De interés: reconocernos (María Araujo)

Ante cualquier situación contraproducente que se presente en el transcurso de las vivencias diarias, expertos en crecimiento personal y autosuperación, manifiestan que los efectos que puedan generar dependen de la actitud asumida.

Esto sería algo así como la recomendación de mantenerse positivo, sonriente ante el dolor, los problemas o dificultades personales de cualquier índole. Sugerencias abundan en las redes, libros al respecto se han escrito por cantidades, teoría existe abundantemente. Quienes ofrezcan recomendaciones se encuentran por todos lados, ya sea amigos, compañeros, conocidos y hasta esas personas con quienes nos cruzamos en los caminos cotidianos.

Al parecer es bastante fácil, sólo con la actitud podemos superar cualquier situación escabrosa. Pero habría que preguntarse si realmente es tan fácil como dicen, si esas personas que generan tan buenas recomendaciones primero lo practican en sus propias vidas y si realmente les ha resultado para poder sugerir a otros la practica en cuestión. La mayoría ofrece este tipo de sugerencias con la mejor intención, otros lo hacen para obtener dividendos producto de la charla que dictan o el libro que venden, por mencionar algún tipo de comercialización de su poder de convencimiento.
Como teoría es buena la propuesta. En la praxis depende de varios factores. Cómo vamos a pedir actitud positiva a quien esté atravesando pérdida o grave enfermedad de alguien cercano; a quien acabe de finiquitar dolorosamente una relación familiar en la que debe separarse de sus afectos más cercanos por las mismas circunstancias adversas; a quien pierda su trabajo -al que está acostumbrado- fuente donde genera recursos para el sustento familiar. Son infinidad de ejemplos a referir.

La cuestión va más allá. Más que asumir actitudes es reconocer las conductas que hemos aprendido a asumir desde que éramos niños ante los diferentes escenarios. Reconocer nuestros miedos (esos que aprendimos desde el vientre materno), nuestros apegos, precisamente nuestras actitudes ante las diversas circunstancias.
Reconocerlos y asumirlos sin querer culpar a otras personas de lo que somos, aunque seamos el resultado de todos con quienes interactuamos desde que empezamos a tener conciencia. En vez de recordar quién nos hizo qué o quién es culpable de que yo sea así, asumir que eso ya no es importante, lo importante es qué voy a hacer para deshacer el efecto de todas esas cargas que nos hacen difícil la vida.

Es algo así como ir botando la basura, limpiando información dañina para dar paso a la tranquilidad que merecemos y merecen quienes nos acompañen en esta ruta vital. Por ejemplo, más que perdonar, tratar de entender que recibimos información dañina de quienes indefensos lo recibieron a su vez o fueron víctimas de determinadas circunstancias. Eso fue lo que aprendieron y eso es lo que nos dieron, posiblemente sin siquiera estar conscientes de ello; desprenderse de los apegos sin dañarnos, tratando de asimilar que nada ni nadie nos pertenece. La gente, por mucho que la amemos, comparte nuestros espacios pero no es nuestra. Los hijos no son nuestros, los padres tampoco. Son nuestros más grandes afectos pero son seres individuales que pueden tomar decisiones en la que nos excluyan o se alejen físicamente de nosotros y eso forma parte de la vida, no por eso nos quieren menos o nos quitaran el oxígeno que necesitamos respirar. Las cuestiones materiales son más elementales aún, son circunstanciales, nos sirven para resolver algunas necesidades pero no son eternos. Eso, aunque cueste es importante entenderlo y asimilarlo para lograr -aunque sea en parte- distanciar el pernicioso apego.

Es una práctica diaria. Parece difícil, pero al ejercitarlo se hace cotidiano. Es entender las causas para limpiarnos de la información basura que nos genera tanto dolor por enfrentar erradamente las situaciones y comenzar a reaccionar sin generar daño: criticar sin asumir las circunstancias como personales. Cada quien anda haciendo lo que cree que es mejor. Pocos asumen que pueden hacer lo peor. Sin apuro, pero pendientes. Con la práctica, desde la conciencia, desde el corazón, poco a poco podemos ser y vivir mejor.

María Elena Araujo Torres

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