"No conozco cambios políticos que se hayan logrado por ausencia"

“No conozco cambios políticos que se hayan logrado por ausencia”

Para el sociólogo y experto en medición de opinión pública, José Antonio Gil Yepes, la realidad política venezolana está arrojando perspectivas que deben ser analizadas con detenimiento. Una de ellas refiere a lo que califica como un “nuevo culto al abstencionismo que ha surgido y que no ofrece un horizonte claro”.

Es directo al afirmar: “No conozco cambios políticos que se hayan logrado por ausencia, por no hacer nada. Sé de muy pocos cambios inducidos desde afuera, pero al contrario, lo que sí se conoce son los cambios inducidos por grupos organizados y comprometidos; partidos bien articulados; alianzas entre partidos y sociedad civil, que han logrado cambios”.

Afirma que hoy por hoy el país requiere “una alternativa organizada y fuerte” para poder sustentar cambios, de llegar a producirse. “Esta fuerza interna hoy no existe. Se está profundizando la desarticulación de la oposición”, advierte.

-¿El rol del Frente Amplio no es articular a partidos con sectores de la sociedad?

-Se entiende como algo necesario, porque representa la necesidad de coordinar estrategias entre los sectores democráticos que no apoyan al Gobierno, para ganarle la elección y luego hacer un Gobierno pluralista. Esta gran alianza ha debido ser implementada hace años, algo más incluyente que la Mesa de la Unidad.

Agrega que el Frente Amplio “nació en una situación muy apremiante y sin tiempo para consolidarse, dado el poco tiempo antes de la fecha electoral. Allí los grupos de la sociedad civil tuvieron la voz cantante, pero luego los partidos decidieron tomar el control, en vez de ayudar a integrarlo”.

Según esta perspectiva, “eso ha desacelerado” las acciones del Frente. “Han podido concentrar su atención en tres cosas: exigir a los partidos de oposición que eligieran un candidato a finales del 2017 o principios de año para inducir la articulación de la oposición; formular un discurso de consenso; exigir condiciones electorales justas; y apuntalar la vigilancia de los votos en las mesas electorales”.

Considera que el Frente se concentró “en las condiciones y no tomó posición sobre participar o no participar en la elecciones”. Ahora, amplía, “no sabemos si va o no a llamar a votar y parece inclinado a seguir insistiendo en las condiciones, que no se van a dar, y, así y todo, con un potencial de voto en contra del Gobierno, votar sin todas las condiciones es sólo un riesgo calculado que debería asumirse”.

-¿Cómo ve el escenario luego del 20 de mayo?

-Observo dos escenarios principales en función de que gane Nicolás Maduro o Henri Falcón. Sobre Maduro: Ya cuenta con sus votantes, pero eso no le asegura el triunfo. El reto que él ve, ciegamente, es disminuir a Falcón. Para ello tiene simplemente que aupar la abstención y hasta aliarse con algunos promotores del abstencionismo. Sobre Falcón: cuenta con un potencial de votos grande que se reduce por la abstención y porque no tiene quien le defienda esos votos en las mesas. Esto se debe al abstencionismo de la mayoría de los partidos opositores, cuya maquinaria sería muy significativa para contarle los voto.

Explica sobre estos escenarios que “el discurso agresivo de los abtencionistas no partidistas; y un discurso propio de Falcón que hasta ahora no ha tenido nada que impacte significativamente al electorado” también tiene peso en esos escenarios.

Así, explica que Falcón “podría elevar su potencial de votos si se decidiera a hablar claro a favor de una propuesta que promueva la inversión privada con más y mejores empleos”.

Recuerda que desde Falcón se han propuesto medidas como “una tarjeta en dólares a cada venezolano” o “dolarizar la economía y los salarios”, sobre lo cual indica que propuestas de este tipo, mal explicadas caen “en el terreno del populismo y del socialismo, y ese territorio es propiedad del oficialismo”.

Es directo al afirmar que “con propuestas más populistas, Falcón no puede posicionarse como una oferta diferente y, si no se diferencia, no construye marca ni atrae a los votantes que todavía necesita”.

Tiempo de diferenciarse

Para Gil Yepes, Falcón necesita “un discurso que llame las cosas por su nombre: Abastecimiento, bajar la inflación y subir el empleo y los sueldos, en función de la promoción de la confianza, inversión y producción de la empresa privada; privatización de las empresas del Estado quebradas y devolución de las propiedades expropiadas o confiscadas a sus legítimos dueños”.

Agrega que es clave que plantee “recuperar la producción petrolera, para lo cual necesitamos empresas mixtas con mayoría accionaria privada nacional o extranjera en todas las operaciones de Pdvsa y filiales.

Cuidado en el camino

El sociólogo advierte de un grupo de peso que tiene capacidad de inclinar los escenarios políticos en el país.

Se trata de los abstencionistas opositores, quienes “cuentan con el potencial para quitarle el triunfo a Falcón, y así le regalan el triunfo a Maduro. Esta es la principal y más limpia estrategia desde el Gobierno para ganar. El reto de los abstencionista sería tener un “Plan B”, que no tienen”, explica.

-¿Plan B abstencionista?

-Un Plan B de los abstencionistas tendría que asegurarles  que, después de que Maduro les gane, porque no fueron a votar, tendrían la suficiente fuerza para obligarlo a renunciar. Hipotéticamente, esa fuerza podría tener varios orígenes: Tendrían que movilizar a los partidos, grupos de la sociedad civil para unirse e implantar una estrategia de calle que obliguen a Maduro a renunciar. Pero ¿porqué no lo hicieron antes de la debacle que se les puede venir encima?

La otra fuente “de un Plan B de los abstencionistas sería apostarle a una movilización militar. Pero el Gobierno tiene bien amarrado a ese sector y en el supuesto negado de que esa presión ocurriera, nadie que logra el poder lo reparte”, destaca Gil Yepes.

Desde el Gobierno

Considera Gil Yepes que “si Maduro hoy le pica el ojo a la empresa privada”, buena parte del país productivo iría a Miraflores para ponerse “a hacer lo que la recuperación del país necesita”. Pero recomienda al Gobierno no llamar a “los monólogos de las Mesas de Trabajo”.

 

El Universal

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