¿Y la luz pa’ cuándo? Un bajón más y me tiro del puente...dicen los maracuchos arr...

¿Y la luz pa’ cuándo? Un bajón más y me tiro del puente…dicen los maracuchos arr…

Llega el fin de semana y anhelo descansar. Mi bolígrafo guarda la tinta y reposa junto a la libreta, el reloj apunta las 7:30 de la mañana y mi sueño sufre la abrupta interrupción: una falla eléctrica destroza la comodidad. “Apaguen los aires, apaguen todo”, escucho a gritos desde la cocina, mi madre llama a la desesperación. Así es mi domingo, me “desayuno” con un bajón.

Me levanto obligada… Voy a la cocina, abro la nevera,  a la que tanto mi madre le reza porque en los últimos meses ha sufrido los avatares continuos y ya esperados, me sirvo un vaso con agua y resulta que está caliente —es que ni tiempo da que el agüita se enfríe y que el dulcito se mantenga—

Ante esta fiebre mundialista me siento frente al televisor a ver cualquier programa especial que resuma cómo van los partidos y ¡ZAS! Se va la señal por cable —esto sucede cuando las casas aledañas al conjunto residencial donde vivo se les va la luz— y así suele pasar toda la semana por más de dos o tres horas en cualquier momento del día.

El entretenimiento ya ni resulta, no me da chance de ver algo completo, es desesperante y agobiante hasta poner a cargar el celular y ni pensar en secarme el cabello, todo un tormento eléctrico se vuelve en cada bajón que se asoma cada 10 ó 20 minutos.

Razón tenía: 10:00 de la mañana, seis bajones seguidos, la brequera hace un esfuerzo de mantenerse, los bombillos se ponen a reventar y otra vez comienza la travesía de correr por todo el apartamento como si fuera una carrera de obstáculos, llevándome todo a mi paso, dándome golpes en los brazos y en las piernas para poder apagar los artefactos eléctricos.

Con este descontrol decidimos no estar encendiendo las cosas para evitar que se dañen o quemen —ya bastante tuvimos con pagar hace poco 80 millones para arreglar la nevera — abrimos las ventanas de la sala y los baños para que el aire y el poco fresquito circule por la casa.

Mi madre, mi morocho y yo deambulamos por la casa. ¿Qué más se puede hacer sin cable, sin internet y sin Cantv? A eso de las 12:00 del mediodía llega el cable y nos disponemos almorzar ¿ADIVINEN QUÉ? Llega nuestra dosis: se nos fue la luz por tres o cuatro horas o más y desde el piso 10 del apartamento escucho los gritos, la algarabía y las tertulias de los vecinos, algunos quejándose de este malestar incómodo y desesperante, mientras que otros no pierden el tiempo para poner música a todo volumen que se escucha desde sus carros y que hasta calor da.

Transcurren las horas, voy de la sala al comedor y del comedor a la cocina. En la espera que desespera porque el calor se hace sentir, me tomo un café dicen en mi tierrita amada que eso apacigua el calorcito, me asomo a la ventana con ganas de echarme una “zorrita” —dormir— pero no sopla nada, ni las cortinas se mueven y las moscas queriéndome llevar en peso.

No sé ya ni cuantas horas han pasado, pero a estas alturas siento que la vida se me consume; necesito avanzar en mis trabajos pendientes, escribir, leer, crear algo. Mientras  espero que un alma piadosa se acuerde que en Sabaneta no hay luz y se acuerde de subir el  breque.

El calor se intensifica cada vez más, se le suma el sudor pegajoso y abrumador, los moquitos y los zancudos haciendo de las suyas, si tienen servido de primera mano su plato fuerte y favorito: MI CARNE, expuesta con poca ropa porque en serio ese dicho famoso de Maracaibo “la tierra del sol amada” se cumple. AQUÍ LO QUE HAY SOL Y CALOR PAREJO.

En este suplicio interminable llegan las 9:00 de la noche y con ella siete bajones seguidos. Yo juraba que estaba en mi día libre, pero no. Comienza nuevamente este, mi ahora ciclo de vida inagotable, incansable parece un cuento sin fin, mi ¡pan nuestro de cada día! A las 12:35 de la madrugada mi pesadilla se hizo realidad: se fue la luz. Traté de hacer caso omiso para no perder el sueño y así aprovechar el frío del cuarto pero eso duró muy poco. A la 1:30 am empecé a sentir calor y los zancudos que en las sombras se veían gigantes empezaron a zumbarme en los oídos, poco a poco me fui quitando las sábanas porque sentía calor, me movía de un lado al otro de la cama en búsqueda del viento pero nada no encontré alivio.

Los zancudos empezaron a picarme en las piernas, brazos, cara, espalda y la picazón me empezó a desesperar tanto que me tuve que levantar a meter las piernas en un pote con agua fría que tenemos en el baño para apaciguar el calor y la comezón. Pasaron las famosas 4 horas de los cortes programados y la tan inesperada y famosa luz llegó a mi casa a las 5:33 am.

Es agobiante y desalentador porque entro a trabajar a las 8:00 de la mañana y tengo que levantarme a las 6:00 am, logré cerrar los ojos solo 55 minutos, estoy cansada, obstinada y harta de vivir en zozobra, en incertidumbre de pensar que me acostaré y me  despertará un incendio que pueda ocurrir por culpa de un bajón.

¿De quién es la culpa, quiénes son los culpables, quién soluciona este gran problema? Me pregunto todos los días.

Noticia al Día 

Francys Medrano

Diseño: Jairo García 

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