La ciudad retoma su “normalidad” tras meses de protesta y una polémica elección

Calles repletas de transeúntes como de costumbre. El mismo sol, la misma brisa, los mismos tarantines de una ciudad que se mueve a toda prisa. La ciudad amanece aún con escombros, calles que se convierten en vestigios de lo que fue “la resistencia”. El recuerdo de los 121 jóvenes que perdieron la vida por sus ideales, y que hoy conforman ese cúmulo de pensamientos que torturan a quienes creían en un inmediato cambio de Gobierno.

Los marabinos emprenden la marcha para salir a trabajar, retomar sus labores en “normalidad”. Fueron también 121 días ajetreados, entre el humo de las lacrimógenas, trancazos y cientos de polémicas por parte de los factores políticos venezolanos, parece haber retornado la calma a la que se acostumbraron los ciudadanos: a las colas para sacar el tan ansiado “efectivo”, las vueltas para conseguir los alimentos y el alto costo de la vida, cada día en aumento.

Quien llega al centro de Maracaibo se encuentra con el cadáver del edificio del Instituto Nacional de Hábitat y Vivienda, mejor conocido como Inavi, quemado en tres oportunidades a modo de “protesta” contra el Gobierno nacional. Está rodeado de árboles marchitos, justo como se siente Juan Machado, sexagenario que puso sus esperanzas en que los últimos acontecimientos derivarían en una inminente y rápida salida del Gobierno.

Víctor Urdaneta no se queda muy atrás, ve que el ambiente “ya no es como antes, hay una sensación de desánimo”. Pese a esto, considera que es mejor esperar a que se instale la Asamblea Nacional Constituyente para “ver cómo va la cosa”, dice a su amigo Rafael Antúnez, antes de partir a hacia su hogar en la zona norte. “A las 10 de la mañana eso es un peladero por todos lados, tengo que irme ya”, insiste.

Antúnez replicaba las palabras de su amigo. Sin embargo, sabe que cada uno tiene una visión de país y debe ser respetada. “Había que hacer la con Constituyente porque ya no había forma de parar esta violencia. Ahora toca que las cosas se calmen con el tiempo”, asegura mientras se toma su cafecito, sentado en la plaza, a la hora de siempre.

“La gente está asimilando lo que paso el domingo, pero no te confundas, aquí no hay tal calma”, dice Paulo a su esposa mientras desayuna sus acostumbrados pastelitos cerca de las tiendas de ropa, cada vez más vacías. “Me da miedo que con la Constituyente haya más control”, responde ella.

Los comercios han tenido bajas como nunca antes, la falta de suficiente efectivo y los problemas con los “puntos” electrónicos son el drama diario que confabula contra los vendedores informales. “Ni pa’l jugo alcanza el efectivo”, lamentan algunos.

 

Comerciantes comienzan a percibir la “calma”

“La mayoría de la población vive de manera informal, la gente se está recuperando”, dicen los comerciantes al ser consultados por las ventas de los últimos días. Muchos afirman que han bajado considerablemente, mientras otros ratifican su compromiso de salir a vender, incluso durante las protestas, para llevar el pan a la mesa.

“Queremos tranquilidad y progreso, ningún partido político nos representa. Si la gente votó hay que aceptar la voluntad del pueblo y procurar la paz”, comenta Henry Espinoza, secretario general de la Asociación de los Comerciantes de la Economía Popular de la Plaza Baralt. “Hay que desmontar a los grupos violentos de la zona”, afirma.

Espinoza vende diversas chucherías en la Plaza Baralt

Poco a poco se intenta a retomar la tranquilidad, las panaderías más despejadas en la mañana y el transporte público comienza a regularizarse nuevamente en la tierra del sol amada.

“Todo está normal como si no hubiera pasado nada de nada. Ya a la gente se le quitaron las ganas de protestar, es mejor así, así no habrá más muertos”, dice Belkis García, mirandina que vino de visita a Maracaibo. Su sobrina Marieli contraria sus comentarios. Asegura ver cómo la decepción consume a muchos. “La gente sale a trabajar para mantener a su familia. ¿Qué más se puede hacer?”, pregunta.

Unos ven como el país “va en caída libre”, otros aseguran que se recuperarán de estos ajetreados y confusos meses. Mientras, la joven Katherine decide salir con sus “muchachos”, para que se distraigan un rato en el centro comercial. “Veo bastante ausencia en los negocios, unos cerrados. Y en las calles es igual. Todos estamos a la expectativa de lo que pueda pasar”, dice entre las mesas de la feria de comida.

Mostrando la otra cara de la moneda, la fe y el optimismo invade a Mayra Finol. Considera que los problemas venezolanos pronto se resolverán. “Solo pienso que no podemos ser víctimas del desánimo y pesimismo. Hay cosas por hacer. Este país aún tiene esperanzas de cambio y pronto se darán”, asegura entre la gente.

Por los momentos, mientras la oposición define su próxima estrategia, y a pocas horas de que se instale la Asamblea Nacional Constituyente, integrada en su totalidad por oficialistas, la ciudad experimenta una calma extraordinaria y se integra a la rutina, como si se volviese al 30 de marzo, un día antes de que se detonara la crisis institucional en Venezuela.

 

 

 

María Carolina Urdaneta

Fotos: Khristopher Castillo

Noticia al Día

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