Las mujeres degolladas (Relatos de muerte 8, Alberto Morán)

 

El inspector Absalón Berdejo y la oficial Alexa Contini iniciaban en el sitio del asesinato las pesquisas con los expertos en criminalística.

                -Otra mujer con una cortada en el cuello tendida bocabajo en la cama –dijo la oficial.

-Y no presenta síntomas de haber sido violada –observó el inspector.

-Ninguna ha sido violada –comentó Alexa Contini.

-Es verdad –dijo Absalón Berdejo.

Los investigadores observaron en detalle la escena del crimen y se marcharon; por el camino ella le pidió a su compañero: “Llévame a casa”. Él la miró de pies a cabeza y asintió.

-Acompáñame –le volvió a pedir ella llegando-. Y ambos entraron a la vivienda.

-Tengo cocuy de penca, no gano para whisky ¿quieres? -brindó Contini.

-Sí ¡cómo no!… -aceptó Berdejo.

La oficial fue al cuarto y regresó con un trago en cada mano vistiendo un baby dolls desabotonado por delante.

-La bebida viene en combo, la tomas o la dejas-dijo la oficial.

El inspector la miró con desgano, pensó unos segundos y respondió:

-¡No!, de una manera tajante y se marchó sin tomarse el trago y sin dar explicaciones.

-Yo creía que quería por la manera como me miraba. ¿Estaría muy cansado? Ah ¡ya!, quiso dejar la “pistola” con la carga completa para su novia Claudia –meditó Alexa Contini consolándose del desaire; aunque de vuelta al cuarto, se detuvo frente al espejo y comenzó a palpar la firmeza de sus senos, los glúteos, los muslos…

Al día siguiente en la tarde, Claudia llegó a la comisaría cuando la oficial iba de salida.

-¡Alexa! –dijo Claudia.

-Voy  a tomar café. Te invito, tu inspector no se encuentra.

-Vamos –aceptó Claudia-. Y se marcharon a la cafetería.

-Ajá, cuéntamelo todo, ¿y anoche, estuvo Absalón en tu casa?- preguntó Alexa apenas ordenaron la caliente bebida.

-No.

-¡¿No?! ¿Vives acompañada?

-No.

-Tampoco…Pero bueno, y…

-El sábado, el sábado en la noche me prometió que iba como a las nueve para quedarse conmigo.

-Ah ya…Bueno, me lo tratas bien…

-Tranquila –dijo Claudia riendo-. ¿No será que te gusta Absalón? ¡Cuidado pues!

-No chica ¡jamás! Nunca he mirado  al inspector Absalón Berdejo con esos ojos.

Las “amigas” compartieron el café  y continuaron la conversación de intimidades femeninas, hasta que llegó la hora de retornar.

La oficial tomó una patrulla y se dirigió al bar El Desquite, dónde la habían llevado las pesquisas; de allí vio salir a una mujer rubia que se dirigió a un señor que la esperaba. Hablaron, fueron muy breves, la rubia regresó al bar, y Alexa se le acercó al desconocido, le hizo unas preguntas claves para la investigación y le pidió el nombre de la dama: “Estrella”, le dijo el hombre nervioso sin saber lo que ocurría.

Y el día sábado, el inspector llegó al apartamento de Claudia a las nueve de la noche tal como se lo prometió, abrió, y la llamó desde la sala. “Aquí estoy”, le respondió ella complaciente desde su habitación con la puerta entreabierta.

La chica ansiosa, bocabajo y desnuda, aguardaba en la cama con los ojos cerrados la entrada triunfal del novio, así le pidió él que lo esperara para darle una sorpresa, pero la tomó por asalto la oficial Contini:

-¡Quieta! No hagas bulla ni  intentes nada, porque te degolló.

-Alexa no me mates, ¡por favor!

-¡Cállate! –te dije.

Ante la severa amenaza, Claudia se aterró, no se movía, sabía que Absalón estaba por entrar, y pese a las circunstancias como buen policía podría intentar algo…Y enseguida el inspector irrumpió en la habitación.

-Así me gusta que estés– le dijo y se abalanzó sobre ella blandiendo un puñal, al instante que escuchó el traqueteo de la pistola de Alexa Contini en la cabeza, que se encontraba escondida en el baño.

Claudia saltó de la cama, se puso bocarriba. Miraba desconcertada, asustada, no  veía a su novio por ningún lado, y en esa tribulación escuchó a la oficial decirle a la rubia que tenía encañonada: “¿Cómo quieres que te llame, Absalón o Estrella?”, y le clavó las esposas para llevárselo preso por el asesinato de las mujeres.

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