La historia de Maracaibo se vende en una quincalla

Cintillo Maracaibo, cinco miradas al ayer

 

06 Martes (106)

Marlin Castellanos Zambrano creció entre antigüedades de Maracaibo, en la tienda de su papá, que ahora administra ella. Fotos: José López

Juguetes que ya solo divierten en la memoria de los mayores, primeras ediciones de obras literarias empolvadas, marcas de útiles escolares que pasaron a la historia y hasta paquetes de pluma y tinteros Carters que se usaban cuando aún el bolígrafo no existía. Todo, todo eso y mucho más se deja ver en una pequeña tienda ubicada en la Plaza Baralt de Maracaibo, en pleno centro de la ciudad. Es el negocio de Marlin Castellanos Zambrano, donde el visitante experimenta cómo la historia de Maracaibo se vende en una quincalla.

“Mi papá era de Churuguara, estado Falcón. Se llamaba Nicolás Castellanos. Llegó con mi mamá, Santina Zambrano, en 1945, y fundó esta tienda. Son dos pisos. Abajo la tienda y arriba el depósito. Compró tanta mercancía que los años pasaban y él  seguía vendiendo las mismas cosas, cosas que pasaron a ser antigüedades y que, ahora que él no está, prácticamente son reliquias”, explica Marlin, mientras le quita el polvo a un piano infantil, hecho de lata y con sonido  armónico que muestra al equipo de Noticia al Día.

La tienda es un elogio a la historia, a la nostalgia y al recuerdo de una Maracaibo de ayer que solo parece permanecer en la Quincalla Castellanos y en la memoria de los ancestros. Vajillas chinas, trompetas, perinolas, una máquina fiscal registradora de rodillo año 1950 y hasta un triciclo de hierro famoso en la década de 1930 decoran la tienda tan llena de historia como de moho y polvo. “No limpio los artículos. Así reflejan la historia y así le gusta a los clientes que buscan lo viejo”, se justifica la dueña.

06 Martes (45)

Visitantes pasan y preguntan a cada instante, algunos compran, otros solo miran y revisan.

Los curiosos pasan y preguntan a cada instante, algunos compran, otros solo miran y revisan. La Quincalla cumplió 71 años el pasado agosto y su fundador, el papá de Marlin, murió hace 20. Desde entonces, ella es quien se encarga del negocio. “Somos cinco hermanas, pero las otras se dedicaron al Derecho y otras carreras. Yo ayudaba en la administración de la tienda y cuando papá murió me quedé a cargo”, explica. En todo este tiempo, asegura que  ha visto pasar 10 gobernadores y unos tres Presidentes, pero al único que conoció en persona fue al fallecido mandatario Hugo Chávez Frías. “Hace más de 10 años él se recorrió la Plaza Baralt. Alzó en brazos a mi hija, que entonces tenía 7 años. Ahora cuenta con 20. El Presidente me preguntó que si necesitaba algo y yo le dije que nada. Me tomé una foto con él”, rememora.

Marlin se siente a gusto con su negocio de otra época y algo del pasado vive en su presente, tanto que ante una falla momentánea de la cámara preguntó de inmediato: “¿Se les terminó el rollo?”, haciendo alusión a cuando las imágenes fotográficas se tomaban con cintas de acetato de celulosa que debían ser reveladas en laboratorios.

06 Martes (74)

La Navidad también es a la antigua en la Quincalla Castellanos. Las cajas de bolitas decorativas reposan entre el polvo.

Unas encima de otras, descuidadas, tal y como si las décadas hubieran pasado por el frente, mas no hubiesen entrado nunca a la Quincalla Castellanos, reposan cajas con bolitas para decorar arbolitos de diferentes colores y de tamaños pequeños como las de antes. Las acompañan lucecitas de Navidad de varios colores, hechas de plástico y con forma de picos, empleadas hasta hace poco. “También tengo árboles antiguos y si ven mi pesebre su caen para atrás. Todos son muñequitos antiguos”, cuenta.

Como los artículos, los precios también suelen ser irrisorios. Maletas de cuero con llaves que quizá no funcionen por el óxido en 2.000 bolívares y tazas de café antiguas en Bs. 1.000. “No les cambio mucho el precio, porque son antiguos y su valor también debería serlo”, aclara la dueña de la quincalla.

Entre los juguetes resaltan los llamados muñecos “porfiados”, fabricados en plástico y con forma redonda en la base, pero de tal forma que aunque se mueven nunca se caen. Fueron una sensación en la década de 1970.  Marlin lo vende todo y poco invierte. “Compro más que todo papelería porque también vendo, y material para las piñatas que buscan en esta tienda, pero antigüedades no. Tengo un depósito lleno. Eso son bultos, tras bultos depositados desde la época de mi papá”.

06 Martes (16)

Entre los juguetes resaltan los llamados muñecos “porfiados”. Fueron una sensación en la década de 1970.

Sin embargo, le da nostalgia recordar los objetos que ya no forman parte del inventario, como las muñecas de celuloide que eran lo más pedido por las niñas marabinas al Niño Jesús a mediados del siglo pasado. “Se llevaron hasta las cajas, que eran coleccionables”, se asombra.

Aunque Marlin vive en el sector 5 de Julio de Maracaibo, se levanta todos los días, de lunes a lunes, a las 6:00 de la mañana, y ya a las 8:00 de la mañana está abriendo su quincalla, retando a la inseguridad, a la cual le ha visto la cara cinco veces. “Me han robado antigüedades. Los ladrones no deben saber ni el valor que tenían. No tengo caja registradora porque también se la llevaron. La última vez entraron y a punta de pistola me quitaron el celular. Quisiera que las autoridades incrementaran la seguridad”, es la única petición de la mujer que cuenta 20 años de trabajo desde la Plaza Baralt.

Entre floreros antiguos, polvoredas para maquillaje de las damas de antaño y colonias Jean Pierre, Marlin Castellanos se despide orgullosa de las dos décadas que lleva demostrando que Maracaibo tiene una historia tan rica que también puede venderse desde una quincalla.

06 Martes (8)

Máquina fiscal registradora de rodillo, año 1950.

 

06 Martes (22)

Los pianos infantiles del siglo pasado forman parte de las antigüedades.

06 Martes (69)

Vajillas chinas del siglo pasado.

06 Martes (89)

Paquete de pluma y tintero marcar Carter’s, que se usaban cuando el bolígrafo no existía.

06 Martes (65)

Polvorera para el maquillaje de las damas del siglo pasado.

06 Martes (52)

Marlin Castellanos exponiendo su triciclo de 1930 junto a floreros de antaño.

06 Martes (129)

La Quincalla Castellanos, ubicada en la Plaza Baralt, es un elogio a la historia, a la nostalgia y al recuerdo.

Maidolis Ramones Servet

Fotos: José López

Noticia al Día

 

No olvides compartir en >>


á