Joven sufre infarto con gol de Racing y luego es salvado por los paramédicos

Joven sufre infarto con gol de Racing y luego es salvado por los paramédicos

Noriega, junto a su hermano menor y su padre. Foto: Agencias

Noriega, junto a su hermano menor y su padre. Foto: Agencias

No solo de las malas noticias viven los diarios. Lo que sigue pasó el sábado último en Avellaneda.

Anteúltimo minuto del partido en el Cilindro en donde Racing padece un 2-3 que se le escurre entre los dedos apretados de sus erizados hinchas. Tigre se defiende a los zarpazos y sus jugadores miran con desconfianza al señor del silbato con remera canaria (Pablo Lunati) que no sopla, que no le baja la cortina al suplicio de aguantar a Racing, que tuerce la cancha hacia el arco de Javier García.

“¡La hora Lunati, terminaloooo!”, grita el DT visitante Pedro Troglio con la vena del cuello como un trozo de manguera roja a punto de explotar. Tiempo cumplido, grita el relator. Minuto de descuento, avisa el comentarista. Cerca del área enemiga, Milito recibe la pelota y encara. Junta a dos defensores y con un toque genial deja a Tito Noir solo frente a Javi García. La puntea Tito y es gol. Locura y desahogo en la tribu cilíndrica por el 3 a 3 definitivo. Entonces sí, el señor de la remera canaria sopla y da por finalizado el partido.
En medio del festejo por el agónico empate a Lucas Noriega, un pibe de Wilde de 17 años instalado junto a su hermano Valentín (12) en la popular social cercana a la puerta 10, se le planta el juvenil corazón académico y se desvanece. En medio de semejante locura, ya sea por la alegría del empate o por el miedo, la gente cercana a Lucas pide socorro. Desde un sector aledaño, un grupo de socorristas instalados en el campo de juego observa el episodio y se comunica vía handy con el consultorio de emergencias que opera en el estadio, cerca del playón de salida, adonde llega Lucas trasladado al hombro por dos de sus compañeros de tribuna.

Según confió a Clarín una fuente sanitaria, Lucas llegó con muerte súbita. Los paramédicos comenzaron el arduo trabajo de reanimación mediante masajes cardíacos. El operativo de traslado al hospital Fiorito estaba en marcha en perfecta coordinación desde los dos extremos de la emergencia.

Fuentes de la gerencia del estadio confirmaron a este medio que Lucas sufrió tres infartos discontinuos: el primero en la tribuna, el siguiente en la ambulancia y el último en el shock room del hospital.

Siempre asistido por el servicio de emergentología contratado por el club, Lucas es derivado al Fiorito donde lo esperaba el equipo médico que priorizó su caso por encima de otros menos complejos debido a la gravedad. Lo esperaba un desfibrilador y la aparatología indispensable para que el bueno de Lucas vuelva a sonreír.

Recibió la atención compensatoria que estabilizó el grave cuadro de salud que el gol sobre la hora de Tito Noir transformó en un severo infarto racinguista.

En menos de media hora la vida de Lucas pasó de la angustia atroz a la salud controlada. Tras el susto quedó internado en observación en el Fiorito para luego ser derivado a la Clínica Urquiza donde se repone, según confió una fuente confiable, en coma inducido, estable y sin daños colaterales.

Integrantes de la CD de Racing siguieron el caso brindándole apoyo a la familia de Lucas y de su hermano Valentín de 12 años.

“El dice que muere por Racing y no mintió. Ahora le queda como trofeo el recuerdo de la camiseta con sangre que tenía puesta cuando se descompuso, pero gracias a Dios y a los médicos cuando se recupere volverá a la cancha, como debe ser”, se alegra su mamá, María Nidia, quien “culpa” a su esposo, José Luis, taxista, por el enamoramiento de su hijo con la Academia.

”Si a los 17 años al pibe se le queda el corazón en la tribuna de Racing mejor que ni sepa lo que le espera cuando tenga 30”, bromean sus amigos sonrientes en la sala de espera.

La buena noticia es que el chico resucitó por obra y gracia de un grupo silencioso de profesionales que, atados por una logística de atención médica tan compleja como efectiva, trabaja para salvar vidas en medio de la multitud. Además de abrazos, los amigos de Lucas le deben al equipo de médicos y sus asistentes un buen par de botellas de vino. Ellos también saben qué hacer en estos casos.

Agencias

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