Aquellas maestras de antes…

Aquellas maestras de antes…

Foto de Alírica Villegas de Perozo junto a sus colegas, todas maestras de antaño. Foto cortesía.

Cualquier profesión puede tener un límite de efecto, pero el maestro siempre, siempre trabaja para la eternidad. El tiempo cambia las cosas y hace tiempo los maestros también eran distintos. Al menos esto es lo que cuentan quienes llevan años ejerciendo la docencia, algunas hasta se han jubilado y recuerdan, sin ocultar la nostalgia, cómo han cambiado las cosas, desde aquellos tiempos en los que los maestros varones llevaban corbata y una falla podía hacer que les quitaran el título a las docentes hembras.

“Era una época difícil para trabajar siendo mujer. Usábamos uniforme. Recuerdo que faldas largas y los varones corbata. No había grandes instituciones educativas, había mucha carencia, pero también muchas ganas de estudiar. La gente estaba muy pendiente de uno, si eras maestra prácticamente tenías que ser perfecta. Recuerdo que una colega salió embarazada sin casarse y la obligaron a ir a matrimonio bajo amenaza de quitarle el título. Tener un hijo sin casarse no era cosa de maestras, había que cuidar muy bien la moral. Éramos maestra todo el tiempo y había que dar el ejemplo”, cuenta Carmen Julia Díaz, docente jubilada de 72 años.

Las maestras no solo cuidaban su reputación en pro de dar el ejemplo de los niños, también compartían su comida y a veces tomaban el rol de madres llegando a dar reglazos, pellizcos y jalones de oreja a los más tremendos.

María del Carmen Padilla de García, quien dedicó 43 de sus 72 años a la docencia.

María del Carmen Padilla de García, quien dedicó 43 de sus 72 años a la docencia.

«Imagínense, antes uno agarraba los cursos desde primer grado hasta sexto, los iba acompañando en cada año, ya prácticamente eran como tus hijos. Con autorización de los padres, uno a veces era fuerte. Yo los mandaba a un rincón, los dejaba con dos piedritas en la mano afuera cuando llegaban tarde, les colocaba tapitas de refresco en las rodillas. Parecerá cruel pero era la forma de corregir, yo era muy correcta. Y cómo me llena de satisfacción ver a esos alumnos grandes, padres de familia responsables, me los encuentro en todas partes y sus hijos me piden la bendición como si fueran mis nietos», indica María del Carmen Padilla de García, quien dedicó 43 de sus 72 años a la docencia.

Carmen Julia Díaz también recuerda esa época: “Las correcciones eran típicas. No había tantas leyes proteccionistas y entonces uno llegaba a tomarles cariño a los estudiantes como a sus propios hijos y con esa misma confianza los castigaba, con los mismos castigos de antes. Habían maestras que mandaban a los muchachos a una esquina sin hablar ni nada como castigo, o los mandaban a arrodillarse sobre unas chapitas boca arriba. Yo lo máximo que llegué a meter fue un pellizco”, recuerda Carmen Julia, entre risas.

María Padilla recibiendo un reconocimiento.

Pero María del Carmen considera que las correcciones eran la única forma de orientar la educación de unos «muchachos tan terribles», ahora cree que el sistema los está volviendo «flojos»: «Aunque los de antes no éramos licenciados había un mayor compromiso. Ahora llaman a los padre y que si está lloviendo no manden a los niños o los sueltan temprano porque es día de pago y tienen que ir a cobrar», señala Padilla.

Nora Matos de Gutiérrez suma más de una década dedicada a la enseñanza

Nora Matos de Gutiérrez tiene menos tiempo dando clases, pero los suficientes como para reafirmar que los años de antes no son los mismos que los de ahora. Hace 16 años comenzó la titánica tarea de formar a los niños. “Cambian las cosas, cambian las políticas, de pronto te dicen que ya no se hacen dictados, a los años te vuelven a decir que sí. Cambian los términos. Han sido muchas modificaciones en estos 16 años. Los maestros seguimos teniendo el deber de dar el ejemplo, pero no es lo mismo que antes. Antes eran faldas, ahora también pueden ser pantalones, siempre ha sido manga larga la camisa, pero ahora algunas se la dejan pero se sueltan el escote, y ahí es donde yo añoro los tiempos de antes. Debemos tener una vida acorde con lo que enseñamos”, expresa.

