondad, de compasión.
El mejor ejemplo lo tenemos en nosotros mismos. Si hacemos una retrospectiva honesta respecto a nuestra conducta, comportamiento, inclinaciones emocionales, desde que tenemos uso de razón, podríamos sorprendernos. Qué sentíamos y hacíamos ante determinada situación, de niños, adolescentes, jóvenes, adultos. Seguramente encontraremos considerables diferencias entre una y otra, en casos hasta posiciones radicalmente opuestas. Muchos podrían decir que siempre han mantenido una posición ante determinadas circunstancias pero esta rigidez es poco probable si tomamos en cuenta la dinámica y transformación constante de las circunstancias.
Por eso es buena idea evitar etiquetar a la gente, así como seguramente otros nos etiquetan. Nadie es negro o blanco. Existen múltiples tonalidades, diversas características forman parte de las personas. A veces, por costumbre, hábito, comodidad o terquedad, resaltan más algunas conductas, pero éstas no determinan la sumatoria del individuo, su personalidad verdadera.
También resalta el hecho de que etiquetamos a las personas por la ropa, calzados, aspecto físico. Desde niños muchos aprendimos que debemos mantener la higiene, incluido el baño, cepillado de dientes, peinarnos, razón por la cual cuando encontramos gente que muestra lo contrario también le colocamos una etiqueta, usualmente sin pensar siquiera las situaciones que llevan a algunas personas a descuidar estos aspectos en determinados momentos de sus vidas y que nada tienen que ver con sus virtudes y defectos.
Creemos saber a quienes les simpatizamos y a quienes no, pero eso solamente lo sabe la misma gente que nos rodea. Puede que nos muestren simpatía porque las circunstancias así lo requieren pero realmente sientan rechazo por nosotros, o bien, quienes parecen alejados pero nos sorprenden con gestos y acciones gratas que nunca esperamos de ellos.
Es saludable entonces intentar reconocer al prójimo como si fuéramos nosotros mismos, tratando de entender que verdaderamente las apariencias engañan, incluso que muchas veces lo que creemos ver no es cómo creemos. Es poco fácil tratar de manejar esta situación emocionalmente, pero es saludable, sobre todo si nuestra intención es buscar el amor y la paz.
María Elena Araujo Torres

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