Los zapateros viven su mejor momento: En esta crisis ¿quién no remienda un calzado?

Los zapateros viven su mejor momento: En esta crisis ¿quién no remienda un calzado?

Josè Santos, zapatero. Foto: Kitsson Barrios

Josè Santos, zapatero. Foto: Kitsson Barrios

Hoy en día, ¿quién no necesita que le arreglen su calzado? ¿Quién no amerita que un zapatero le saque de un apuro? O simplemente, ¿cuántos pueden comprar un par de zapatos nuevos, cuando los viejitos “los dejan en la calle”? Muy pocos. El negocio del zapatero ha evolucionado. Para las personas, se ha convertido -sin duda- en un servicio indispensable, muy requerido. Casi como la luz. Incluso, quienes llevan 40 años en el oficio, aseguran estar viviendo el mejor momento laboral que ellos recuerden. “Y es que ante los precios por las nubes que ofrecen las zapaterías, es más fácil y económico repararlos nosotros mismos o, si no sabemos, que nos hagan el trabajo los hermanos zapateros”.

En el centro de Maracaibo se consiguen infinidad de curiosidades, de peculiaridades con las que conviven todos los días las personas que por allí circulan con el objetivo de ganarse la vida. Pero en esta ocasión, íbamos con una sola misión: saber còmo està haciendo el marabino para calzarse los pies, debido a los elevados precios que actualmente ofrece el mercado a quien desea comprarse un par de gomas, de sandalias o de tacones para las más coquetas.

Curiosamente, fueron los llamados zapateros quienes nos ayudaron a comprender dicha incertidumbre, puesto que son ellos los que están siendo más beneficiados ante la imposibilidad de la mayoría de ponerse unos calzados nuevos, de caja.

El señor Ángel Abreu es un zapatero muy conocido en los aledaños de la plaza Baralt y afirma tener 40 años en el humilde oficio. Él, con gran generosidad, nos mostró la variedad de calzados que le llegaban al día, mientras reparaba un par de ellos con mucha dedicación. Allí había de todo: sin plantas, rajados a la mitad, descocidos, con huecos, algunos que parecían inservibles, otros coladores… Incluso, hubo alguien mucho más optimista que le llevó un par de plantas solamente. Qué bárbaro.

-Señor Ángel, por lo que veo vive muy ocupado últimamente
– Sí, sí. Me va bien gracias a Dios.
-Pero, ¿todos estos zapatos que están acá son sólo de hoy?
– Sì. La gente los trae muy temprano. Yo les cobro 800 bolívares por el arreglo.
– ¿Y esta gran demanda de arreglos ha sido siempre asì?
-No, què va. Esto nada más se ve ahora.
– O sea, que en lo laboral, están en el mejor momento los zapateros.
– Así mismo es.

Àngel Abreu y la Señora Yolanda de Olivares. Foto: Kitsson Barrios

Àngel Abreu y la Señora Yolanda de Olivares. Foto: Kitsson Barrios

En ese momento, una señora con mucha prisa, llamada Yolanda de Olivares, le trajo un par de sandalias al señor Ángel.

“¿Comprar zapato nuevo? No, no, no. Yo tengo como 2 años que no compro ni una cotiza nueva; son muy caros. Yo los que están viejitos los envío a arreglar. Y así estoy”, nos explicó mientras le decía al zapatero que vendría por sus sandalias a la tarde.

Un poco más adelante, conversamos con otros dos profesionales del humilde oficio del calzado. Pero ellos eran mucho más modernos y sacaban más beneficios de su labor que el señor Ángel, sí señor.

Señor "regateando" la compra del calzado. Foto: Kitsson Barrios

Señor “regateando” la compra del calzado. Foto: Kitsson Barrios

Y es que tanto José Santos como Fabio España venden zapatos –arreglados- que algunos clientes, por lo que sea, se olvidan de ir a buscar.

“Claro, pana. La gente cancela la mitad del arreglo pero, si no vienen… ajà… tengo que venderlos”, nos dijo muerto de risa Fabio España.

