Marta vive muerta

Marta vive muerta

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Tras una brutal paliza de quien fuera su pareja, la joven vive con daños cerebrales irreversibles. Foto cortesía de Txema Rodríguez.

No lo denunció antes y ahora no puede. Marta vive muerta desde hace dos años exactamente, cuando el hombre que la había enamorado la estranguló con el cable del cargador del móvil y golpeó con brutalidad su cabeza hasta romperla. Solo unos meses había vivido con él y cansada de los maltratos había decidido dejarlo. Él aguardó a que ella llegara del trabajo, le propició lesiones cerebrales irreversibles en una brutal paliza tras la cual se marchó convencido de que aquel cuerpo inerte sobre aquel enorme charco de sangre carecía de vida.

Y en cierta forma así fue: “Sus brazos quedaron agarrotados, un ojo abierto de modo permanente. Y no recuerda nada. No sabe qué cara tiene aquel hombre, aquel nadie que ahora está a la espera de juicio cuyo resultado siempre será injusto. Marta ya no sabe de su trabajo de enfermera, que también era su pasión, ni de sus amigos, ni de su querida perra Noa”, reseña Txema Rodríguez, experto en describir historias a partir de sus fotografías compartidas por El País de España.

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Su perra Noa ha ido varias veces a verla al hospital.

Marta ya no sabe quién es él hombre que la condenó y que ya había sido juzgado por violencia contra su pareja anterior. Si ella hubiera conocido la historia de Luis habría sabido que sería la próxima.

A veces su mirada se pierde en una nebulosa. Apunta lo que hace en un cuaderno. Poco a poco. Dice su padre que cuando despertó del coma era como un bebé recién nacido. Su voz brota tímida de la garganta dañada mientras repasa las fotografías pegadas en la puerta, las imágenes con las que lentamente reconstruye sus recuerdos. Marta sonriente, una joven hermosa y feliz. Marta con su bata de enfermera. Marta de niña. Marta en una fiesta. Marta abrazando a su perra. En otra vida.

En la puerta situada frente a su cama hay fotos de su infancia, de su familia y de su trabajo que le ayudan a reconstruir poco a poco el pasado. Su favorita está en la mesita de noche. Abrazada a su perra Noa, que ha ido varias veces a verla al hospital.

“Me sonríe mientras hablamos. Y quiero decirle que la empatía no basta, que la vida la quiere viva para algo. Ojalá me entienda un día. Que pudo más que aquel animal con complejo de inferioridad. Y que más allá, en su interior, está Marta la guerrera. Y quiero decirle que es poderosa, feroz e inmortal”, reflexiona Rodríguez.

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En la puerta situada frente a su cama hay fotos de su infancia, de su familia y de su trabajo que le ayudan a reconstruir poco a poco el pasado.

Maidolis Ramones Servet con información de El País de España

Fotos cortesía de Txema Rodríguez

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