El contacto preferencial del Whatsapp (Relatos de muerte 10, Alberto Morán)

Por ser una petición del marido, Milagros Manaure se dedicó a manipular el celular y se hizo adicta al móvil sin darse cuenta, y eso terminó siendo peor para Adrián Aguilera, que buscaba una solución al problema de comunicación con la esposa. Antes no podía hablarle por teléfono porque nunca tenía a mano el aparato, y ahora era porque siempre le sonaba ocupado o estaba pegada al Whatsapp las 24 horas del día.

Una vez la vio conectada y le escribió: “Ve y busca la niña al colegio”. Milagros seguía en línea y no atendía. Cuando vino a responder, ya Adrián traía a la hija. El hombre llegó ofuscado.

-¿Por qué no respondiste, si sabes que te estoy escribiendo? -reclamó.
-Mi amor no te vi.
-¿Te gusta dejarme esperando como un imbécil o qué?, insistió Adrián perdiendo la compostura.
-No mi amor, ocurre que me metieron en un grupo de trabajo y me enviaron un archivo pesado, y como lo estaba descargando, no vi quién me escribía.
-El día que te escribí para que fueras a comprar la piñata de la niña, también estabas conectada y no respondías.
-Me llamó mami, Adrián, y así tampoco se puede hacer nada. Aparece una en línea, pero no ve quien le escribe porque está atendiendo la llamada. ¡Por favor, ya!
-Y ayer en la mañana con quien hablabas que te conectaste como dos horas seguidas. O crees que no te vi.
-Hablaba con mi prima Mariana, esa me metió en un grupo de la familia y es peor.
-¡Ah! Mariana. Ya nos dejamos la primera vez por ella y todavía sigue de entrometida, queriendo que vivas con el hombre que ella te elija.
-Por favor Adrián, tampoco así. Ya eso pasó. Nos reconciliamos y más nunca nos vamos a separar.
Milagros tuvo intenciones de acercarse al marido, agarrarlo, hacerle un cariñito, apaciguarlo con un besito, pero Adrián la paró en seco con una aseveración terminante:
-Te pido ¡por favor!, que cuando te escriba, me atiendas.
-Siempre te atiendo…
-Cuando te da la gana. Y no estoy dispuesto a esperar…Si quieren que esperen tus amigos preferenciales o especiales, yo no.
-Bien sabes que eres mi prioridad, Adrián.
-Además, no fue solamente ayer, casi todas las mañanas te “guindas” por el Whast App.
-¿Yo? No, yo de mañana casi ni me conecto.
-Te conectas todas las mañanas, porque te veo, o vas a decirme que no…
-Mi amor, metete en Google y ve las discusiones de parejas que aparecen conectadas y no es así, no están en línea.
-Qué casualidad que eso ocurra cada vez que abro tu perfil de Whast App, porque es siempre, alguien te echa garra y no te quiere soltar.
-¿Nunca me vas a creer verdad?
-Como te voy a creer si la vez que me fui de viaje, me enviaste una foto del archivo de tu celular de un velorio donde me decías que estabas, cuando gozabas de lo lindo bailando en una discoteca…
-Yo después te dije la verdad.
-¡Claro! Te vieron mis amigos.
-Lo que pasa es que tienes celos, Adrián… No te pongas celoso, no tienes motivos, siempre te he demostrado que te amo, eres mi razón de ser, soy una mujer que vive para su esposo y para su hija y bien lo sabes.
-Cuando estaba de viaje, una vez también me cansé de escribirte y no pude lograr que me respondieras ¿te acuerdas?
-Yo te dije, amor, me provocó comer pescado y compre manamana que tiene más espinas que el bocachico todavía, y en ese momento lo estaba picando… ¿Qué querías? Que me cortara un dedo.

