Esta risa que duele…Javier Bertel (Josué Carrillo)

 

 

Aquí del lado del alma una punzada llegó hondo a las 6 y 35 minutos de la mañana cuando mi reportero de sucesos, Mervin Fuenmayor, me dijo con esa crudeza del periodismo “se murió Javier Bertel”.

Cuando nos morimos tenemos el poder de desenrroscarle los recuerdos a los vivos. Devolvemos el “casete”. Eso hizo, Javier Bertel conmigo. Tomaba el café de la mañana recordando cuando le conocí en la escuela de Comunicación Social. Luego, las veces que nos encontramos, sus saludos si me veía llegar donde estuviera haciendo su espectáculo.

Los recuerdos se hilaron en una risa que duele. Un sabor a Master Choice – whisky al que le hizo la promoción a finales de los 90’ – revivió en la boca. Me vi en la planicie verdecita del área de la piscina del Maruma cundida de gente que se orinaba de la risa con sus ocurrencias.

Lo volví a escuchar en la redacción de Noticiaaldia.com donde venía y se sentía a placer porque aquí sabía tenía buenos amigos.

Mi cerebro experimenta grandes aprietos: tristeza y alegría confluyen. Para recordar a Javier Bertel se deben tener carcajadas, debe haber alegría, gozo, jodedera ¡y como hacerlo ahora! sin la lágrima, sin el dolor marcando cada chiste, cada jerga, cada joda nuestra.

No soy de las personas quienes tienen la costumbre de darse ínfulas de haber conocido a un muerto famoso. Me cuesta mucho escribir de los muertos con el manido recurso de la epístola o la conversación, como si el difunto antes de perderse en la eternidad tuviese un chance para escucharnos.  Por eso no sé cómo carajo terminar este artículo. Mejor reír y llorar…escuchando un “vos te sabéis el del guajirito que….” ¡Jajajajaja! (Josué Carrillo)

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