De Interés: esperar el futuro (María Araujo)

Es asombrosa la cantidad de personas que coinciden en mantener esperanzas de cambio o de alcanzar metas o aspiraciones en un estado del espacio tiempo que llamamos futuro. Mañana será mejor, el futuro está cerca, prepararnos para el mañana, etcétera, son algunas de las frases que repetimos una y otra vez ante la incertidumbre de alcanzar cuestiones que hoy se hicieron imposibles, inalcanzables. Así lo aprendimos desde que nacimos. Ya era un enunciado en el entorno.

Aprendimos que cuando las cosas salen distinto a cómo las hemos planeado o a cómo queríamos que ocurrieran, entonces hay que esperar el mañana para que así sea. Sin llegar a considerar siquiera los múltiples factores externos que influyen en los resultados de cualquier situación. La intervención de otras personas con sus intereses incluidos. Hasta los factores ambientales, a veces intempestivos y producto del factor sorpresa para la mayoría.

Además, es poco probable que las personas se detengan a analizar que cuando las cuestiones o asuntos se desvían por rumbos ajenos a los planificados, de alguna manera llevan intrínsecas lecciones o aprendizajes a asimilar, a veces de formas inesperadas, dolorosas o sorpresivas, que por su misma naturaleza desagradan, pero que al analizar en sus diversos ángulos -cuando se logra algo de calma- descubrimos situaciones que usualmente no entendemos o no asimilamos. Por ejemplo (y este ejemplo lo hemos usados varias veces), cuando alguien muy cercano pasa por momentos difíciles o cuando debemos despedir a algún familiar, usualmente nos concentramos en el dolor que nos causa el rompimiento del status quo o de la comodidad en que estábamos, pero que si nos detenemos a analizar los porqué más que los cómo, podríamos empezar a entender el aprendizaje a obtener para enfrentar, asimilar y avanzar.

Y si, es verdad, el futuro puede ser diferente, pero depende de nosotros mismos, de la forma en que sinceramente empecemos a asimilar el entorno. Si nos quejamos de siempre encontrar parejas problemáticas que nos hacen infelices, tendríamos que analizarnos para descubrir porque atraemos ese tipo de personas, porqué tenemos afinidad con ellos, porqué nos sentimos atraídos y hasta qué punto nos hacemos los ciegos ante los detalles que vislumbren la verdadera personalidad de ella o él. Y así ocurre con todo. Encontramos lo que buscamos aunque no seamos conscientes de ello. Y lo hacemos por la información, los sentimientos y las formas en que conceptualizamos todo lo exterior.

Solemos decir que habrá un nuevo amanecer para connotar mejores momentos y resultados favorables a nuestro gusto y comodidad. Esperar es la premisa, esperar el mañana mágico, diferente, esperanzador, sin entender muchas veces que el mañana puede ser igual o peor si actuamos de la misma manera, si asumimos las dificultades de la misma forma, sino cambiamos nosotros mismos, en la forma de pensar, de accionar, de sentir.

Si no lo hacemos los caminos seguirán siendo escabrosos. No es afuera, es adentro. Es con la óptica y el accionar personal que asumamos los eventos. De acuerdo a ello podremos hablar de un mañana, de un futuro diferente, promisorio, benévolo o favorable, porque todo nos afectará de acuerdo a la semilla que sembremos primero dentro de nosotros para poder cosechar frutos en lo externo.

María Elena Araujo Torres

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