Adrián y Milagros terminaron la discusión por cansancio; sin embargo, más tarde fueron a visitar una amiga en común, y en la amena conversación alrededor de la mesa, ella dijo: “tengo ganas de hacer pis”, tomó el celular y se lo llevó al baño. Transcurrido unos minutos de haber regresado, abrió el bolso, sacó un toalla sanitaria y volvió al baño con el aparato”.

Regresó y se sentó pendiente del equipo en modo vibrar. Y cuando el celular se estremecía zumbando, Milagros miraba arriba, a los lados, como si no estuviese viendo nada, hasta que veía de reojo el mensaje. Adrián observó que en otras ocasiones hacía lo contrario, colocaba un timbre escandaloso y cuando la llamaban ni siquiera se daba por aludida, incluso, enviaba a otros a contestar.

Y concluyó que cuando ella colocaba el equipo en silencio esperaba que se comunicara su amigo preferencial o especial, y cuando lo tenía en un fuerte sonido estaba segura que no la llamaría y aprovechaba para despistar.
Milagros se dio cuenta que Adrián estaba abstraído en su pensamiento, y enseguida se levantó y le dijo a solas más que por pedirle permiso, sacarlo del embeleso y disipar cualquier duda en él.

-Mariana quiere que el sábado vaya a buscar unos zapatos que le va a regalar a la niña, y que le lleve una Nutella ¿voy amor?, por lo de la bebé ¡por favor! Adrián “masticó” un “si”.
-Bueno, me traes la Nutella –le pidió Milagros mientras lo sorprendía con un piquito que él enojado no pudo evitar.

Adrián esta vez no respondió, se quedó pensando en sacar del medio a Mariana de una vez por todas, era ella o era él, si no actuaba a tiempo no tendría más remedio que separarse de Milagros por segunda vez y ahora si sería definitivo, así que el viernes compró la crema de chocolate, le echó un poderoso veneno y el sábado su esposa se la entregó a Mariana.

Más tarde, el mismo sábado, Milagros le comentaba en el comedor la reunión con la prima quien, por cierto, le enviaba las gracias por la Nutella, en eso se sintió un golpe y lloró la niña en el cuarto. Milagros salió disparada y olvidó el celular.

Adrián imaginaba que ya a Mariana le debía estar haciendo efecto el veneno, y pensando en eso, no le importó faltar a la promesa que una vez le hizo a la esposa de respetarse la privacidad, y revisando el aparato vio que Milagros había eliminado la última hora de conexión, como en efecto hacía, para no dejar rastro que permitiera descubrir que se ponía en línea constantemente. Y colocando el equipo en la mesa, llegó un Whatsapp.

Adrián abrió el mensaje y leyó: “Disculpa, sé que me pediste que no te escribiera al celular, porque el imbécil de tu marido está muy celoso, pero tengo que decirte que contigo conocí el sabor a gloria, tus pechos y tu sexo salobre amargo con Nutella son un manjar de dioses…espero ansioso la próxima ración como un niño el dulce más apetecible…También quería decirte que tan pronto te marchaste, me comencé a sentir mal, siento que me muero…Besos, te amo.”

Milagros saliendo del cuarto recordó que no había bloqueado el equipo como le sugirió su amante, miró a su esposo y vio que le respondió con una mirada asesina, le entró escalofrío, presintió lo peor; Adrián con las mandíbulas trepidantes de la rabia antes de tomar el arma, le dijo: “no estaba completamente seguro que me eras infiel, sino te hubiese matado desde hace tiempo”.

El hombre sacó la pistola, la apuntó en la cabeza pero titubeó, quiso dispararle a ella, dispararse a él, y en esa incertidumbre lo derribó sin vida un infarto al corazón. Horas después falleció el desconocido contacto del Whast App. Milagros no consumió Nutella y solo sufrió irritación en sus partes íntimas; por fortuna su “amigo” preferencial le devoró en un santiamén casi todo el frasco de 350 gramos que le vació sobre el vello púbico y los pezones.

Alberto Morán

[email protected]

No olvides compartir en >>


á