De Interés: en busca de la paciencia (María Elena Araujo Torres)


La paciencia -definitivamente comprobado- permite evitar en gran medida las incomodidades que se traducen usualmente en tristeza, rabia, desesperanza, no solo a lo largo del día sino de la vida misma.
Hay muchas situaciones que ponen a prueba la capacidad de cada persona para mantener la calma, siendo muchas veces exasperante -para la mayoría- alcanzar ese estado de tranquilidad requerida para asumir gente grosera, falta de respeto, abusadora, a quienes les importa muy poco los espacios de las otras personas, creyéndose incluso con el derecho a pasar primero, colarse, gritar y hasta golpear a quien interrumpa sus deseos o acciones.
Hay quienes están tan acostumbrados a andar por el mundo como si todos los derechos le correspondieran y los deberes ni siquiera reconocen. Hasta parecieran ignorar que en espacios gregarios se debe respetar los derechos de otra gente, aunque ni siquiera se les conozca. Son principalmente estos seres con quienes se requiere practicar a diario el arte de la paciencia, son quienes ponen a prueba (la mayoría de las veces conscientes) la resistencia y la paciencia para evitar perder el control.
Es importante reconocer que tener paciencia es por lo general difícil y usualmente no se logra de la noche a la mañana, pero se puede cultivar, porque ocurre que muchos planes y hasta grandes proyectos dan al traste cuando nos dejamos afectar por el desasosiego o carencia de paciencia.
La paciencia no es sólo aprender a manejar emocionalmente la conducta difícil de otra persona, también es la capacidad de saber esperar, aunque no con ello debamos ser santamente pasivos o conformes con nuestro destino. Sencillamente forma parte de los propósitos que tengamos para ejecutar algún plan o esperar resultados en los tiempos requeridos para ello. Muchas veces la falta de paciencia nos hace tomar decisiones con el fin de lograr objetivos más rápido y los resultados terminan en desastres que pudieron evitarse por no saber esperar sin caer en la desesperación, malestar o fastidio.
Es precisamente la paciencia, la conducta o emoción motora de mantenernos en la lucha, en la acción, sin abandonar o tomar decisiones precipitadas que trastoquen los objetivos a lograr. Cuando nos dejamos invadir por emociones estresantes, podemos sucumbir a ansiedades contraproducentes que a la par de malograr los resultados nos abren la puerta a las enfermedades somatizadas.
Por algo, en la medicina a los pacientes se les llama pacientes, porque de lo contrario entonces no podrán avanzar hacia la sanación. Si te duele la cabeza y te dejas invadir por la falta de paciencia mientras se buscan los métodos o medios para resolverlo entonces lo más probable es que se incremente en extremo el dolor. Si se tiene alguna enfermedad que requiera tratamiento o intervención quirúrgica y no se siente la paciencia para seguir las indicaciones médicas al pie de la letra, el resultado será desastroso, hasta el punto muchas veces de colapsar el organismo, por falta de paciencia.
Quienes conocen las formas de manejar esta situación recomiendan resolverlo poco a poco, entendiendo que la necesidad de controlarlo todo se traduce en mayores problemas porque todo no se puede controlar, evitar quejarse por todo está incluido en esto de no poder controlarlo; intentar mantener buen estado de ánimo, buen humor, en las adversidades, por muy difícil que parezca, tratando de agradecer más bien lo bueno o positivo de cada situación que indudablemente las tienen. No todo es negro o blanco. A veces nos molestamos por tonterías y dejamos que nos afecten al punto de dañarnos la jornada y que en consecuencia se la dañemos a los demás. Hacer colas, escuchar opiniones ofensivas o no, contrarias a las nuestras; conductas opuestas a nuestros conceptos por parte de integrantes de nuestra familia, amigos, conocidos o desconocidos, forman parte del menú sencillo con las que podemos iniciar la práctica de la paciencia.
María Elena Araujo Torres

No olvides compartir en >>


á