Aborto espontáneo: PERDER un pedazo de la vida misma

Aborto espontáneo: PERDER un pedazo de la vida misma

Ilustración: Mayurbis Iguarán Pasante/Lcdo. Jairo García

Cuando se desprende del vientre de la madre una pequeña semillita, una mujer pierde un pedazo de su vida. Siente un profundo dolor al recordar que ese ser tan pequeñito, que estaba ahí, dentro de ella ya no seguirá creciendo.

La vida de esa mujer que desea ser mamá, se desmorona y se vuelve todo más difícil, las ilusiones y todo el amor que tenía guardado para su bebé se esfuman por el gran dolor de esa pérdida.

Entre la búsqueda de un bebé, semanas y meses de intentos, pidiéndole a Dios la dicha de acunar en el vientre un ser maravilloso, nunca se puede entender la razón de una pérdida. Un hijo no es desechable, no se puede cambiar por otro.

Todas las pérdidas, duelen, pero la de un hijo es la que más duele. Los hombres también sufren, pero quien lo lleva dentro siente ese dolor físico, y emocional que poco a poco desgarra su alma.

Al sentir un sangrado y un dolor intenso, una mujer está en peligro de decirle adiós a esa vida que lleva en su vientre. Al ver la sangre en el suelo, acompañada de retorcijones, sabe que esta puede ser la causa posible de un aborto no provocado. En este momento la tristeza empieza a invadir su vida.

Asimismo, no existe nada que pueda sacar de esa profunda aflicción a esa mujer que llevaba la ilusión en su corazón de ser mamá. El dolor nos hace sentir perdidas y abatidas, guardamos luto muy dentro, por ese pequeño ser que estaba lleno de vida, el que no pudo continuar latiendo su corazón.

El dolor, la angustia, los nervios y esa mezcla de emociones son terribles, se sienten y no se pueden ocultar. Aunque son procesos que duelen, es necesario entender que no es culpa de la madre la causa de este aborto involuntario, aunque venga mal desde el principio, y para los médicos solo sea un “feto”, para una madre ya será un bebé que con su luz iluminará su vida.

Tenga el tiempo que sea en el vientre de una madre, el dolor en nuestra alma será el mismo, “tenerlo poco tiempo”, no es una razón para sufrir menos, igual se sufre, se llora. Aunque muchas personas presten el apoyo y digan frases como “tendrás otro bebé” “todo estará bien”, igual es una situación terrible, ya que los hijos no son reemplazables.

De esta manera, en este tipo de situaciones, nadie sabe tratar a quien pierde su bebé. Es difícil encontrar a una persona que entienda por lo que pasas, y aunque nuestra pareja esté con nosotras en ese momento, no encontramos respuesta y preferimos estar solas.

¿El tiempo cura las heridas de las madres que pierden un bebé?, Pues no, no las cura; las heridas de quien pierde un bebé nunca sanan, solo dejan de doler un poco menos que al principio, y esa mujer tenga los años que tenga, siempre recordará a ese ser pequeñito del que no pudo seguir latiendo su corazón.

No se sabe realmente el dolor que se siente perder a alguien, solo se sabe cuando amas a una persona más que a ti mismo, y ese dolor lo siente una madre, porque desde el vientre, cuando ha buscado un bebé, siente más amor por esa vida que hay en su vientre que por sí misma.

Carlis Corpas/Pasante
Ilustración: Mayurbis Iguarán Pasante/Lcdo. Jairo García
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