De Interés: las preocupaciones (María Elena Araujo Torres)

María Elena Araujo Torres

La mayoría de la gente tiene la tendencia de preocuparse por casi todo. Ya todos sabemos que preocuparse es ocuparse de algo antes de que ocurra o de que creamos que ocurra. Los niños son más relajados en este sentido, pero los adultos nos encargamos de convertirlos en seres preocupados. Los adolescentes ya están en el proceso de preocuparse, algunos por los estudios, otros después de hacer algo que consideran puede ser causa de reprimenda por parte de sus padres o tutores, también porque comienzan a despertar en el campo del enamoramiento y se preocupan por mantener buen aspecto, por las reacciones de sus compañeros o de quienes les atraiga, respecto a su forma de arreglarse o actuar.
En el caso de los niños, es cierto que se les prepara para preocuparse usualmente con la mejor intención: para que sean responsables y se eviten la mayoría de los tropiezos que les depara la vida; para que sigan las reglas que los convierte en niños buenos, en niños que se portan bien y en consecuencia en adolescentes ejemplares, según los esquemas sociales del entorno en que vivan.
Ya de adultos se tiene suficiente carga emocional para preocuparse por casi todo o para evadir, según el ambiente familiar en el que se haya formado. Entonces se producen diariamente cientos de inquietudes: por la familia, por el estudio, por el trabajo, por la salud, por el amor, por la economía, con un etcétera muy largo.
La parte mala es que usualmente las preocupaciones son negativas. Por eso es que hay gente que defiende la tesis de “en vez de preocuparte, ocúpate”. Ojalá y esa recomendación la aprendiéramos desde niños, o se la enseñáramos a los niños para que sean más prácticos en las vivencias a experimentar, en vez de jóvenes o adultos enfermos -emocional y físicamente- por somatizar los detalles que a diario se tienen que resolver para continuar.
La preocupación exagerada no aporta nada positivo, impide relajarse para disfrutar de los pequeños detalles que son los que realmente hacen atractivo el sentido de la vida: la sonrisa de un niño, el brote de una planta, de una flor, el cielo en el amanecer o atardecer, la lectura de un buen libro, el juego con animales domésticos, cantar, pintar, en fin, cualquier acción grata que genere confort en medio de tantas situaciones desagradables del día a día, como gente mal encarada, agresiva; planes trastocados por algún evento fortuito; situaciones no gratas, dificultades de salud, laborales, académicas, entre otros.
Expertos recomiendan dejar de preocuparse por situaciones que ya pasaron, específicamente porque no se puede hacer nada para cambiar lo que ya ocurrió, en cambio se puede hacer, aprender o intentar mejorar las consecuencias en el presente, pero evitando sentimientos de culpa, miedo dolor, ante el hecho de que no se puede modificar el pasado.
Si se viven situaciones sin soluciones evidentes o que escapan de nuestras manos, entonces preocuparse es inútil y aunque a veces resulte poco sencillo, es importante hacer el esfuerzo de evitar mantener pensamientos nocivos que generen amargura.
Y si las dificultades o problemas tienen solución, más aún es sano dejar de preocuparse y empezar a accionar los medios para resolverlos. Hacer lo que se tiene que hacer o creemos debemos hacer. Y si no sabemos, buscar apoyo entre quienes puedan brindar ayuda necesaria para avanzar. Todos tenemos potencialidades para solucionar situaciones conflictivas o adversas que suelen usualmente ser impredecibles, sólo debemos analizarnos y analizar los caminos a seguir para ganar o aprender, por aquello de que unas se ganan y otras de aprenden.
María Elena Araujo Torres

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