Para Matos de Gutiérrez el desarrollo de la docencia en ocasiones termina limitando al docente por imponer unos derechos al niño que, a su juicio, perjudican la formación.

“Tú no puedes darle la razón a niños de 6, 7 y 8 años delante de un maestro. Hace un tiempo tuve un problema porque le quité un juguete a una niña, los juguetes no son para llevarlos a la escuela después que sales de pre-escolar. La representante se molestó y me llevó a Consejo Estudiantil porque y que yo había afectado los derechos de la niña. La dejé hablar y después hablé yo. A la escuela se va a aprender, no a jugar, hay tiempo para todo. Gracias a Dios que me dieron a razón porque mi intención en ningún momento fue hacerle daño a la niña”, cuenta.

Nora Matos junto a algunos de sus estudiantes de primaria

Alírica Villegas viuda de Perozo en sus años activa, hoy tiene 77 años.

Alírica Villegas viuda de Perozo, de 77 años, también añora los épocas doras de la docencia de antaño. “De las escuelas de antes extraño la mejor organización. Había una información más integral a pesar que había veces en las que las comunidades no colaboraban, había mucho respeto hacia los docentes y había más vocación de servicio que ahora”, opina.

Asegura que los maestros eran el reflejo ante los alumnas y las comunidades. “Existían los castigos físicos y algunos maestros los aplicaban. Después se incorporó la figura de los orientadores y estos intervenían a favor del niño. Era una época en la que el maestro era muy presionado por las comunidades”, dijo Villegas.

Reyes Petit de Sánchez, maestra jubilada de 70 años, no ha dejado de pensar un día que ser maestro es el mejor oficio, aunque no el más remunerado. Se siente orgullosa de ver a sus exalumnos y recibir un gran abrazo acompañado de la típica frase: «Mi mejor maestra, jamás la olvido». No hay ninguno de los otro reconocimiento que haya recibido en sus 30 años de labores más gratificante que este.

«La docencia es una noble profesión que debe ser ejercida con verdadera vocación de servicio pues tiene la misión de modelar seres humanos con amor y paciencia, y prepararlos para la vida. Algunas veces me llevaba a los alumnos a mi casa en mis horas libres para darles atención individual, ya que hubo momentos en los que tuve una matricula muy numerosa (mas de 40 alumnos) y era difícil, pero mis ganas de enseñar eran superiores. Aplicaba muchas técnicas para enseñar a leer, por ejemplo jugando algo como memoria pero con letras silabas. Cuando un alumno no estaba preparado era aplazado, era una época en la que se nos exigía calidad no cantidad. No estuve de acuerdo cuando la promoción fue por el 75% de asistencia (llegaron algunos a 3gdo sin saber leer)», explica Reyes.

Las maestras de antaño no pueden evitar asegurar que el sistema educativo de antes era mejor. Hay más oportunidades para el aluno y esto lo hace menos interesado. «Observo con preocupación que algunos padres van a los cyber o internet y solo buscan lo que le toca exponer a su representado, algunos pagan para que les hagan los trabajos, dibujos maquetas y todo. Lo que vemos en los cierres de proyectos todo muy bonito pero los niños no leen ni investigan en la mayoría de los casos. En mi familia mis hijos y yo ayudamos a nuestros muchachos pero a veces me da la impresión de que hacemos el trabajo q le corresponde al maestro. Si los padres colaboran es excelente pero es al maestro a quien le toca la tarea de enseñar. Tampoco estoy de acuerdo con la enorme cantidad de tareas asignadas para el hogar. El niño debe tener  tiempo para jugar y disfrutar. Lo he vivido con mis nietos haciendo  tareas hasta media noche: hace mas daño que beneficio», opina Reyes María.

Era una educación más primitiva, pero los docentes también recuerdan que esos alumnos «salían brillando». Veían clases más extensas, la ortografía era primordial y la caligrafía impecable. Recordar es vivir, dicen, y nadie que eche una ojeada al pasado puede dejar de suspirar: “Ah, aquellos maestros de antes”.

Maidolis Ramones Servet

Fotos: Cortesía

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