De Interés: para qué sirve manifestar la rabia (María Elena Araujo Torres)


Hace bastante tiempo leí que era recomendable expresar la rabia extrema descargándola de diferentes maneras, como golpear una almohada, tirar un objeto con fuerza al suelo o hacia una pared, expresar verbalmente con vigor palabras obscenas, en fin, realizar una serie de procedimientos agresivos para descargar supuestamente la energía negativa.
Sin embargo, especialistas en diferentes materias médicas han demostrado que contrariamente, esas maneras de expresar enojo pueden producir efectos contraproducentes contra el propio organismo degenerando en afecciones que se acumularan para degenerar a la larga en enfermedades reconocidas como las principales causantes de mortalidad en el mundo.
Hoy en día la modalidad más efectiva es justamente la contraria a esas recomendaciones. Más bien se sugiere no manifestar el enojo, tampoco ahogarse en la rabia. Primero porque si lo manifestamos nos acostumbramos a hacerlo y puede que llegue el momento en que la agresividad no se volcará sobre una almohada sino sobre otras personas, con el peligro de que de las ofensas verbales a la agresión física hay poco espacio. Y si somos escépticos al respecto, observemos las manifestaciones entre algunos hermanos, parejas, gente en la calle mientras conduce un automóvil o sencillamente cuando consideran que alguien les mira de manera ofensiva o con desprecio.
Tendríamos que hacer un paréntesis para recordar que esas manifestaciones obviamente nacen en el hogar, son modeladas por los adultos, padres o tutores en el hogar. Jamás un niño manifiesta agresividad contra otro o contra cualquier persona si antes no fue afectado por ese comportamiento en la cotidianidad, entre los adultos de su casa o lugar donde habita la mayor parte de su día. La agresividad se aprende en el hogar, en la escuela, en la calle, pero básicamente en el hogar. La forma en que se manifiesta indudablemente lleva el sello de las personas que los niños observan desde que nacen. Es mentira que un niño pueda ser educado para el respeto y manifestar el amor si en su hogar vive a diario justamente lo contrario. Es la práctica, no la teoría.
Entonces, actuar desde el enojo se convierte en un ciclo interminable con consecuencias negativas no solo para quien lo manifiesta sino para quien tiene que compartir sus espacios, llámense estos casa, escuela, iglesia, espacios para practicar deportes, congregaciones políticas, en la calle, etcétera.
El erudito budista del siglo VIII, Shantideva, describió el enojo como “la fuerza negativa más extrema, con la capacidad de destruir el bien que tanto trabajo nos costó crear”. Incluso se recomienda analizar el hecho de que “un momento de enojo combinado con acceso a un arma de fuego puede cambiar por completo el futuro de alguien: de una vida de libertad a una vida tras las rejas. Un ejemplo más cotidiano sería cómo el enojo puede destruir la amistad y la confianza que posiblemente tomó décadas desarrollar. En última instancia, el enojo es más peligroso que todas las bombas, pistolas y cuchillos juntos”.
Se aconseja en cambio evitar reprimir las emociones pero no manifestándolas con palabras ofensivas o agresividad física, sino practicando, primero la calma (ya sea con respiraciones o prácticas de relajación técnicas o religiosas) para luego poder analizar y llegar a entender el pensamiento incorrecto que está detrás del enojo. Entender que todos, absolutamente todos, estamos juntos en esto del diario vivir con sus beneficios y sinsabores; que descargar la rabia contra otra persona es expresar nuestras propias carencias que en nada mejorarán las situaciones, al contrario las empeoraran.
También, cultivar la paciencia como arma de salvación colectiva. Mucha gente coincide en que es mejor tener paz que querer demostrar tener la razón. Como para qué nos preguntamos. Tengo una discusión para demostrar que tengo la razón…¿y?, qué gano realmente, satisfacer al ego o crecer como ser humano. Difícilmente sea lo último. “La próxima vez que estés a punto de perder la cabeza, mejor desenvaina tu espada de la paciencia y córtale la cabeza a tu propio enojo”, recomiendan.
María Elena Araujo Torres

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