Decisiones vitales (Luis Semprún Jurado)

“La memoria es como el mal amigo;
cuando más falta te hace, te falla.”
REFRAN

Mañana lluviosa. Por fin habían pegado una los pronosticadores del tiempo. Las colas en las calles de Maracaibo parecían interminables. Llegué tarde a mi encuentro con mi amigo Anacleto, a quién encontré tranquilamente viendo las noticias por TV en el salón principal de nuestro café. “Hola, camarita” me dijo cariñosamente, “imagino que la lluvia convirtió al tráfico en un infierno. Mientras le esperaba me entretuve mirando las noticias y debo decirle que aún no se ha colmado mi capacidad de asombro. Increíble que existan personas que parecen no saber donde están paradas por las barbaridades que dicen y tienen la osadía de criticar a quienes se atreven a contradecirlos. Lo peor es que sus críticas son destructivas e insidiosas, sin darse cuenta del ridículo que hacen. Siguen siendo el resultado de la influencia de su entorno que tiene un alcance óptico muy limitado. Especialmente, los que se la dan de políticos experimentados son los peores. Por eso escuchamos las desvergonzadas declaraciones que dan a los medios de comunicación audio visual, que luego parecen olvidar. Las del año pasado ni vale la pena comentar, pero las de este año muestran el doble rasero con el que se presentan al soberano. Gracias a Dios que el pueblo ya conoce a sus verdugos y que asumió tomar sus propias decisiones, porque son decisiones de vida, decisiones que afectan todo su núcleo familiar, su trabajo, sus estudios, etcétera etcétera. ¿Cómo le van a creer a quién hasta hace pocos meses les decía que la solución a la crisis, que nunca aceptaron fuese inducida por ellos, era la calle y la violencia, y luego salen a decirles que la única vía posible es la electoral y que deben votar por ellos para lograr la solución a los problemas? ¿Cómo le van a explicar a sus seguidores, militantes y contratados, que los sacrificios con heridos y muertos, los atracazos y plastones, los secuestros domiciliarios, la quema de buses, escuelas y universidades, de simoncitos, fue para promocionarse como candidatos a gobernadores y alcaldes? En el pasado, y a pesar de la existencia de grabadoras portátiles, podían negar haber hecho esos planteamientos. Pero hoy, ante las cámaras de TV, ¡por Dios!”.

En algún artículo anterior cité las palabras de Eduardo Galeano -“Dicen los científicos que estamos hechos de átomos, a mí me dijo un pajarito que estamos hechos de historias”- de su último libro “Los hijos de los días”. Cada quién tiene sus propias historias de cómo interpreta cada momento de su vida. Son las historias vividas o al menos contadas en nuestro recorrer por el tiempo. Y es que a pesar de todas las repeticiones que veamos de los videos en los que aparecemos, tenemos la tendencia a negar que seamos nosotros los que hayan hecho o dicho lo que no nos conviene, de lo que allí aparece. Si los seres humanos somos así de incomprensibles, ¿cómo calificar a los políticos que han hecho de esa actitud una norma? Se han convertido en vendedores de ilusiones, que saben que no van ni desean cumplir

Las decisiones que se toman para favorecer los sentimientos o deseos de un grupo no necesariamente son buenas para el colectivo poblacional. Los deseos de minorías, hechos promesas, tienden a generalizar y asumen representaciones que no detentan. Al hablar en nombre del pueblo, ¿de quién hablan?, ¿del chavista?, ¿del ni ni?, ¿o del opositor? De allí que al hacer un análisis comunicacional de lo que dicen los medios al respecto nos damos cuenta de inmediato si son “independientes” o “tarifados”. Como ejemplo tenemos la reciente destitución del gobierno autónomo del Cataluña por parte de Rajoy y de un “tribunal” de España, donde TODA la población se tiene que arrodillar ante el Rey; son súbditos del Rey, no ciudadanos de España. A eso desean vender como “democracia”. En Venezuela, el máximo tribunal de justicia despoja a un diputado de su inmunidad, por terrorista, y tildan al gobierno de “Dictadura”.

Ante este escenario y ante la realidad que vivimos en nuestra amada patria, debemos tomar decisiones de suma importancia para nuestro futuro, porque de ellas dependerá el rumbo que tomaremos: la paz o la violencia perenne. Todavía existen muchos que a estas alturas del juego no quieren aceptar lo que es un secreto a voces: nos quieren vencer a través del estómago y la salud. Y sin importar los esfuerzos que hagan nuestros gobernantes, la crítica destructiva irá por delante, porque esa es una de las etapas de su malévolo plan que, digamos lo que digamos, cala en parte de la gente menos formada y con muchas necesidades. La memoria de muchos parece ser corta y no recuerdan de donde venimos y hacia donde queremos caminar. Por eso olvidan las carencias del pasado y los beneficios de los que hoy gozamos, con todo y los muchos problemas inducidos que atravesemos.

Te tocará decidir si deseas esperar los quince o veinte años que la oposición dice que se necesitan para enderezar el país o continuar el avance lento pero sostenido que, a pesar de lo que digan, lleva el gobierno en busca de mejoras; decidir si quieres un golpe de estado con su baño de sangre respectivo o seguir en la vía democrática a través del voto; decidir si quieres vivir en paz o con las sombras del terrorismo y la violencia a cuestas; decidir si permitir que sigan inoculando el germen del odio y la intolerancia o si cortarlos de raíz; decidir si hacer respetar tu voto por quién más te guste o si permitir que se cante fraude cada vez que alguien pierde; decidir si se deben respetar las instituciones o si tratar de destruirlas; decidir si la inmunidad de los parlamentarios cubre los actos fuera de nuestras leyes o si deben ser sancionados.

Esas y muchas otras cosas deberás decidir porque sólo tú puedes ser el arquitecto del destino de la patria; es tu responsabilidad, responsabilidad que no puedes delegar en quienes no piensan como tú. Debemos aceptar las decisiones de la mayoría sin caer en entreguismo. Debemos aceptar las decisiones de las mayorías, aun cuando no las compartamos, con respeto y observancia. Debemos aceptar los hechos como tal y no como nos los quieran pintar. Debemos respetar para ser respetados. A veces resulta incongruente solicitar respeto a los votos de los zulianos para Guanipa y no respetar los de los zulianos que votaron por los constituyentes. A veces resulta incongruente pedir que se respete la Constitución cuando quienes la irrespetan son los mismos que nos trataron de pasar un strike con lo de la “Ley de Amnesia Criminal” y se tratan de vender como mansas palomas. Como diría un sifrino: “Me iría demasiado”.

Se acerca la “Feria de la Chinita” y unas semanas después las elecciones de alcaldes y alcaldesas del país. Aquí en el Zulia elegiremos además un nuevo gobernador. Casi seguro estoy que, con las decisiones tomadas recientemente por el ejecutivo, serán tiempos de relativa tranquilidad, porque la verdadera paz sólo existirá cuando haya justicia. Justicia y más justicia es el clamor de la mayor parte de los venezolanos sin distingo de credos o ideologías políticas. Es entonces cuando debes ponerte la mano en el corazón para tomar tus decisiones vitales. Los que ayer te llamaban al voto hoy te llamarán a la abstención, porque perdieron y no lo quieren aceptar. No aceptan que no les acompañes en sus desmanes y por eso te castigan con sus guerras y saboteos. Pero tú sabrás salirle al frente a todas sus canalladas y mentiras porque ya tú conoces a tus verdugos.

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