El Nissan Máxima y los ex amigos (Josué Carrillo)

El Nissan Máxima y los ex amigos (Josué Carrillo)

Dedicado a mi hijo, Josué Daniel que se me fue como todos se están yendo. Dios te cuide mi Gallito.

Nunca he sido codicioso. Creo estar vacunado contra la envidia también, sobretodo, esa dañina a la que temía como al mismo demonio, Diomedes Díaz. Soy amigo leal. Creo en la amistad. Aquí empiezo a llevar dos temas: 1-. Iba por la 78 a pasos lentos, el morralito de las medicinas y el del vianda terciados al hombro, eran como las 5 y 40, un Nissan Máxima blanco se detuvo frente a mí. ¡Cuanta belleza tiene ese auto! Confieso haber sentido codicia por primera vez en mi vida. Lo vi imponente, como una nave espacial, sus luces como ojos de mujer. Eso debió pasar en la mente de mi viejo cuando se topó con el Buick 58 una tarde arenosa en mis 14 años. 2-. Bajé a fumar en Montielco. En el lugar de siempre. Al lado de lo que fue la taquilla del cine 5 de Julio donde, sin tener la edad, vi El exorcista. En el pasillo a quien creí amigo. Me saluda a la distancia con esa seña que hacen los pilotos de Fórmula 1. Me acerqué a darle la mano, un abrazo afectuoso. Quien fue mi amigo siguió conversando por el celular “no te prometo nada”, dijo y, dio un pasito hacia atrás, tal vez unos 67 centímetros, suficientes para quedar fuera del más mínimo de mis afectos. La vida seguirá, nunca necesitaré de él, 67 centímetros alejan dos mundos, el suyo lleno de ambiciones y causas perdidas… el mío con ilusiones tan tontas como dibujar en mi mente, antes de dormir, el Nissan Máxima en el cual viajaran mis sueños.
Josué Carrillo

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