María Alejandra Diaz, Presidenta (Aquileo Narváez Martínez)

 

Hay acontecimientos que emocionan y revitalizan la esperanza.  El martes vi a una mujer arrecha, que con profunda pasión y racionalidad pinceló la realidad de nuestro sistema de justicia.  Nos hizo caer más en la cuenta de su ineficiencia, la medida de su corrosión.

Allí, en la Asamblea Nacional Constituyente, señalar que hay jueces con viñedos en Europa, otros con cuentas en dólares y no pasa nada; interrogarse por qué no se rastrean sus cuentas así como se rastrea  una llamada telefónica, es advertir sobre las complicidades y vagabunderías que hieren la médula del sistema jurídico, piso de la nueva sociedad que se proyectó construir.

Esa radiografía al sistema de justicia, daba para que recorriéramos simultáneamente tantos porqués similares sin respuestas que erosionan el día a día de nuestro pueblo y que están estrechamente vinculados a la demanda de María Alejandra. Por ejemplo, por qué no se rastrean a aquellos que sacan productos alimenticios del centro del país y les remultiplican los precios a los pobladores de El Callao,Tumeremo, Guasipati, Santa Elena de Uairén y que a veces, ni siquiera se los venden a ellos para obtener más ganancias en Boa Vista o más adentro del territorio brasileño; por qué no se rastrean a aquellos que impiden que el dinero llegue a tiempo en los bancos del Estado para pagar las pensiones y evitar que en Cabimas se desmayen los viejitos en la espera inútil. Solo por señalar dos situaciones al voleo de algunas realidades, que estoy seguro María Alejandra también debe conocer.

Por eso es importante rescatar de esa exposición de la camarada, su énfasis en que Venezuela es un Estado democrático, social, de derecho y de justicia, pues recalcaba la justicia como una suerte de categoría condicionante, pero endeble, manoseada, y en tal situación ¿puede soportar las demás? Percibí que era el principal motivo de su arrechera, expresada con sentido de oportunidad. Ella lo dijo en la tribuna de la ANC en un momento de reconfiguración de las estructuras que administran la justicia donde el Fiscal está realizando acciones inéditas contra la corrupción, en un momento en el que si no se dice nada para actuar, es posible que nos terminemos de ir por el abismo que vaya usted a saber en qué instante pisamos y no nos dimos cuenta.

Y esa importante intervención de análisis y denuncias, la cierra la camarada  nada más y nada menos que citando a Chávez cuando precisaba que: “entre un principio y un amigo, me quedo con el principio”. Reflexión que tanto hace falta recordar a quienes están en la gestión pública, que soslayando los intereses de todos colocan en cargos a gente cercana a ellos sin probidad ni talento, con lo que ponen en riesgo la urgente eficiencia en la administración pública y su buen resguardo.

Por todas esas atinentes apreciaciones, pensé enseguida en cuántas María Alejandra Díaz nos hacen falta en los escenarios decisorios para reorientar las instituciones, la Patria; voces canalizadora de angustias y frustraciones. Luego dije a mi esposa, con quien veía esa sesión de la ANC: “María Alejandra Díaz Presidenta”. Una ocurrencia que no tiene que ver con la formalidad presidencial en sí que ocupa el camarada Nicolás Maduro. Ocurrencia que apunta a que, cual Presidenta, las palabras de María Alejandra deben constituirse en un exhorto de alta magistratura, cuyos contenidos tienen que considerarse de necesaria y urgente investigación, seguimiento y resolución.

Estamos a tiempo…Hasta la victoria siempre.

Un abrazo fraterno camarada María Alejandra Díaz.

Aquileo Narváez Martínez

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