José Santos es mucho más atrevido, un fenómeno. Él los muestra con su respectivo cartel de venta, como quien vende carros en un concesionario. Incluso, mientras nos enseñaba los zapatos que le tocaba reparar durante el día, un hombre se acercó a preguntar y efectuó un clásico “regateo” con él por un par botas pesadas, de esas de seguridad. Cabe destacar que el señor no las compró por un desacuerdo de 500 bolívares.

“Ése viene otra vez, ése viene otra vez. Estas botas son las mejores; te duran toda la vida”, afirmaba Santos entre carcajadas.

Santos, además, nos manifestó que él arregla y fabrica los llamados zapatos ortopédicos.

“Yo utilizo un material que se llama “baratà”. A la gente le resulta muchísimo màs. Hoy dìa esos zapatos cuestan como 40.000 bolìvares y no duran nada; en cambio, conmigo, les sale mucho màs económico y les duran como dos años”, explicó.

Asimismo, el joven zapatero comentó algo increíble: “La gente ya no compra zapato nuevo, no. Mira, yo antes trabajaba con el señor Ángel y, en diciembre, esto fue la locura: al dìa, nos llegaban casi setenta pares de calzados. Era agotador; terminaba de arreglar a las diez de la noche siempre”, expresó ante nuestra incredulidad.

Vìctor Contreras mostrando su maltrecho zapato. Foto: Kitsson Barrios

Vìctor Contreras mostrando su maltrecho zapato. Foto: Kitsson Barrios

Víctor Contreras, un ciudadano muy humilde que buscaba un lugar para descansar a causa de una fatiga que lo mortificaba en ese instante, nos escuchó sobre el tema y no se cortó ni se cohibió para mostrarnos su calzado malogrado:

“Por culpa de los precios por las nubes que ofrecen las zapaterías es más fácil y económico repararlos nosotros mismos o, si no sabemos, que nos hagan el trabajo los hermanos zapateros”, declaraba. “¿Còmo haces? Necesitas como cuatro o cinco sueldos mínimos para poder ponerte en unas gomas nuevas. Asì es imposible; no resulta”.

Además, Luis Manares, un caballero que acompañaba al señor Contreras, afirmò que él ni siquiera los enviaba a remendar:

“Yo sì salgo con mis botas despegadas; yo no tengo problemas con eso. Una vez, casi me mato bajando los escalones de un bus: se me despegó la planta de una goma, la pisè y me fui de boca al suelo”, contò muy risueño al recordar el hecho.

Eury Pirela, zapatero. Foto: Kitsson Barrios

Eury Pirela, zapatero. Foto: Kitsson Barrios

En un último recorrido para darle respuesta a la incertidumbre inicialmente planteada, llegamos a un lugar mucho más alejado de las zonas concurridas, pero que al parecer es atendido por uno de los zapateros más buscados en el centro de Maracaibo. Su nombre es Eury Pirela. Eury, incluso, fabrica los calzados que, según él, “son los más feos que existen” en su zapaterìa “Pa’ que Filito”: los de payaso. Sin embargo, sostiene que son muy vendidos últimamente por lo duraderos que son. Increíble.

Por otro lado, al igual que el señor Ángel y José Santos, Pirela afirmó que ahora más que nunca la gente lleva a arreglar el calzado. “Yo creo que nos va mejor a nosotros que a los que venden zapatos nuevos. Tenías que venir en diciembre… Yo arreglaba como 30 pares al día”, nos dijo de forma jocosa cuando atendía a un cliente que no paraba de asentar con la cabeza cada palabra que salìa de su boca.

Asombroso, ¿verdad? Pues sí, señores, así es como resuelve hoy en día la inmensa mayoría a la que le es complicado hacerle un guiño nuevo a sus pies. Sin duda alguna son los zapateros los más afortunados ante esta situación.

Pero a la vez, resulta conmovedor la manera en la que ellos mismos aseguran no encarecer su servicio sacando provecho de dicha circunstancia; todo lo contrario: intentan colocar precios justos a la clientela que, al igual que ellos, se le hace complicado sostenerse en los tiempos que vivimos y que no sabemos hasta cuándo perdurarán. Y es que si el diciembre pasado remendaban hasta setenta pares al día, ¿cuántos serán en el que viene?

Luis Josè Villasmil / Pasante

Fotografías: Kitsson Barrios

Noticia al Dìa

 

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