De Interés: vivir en función de halagos o criticas (María Elena Araujo Torres)

De Interés: vivir en función de halagos o criticas (María Elena Araujo Torres)


Entre los apegos más poderosos que tenemos la mayoría de las personas están las sensaciones o emociones que nos provocan los halagos o críticas de otra gente. Solemos sentirnos orgullosos cuando alaban nuestro proceder, acción o trabajo. Pero si somos criticados entonces podemos molestarnos, entristecer o desmoralizarnos.
Es poco probable que se acepten estas premisas porque usualmente creemos tener controladas nuestras emociones, pero no es así. Las emociones son difíciles de manejar aunque parezca que sí. Permanecer inmutable ante críticas o halagos pareciera que nos permite mantener el control. Asumir gestos neutrales puede ser manejado por quienes practiquen con frecuencia pero por lo general “las apariencias engañan” y “la procesión se lleva por dentro”.
Hay a quienes poco les importa mostrar abiertamente sus emociones y estallan de alegría, de rabia o dolor, de acuerdo a la situación que en determinado momento le corresponda vivir. En este grupo se incluyen quienes dicen no importarles lo que piensen los demás, a menos que esas otras personas representen un interés determinado para su propio beneficio.
En todo caso, parece que es importante aprender a mantener cierto equilibrio emocional ante los eventos del día a día, en especial por razones de salud, por respeto al prójimo, por respeto a sí mismo. El orgullo podría ser un mal compañero porque incluye, aunque no se reconozca, prepotencia y sentido de superioridad. La alegría desbordada puede afectar la salud, la tristeza descontrolada provocar bajones emocionales también dañinos. Y el dolor, ni se diga. Nadie nunca nos enseña a manejar estas emociones a priori. Recibimos opiniones o consejos usualmente cuando estamos sobre el estado emocional que nos puede invadir sin medida cuando vivimos las experiencias o situaciones que las causan.
El caso es que si nos tomamos la molestia de buscar caminos que nos permitan aprehender a resolver o asumir la forma más equilibrada de posibles impactos emocionales, tendremos las herramientas necesarias para practicar y manejar más saludablemente nuestras reacciones emocionales cuando sea menester, con el propósito de evitar los dañinos subibajas. Se dice fácil pero requiere practica continua, constante y en cualquier plano, si de verdad consideramos importante tener alcances de salud mental.
Leí en un portal que las personas con alta inteligencia emocional se caracterizan por tener una personalidad firme y no tomarse demasiado a pecho los comentarios ajenos. No se llevan las amenazas a lo personal y saben diferenciar entre hechos y opiniones. Diferencian las críticas constructivas de las críticas que sólo pretenden hundirlos y saben alejarse de comentarios despectivos que sólo traen destrucción. Saben distinguir entre los ataques y cómo reaccionan ante esos ataques y deciden hacerlo de la forma menos dolorosa para ellos mismos.
Vivir una vida tranquila, equilibrada, no es difícil si buscamos y aplicamos las herramientas que nos permitan saber cómo hacerlo. Tendríamos que empezar por reconocer nuestras usuales emociones y la forma como las desplegamos, para poder gestionarlas, canalizarlas de la forma más adecuada y practicar constantemente para vivir mejor, como quisiéramos y en lo posible que nos permita tomar las riendas de nuestra vida.
María Elena Araujo Torres

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