Robar y ahorcar al pueblo (Luis Semprún)

Robar y ahorcar al pueblo “Hay dos clases de economistas: los que quieren hacer más ricos a los ricos y los que queremos hacer menos pobres a los pobres”

 

JOSE LUIS SAMPEDRO

Allí estaba Anacleto. Hacía dos semanas que no lo veía. Como siempre, leyendo las noticias en los periódicos del día. Se volteó al verme llegar y me dijo: “Camarita, parece que la especulación y el agiotismo desatado lo ha mantenido alejado de nuestro café. Es comprensible, porque con estos precios, ni salir a la calle se puede. Ya tomar el transporte público cuesta un ojo de la cara y un taxi es algo inaccesible. Y sentarnos en este café a conversar un rato, parece haberse convertido en una actividad de los ricos, cosa que no somos.” Encendió uno de sus cigarrillos y de inmediato continuó: “Entiendo que el gobierno tenía que resolver primero el problema político para devolvernos la tranquilidad que el ciudadano requiere y exige, pero el problema de los precios de los productos de primera necesidad había que abordarlo con la velocidad del rayo. Bue… gracias a Dios ya empezaron a salir en la Gaceta Oficial los precios ACORDADOS de algunos de los productos de la cesta básica y de higiene personal, que debemos velar que se cumplan. Siempre he dicho que un país no se construye con la pura actividad de un gobierno sino que somos todos los encargados de esa tarea; que debemos tener una participación activa para lograr los resultados que esperamos. Todavía existe mucha gente confundida que no parece querer entender que la crisis por la que estamos atravesando es consecuencia de quienes nos están tratando de doblegar y dominar por el estómago, tal y como han hecho en el pasado con otras naciones que les han resultado incómodas. Políticos, banqueros, empresarios, tanto nacionales como extranjeros, aliados al gobierno estadounidense, se han confabulado para tratar de torcernos el brazo. Sólo que este noble y bravío pueblo, con su resistencia, lucha por su dignidad e independencia. No lo lograrán; llevamos la sangre combativa de nuestros libertadores. Imagínese que nos toque un gobierno de derecha que diga que para enderezar al país se necesitan de quince a veinte años, durante los cuales harán lo que Macri en Argentina o Temer en Brasil: derogar de un plumazo los beneficios de las misiones sociales logrados con tantos sacrificios durante estos últimos diecisiete años. ¿Usted cree que el pueblo se calaría eso? ¿Usted cree que no habría un estallido social que nos acercaría al peligro de una guerra civil? ¡Lo que está en juego en Venezuela no son metras!”

Hace semanas salió en las redes sociales un trino de “mariguanita” Guevara, en el llamaba a los comerciantes del país a aumentar los precios de los productos todos los jueves y que muchos dijeron que era falso. Verdadero o falso, eso es lo que han hecho los especuladores desde su aparición, lo que nos pone a pensar. Se dice que fueron las instrucciones que recibieron del norte y que les serviría de soporte para crear el malestar necesario en el pueblo, para un estallido social. Esto aunado a los viajes de Julio Borges por el mundo como “presidente de la AN”, solicitando bloqueo económico, alimentario, sanitario y de todo tipo para el país, ante gobiernos aliados de la derecha internacional, pero además amenazando con “no reconocer” deudas, cuando cayera el gobierno, que no fueran avaladas por ellos.

No puedo pasar por alto la actitud pitiyanqui del presidente colombiano al prohibir que se le vendieran a Venezuela un lote de medicinas que necesitaba. Claro, luego hizo lo que los cipayos criollos, decir que él no fue y que está muy preocupado por lo que está ocurriendo en Venezuela, donde la “gente se está muriendo de hambre”. Lo que no dice es que, además de tener casi SEIS MILLONES de hermanos colombianos siendo atendidos en nuestro suelo, llevamos mas de quince años manteniendo a otro tanto de millones que viven en la frontera y que se llevan todo lo que se produce aquí, junto a lo que el gobierno importa para que llegue a precios subsidiados a la mesa venezolana. ¿Y el gobierno santandereano que ha hecho? Mantener el doble discurso y permitir el ataque a la moneda nuestra con su famosa Resolución Cambiaria Nº 8.

Sin duda alguna, algunos se han contagiado de la actitud apátrida de quienes quieren aprovecharse de la situación. Bajo el slogan: “todos los días sale a la calle un pendejo, el que lo agarre es de él”, especulan y encarecen los productos de primera necesidad sin el menor remordimiento y sin entender que todo eso está enfilado en una política malévola de golpe empresarial, dirigido al pueblo, con el fin de generar una explosión social. Si los productos los compran con dólar ilegal, al precio que esté, ¿por qué no le pagan a los empleados en la misma proporción?, ¿por qué no pagan los impuestos al mismo cambio? ¿Por qué cuando el precio de esa moneda baja, no baja el precio de los productos? ¿Por qué compran los billetes nuevos de alta denominación con un 60 y hasta 80% de su valor nominal? Ah, y nos quejamos de que no haya liquidez.

Da risa escuchar a “cejota” exigirle al gobierno que haga lo imposible por detener la inflación que él y sus secuaces han generado, y señalar a los aumentos de salarios que se dan, para defender el poder adquisitivo del ciudadano común, como las causas fundamentales del alza de los precios. ¿Ha escuchado alguna vez que un dirigente opositor haya acusado a “Dólar Jodei” de ser el causante de este mal? Es cierto que el gobierno aun no ha encontrado la forma de salir de esa funesta influencia, aunque sigue buscando como hacerlo, pero si la oposición cipaya no contara con el apoyo del imperio, otro cantar sería. No es liberar el cambio, como unos dicen, porque de ser así no quedarían divisas disponibles para adquirir los productos que se importan ya que ellos se las llevarían todas, como siempre lo hicieron. ¿Recuerdan el viernes negro?

Repito, este es un pueblo que no se doblega ante las adversidades ni ante las injerencias extranjeras y no permitirá que nadie le dé órdenes; el pueblo repudia a los cipayos que viajan por el mundo exigiendo bloqueos económicos, alimentarios, sanitarios; el pueblo repudia a los que aupan, financian y promueven el contrabando de los alimentos que debieran estar en sus mesas, así como del papel moneda que tanta falta hace para pagar los insumos para mantener a sus familias. Su afán de querer ahorcar y robar al pueblo les saldrá caro al final de todo. Y si no aprendieron nada de las pasadas elecciones a gobernadores, ahora les tocará la penosa experiencia de recibir una aplastante derrota en las municipales.

Por esto y por muchas razones más, cabe la pregunta: ¿de cual mayoría hablan si no pueden ganarse el afecto del pueblo que los ve como sus verdugos? ¿Por qué uno de los principales puntos que llevan a la mesa de diálogo nada tiene que ver con la situación que ellos mismos han generado, sino con la liberación de los “políticos presos”? La respuesta es sencilla: a la clase opositora no le interesa el pueblo ni sus necesidades; sólo les interesa volver a agarrar el coroto para engordar sus cuentas bancarias. Por eso tanto candidato con tarjeta prestada en este proceso electoral. Al final no botan al que gane sino al que pierda. El que gane tendrá reales para financiar la próxima campaña presidencial. ¿Y el pueblo? Bien gracias.

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