Definir lo que pasó ayer y lo que pasa hoy, para tener o perder el mañana (José Ramón Díaz)

Ayer nos dijeron –es un Dictador. Y nos pidieron que hiciéramos sacrificios para sacarlo, en el intento algunos perdieron la vida, otros su libertad, otros casas, salud, empresas y empleos, y cuando por fin logramos que el mundo entero reconozca que si es un dictador, entonces nos piden que lo aceptemos nuevamente dentro de nuestra casa CONSTITUCIÓN para jugar ellos a ser Gobernadores y Alcaldes. Cuando le den por las nalgas y los manden a dormir, entonces vendrán a decirnos, que el muy tirano es el peor de lo peor, y que debemos seguir luchando por nuestros hijos, por nuestra dignidad, por la libertad. Que es mejor morir luchando en la calle que ser esclavo de semejante canalla.

En mi entender además de una inmensa contradicción, es una estafa a los ciudadanos, a quienes ven como votos y no como personas.

Una proposición y su negación no pueden jamás ser verdaderas al mismo tiempo, ni tener el mismo sentido, es imposible creer en dos cosas que se oponen, lo contrario sería tanto como estar vivo y muerto al mismo tiempo.

En cuanto a eso de no perder espacios como ocurriera en las elecciones parlamentarias del 2005, está desfasado de la realidad, es un juego de palabras, recuerden a Chávez, quien engatusaba a todos ligando verdades y mentiras en sus discursos, motivando los sentimientos de esperanza, miedo, frustración, rabia, envidia, entre tantos otros. –Retomando-, en aquel entonces, al régimen se le reconocía mundialmente como demócratas, que ganaban elección tras elección, y ante nuestras acusaciones de ser un régimen dictatorial, se nos respondía que NO, que esperáramos nuestra oportunidad y les venciésemos en elecciones.

Hoy no es así. Hoy el mundo le espetó en la cara al régimen que es una vil dictadura. Y es que si alguna duda había, esta se esfumó, cuando el pueblo en asamblea de ciudadanos el próximo pasado domingo 16 de julio, dio una orden a la Asamblea Nacional por él elegida.

EL PUEBLO HABLO Y ORDENO:

PRIMERO: Rechazar y desconocer la realización de una constituyente propuesta por Nicolás Maduro, sin su previa aprobación.

Orden esta aceptada por el concierto internacional, quien no solamente expresó públicamente que RECHAZA TAN OMINOSO ACTO TOTALITARIO, sino que ha impuesto castigos al Estado Forajido ejecutor y a todo al que con él contrate. Mención a la que hay que poner la lupa, pues inmediatamente que esto ocurre, Smartmatic, la empresa que desde el 2004 automatiza los procesos electorales en Venezuela, -acusada de fraude desde entonces-, y quien una vez más suministró la tecnología, ahora para la elección de la mal llamada Constituyente, asegura que el dato de participación fue “manipulado”. Es decir que hubo fraude. Delito, y no un delito cualquiera, sus características lindan con el de lesa humanidad.

SEGUNDO: Que la Fuerza Armada Nacional y todo funcionario público obedezca y defienda la Constitución del año 1999 y respalde las decisiones de la Asamblea Nacional.

Hoy las Fuerzas Armadas tienen ante sus ojos las pruebas irrefutables de que existe un régimen dictatorial que viola el hilo constitucional –El gobierno teme un recuadre militar-

TERCERO: Se proceda a la renovación de los poderes públicos de acuerdo a lo establecido en la constitución, y a la realización de elecciones libres y transparentes así como la conformación de un gobierno de unión nacional para restituir el orden constitucional.

Tal como lo hicimos el 16 de Julio, en el que un pueblo sin colores ni partidos, por si sólo acudió a expresar sus deseos democráticos, participaremos con muchas más ganas y en ejercicio de nuestra soberanía, daremos origen por voluntad propia a los poderes públicos, transmitiendo semejante derecho a la autoridad, que no es otra cosa que el derecho de gobernar a personas que están subordinadas. Por lo que al ejercer nuestra soberanía, para crear así la autoridad, de la que incluso formamos parte, adquirimos la dualidad de ser un pueblo soberano y súbdito al mismo tiempo, dado que la originamos, la respetamos, obedecemos, y la ejercemos en nosotros mismos. Ningún grupo de atorrantes dictadores nos impondrán más su voluntad e intereses mezquinos.

De tal forma que no hay parecido alguno con la decisión tomada en aquella elección parlamentaria, hoy traída por los pelos “por quienes la tomaron entonces” para sacarnos del manto constitucional y bendecir al excomulgado gobierno opresor y dictatorial.

Hoy por primera vez la Iglesia Católica se pronuncia oficialmente contra las iniciativas del dictador y rechaza la nueva Constituyente por fomentar “un clima de tensión” e “hipotecar el futuro”.

¿Cómo podemos entonces desconocer al Soberano Pueblo en lugar de desconocer al dictador? ¿Cómo aceptar algo distinto que propiciar su salida, sea esta entre otras formas, negociada –en el sentido estricto de la palabra- no con pactos bajo la sombra de dame que yo te doy?

La única salida es cumplir con el mandato del Soberano Pueblo Venezolano. La mentira que de hacerlo es propiciar una mortandad, es pueril, pues en 19 años el inventario es calamitoso, y en los últimos ciento y tantos días, ni se diga.

En cuanto a las armas, estas siempre las han tenido, así como nosotros la bota en el cuello.

El mal utilizado concepto de la autodeterminación de los pueblos –El cual conlleva un análisis aparte- tampoco encaja aquí, dado que el bandido, el delincuente esta armado y nos tiene sometidos, por lo que la ayuda no es menesterosa, ni interesada sino obligada.

Venezolanos, definir con precisión lo que paso ayer y lo que pasa hoy, es la clave para tener un mañana feliz o tormentoso.

 

José Ramón Díaz Piñero

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