De Interés: menos aparentar y más hacer (María Elena Araujo Torres)

Insistimos. Todo lo que ocurre es culpa de nosotros. Y cuando escribimos todo, hacemos alusión a los eventos sociopolíticos,  a la salud, a las relaciones interpersonales y cualquier situación relacionada con los humanos. Sean del espacio geográfico que sean.

Hay quienes se fastidian cuando se insiste en este punto, pues a corto plazo parece que es más fácil mostrarse indiferente, hacerse el loco o creer que quienes han exhortado al respecto  son ignorantes, fanáticos religiosos o viejos necios. Los hechos lo demuestran, sobre todo cuando somos más jóvenes y creemos que lo más importante en la vida es mantenerse al día con la moda en todas sus vertientes y conectado a la mayor cantidad de portales digitales para escribir cuanta pistolada se nos ocurra, mostrar la felicidad personal, publicar enunciados de filósofos o grandes pensadores, como si fueran propios, en fin, darle más importancia a las banalidades que a cuestiones que realmente permitan conocer y conocerse para ser mejores en función del entorno.

Incluso mucha gente más adulta continúa sumergida en mundos ilusorios que como escaleras de anime les genera sinsabores una y otra vez ante la tozudez de creer que el mundo es como hemos aprehendido desde que nacemos, sin plantearse las alternativas de investigar, buscar la verdad, practicarla, asumirla y apoyar al prójimo cuando sea menester porque al generar bienestar colectivo se tiene en lo personal como consecuencia.

Ante un mundo convulsionado por los altibajos económicos, políticos y sociales, cada persona  hace su parte por agravarla o mejorarla. El acaparamiento, por ejemplo, no solo lo practican algunos comerciantes inescrupulosos, esta mala conducta es ejecutada desde los estratos económicos más deprimidos. Quienes compran productos a precios regulados por ejemplo y forman redes para visitar todos los negocios que los expendan, comprarlos con el ruin propósito de revenderlos a precios exorbitantes a quienes por razones de trabajo o imposibilidades personales no pueden salir a obtenerlos, están generando daños  inconmensurables a quienes timan. Y cuando referimos el hecho de que forman redes, en estas se involucran incluso quienes confabulados reciben también beneficios económicos para vender a gente bien identificada quienes aparecen como magos cuando se colocan los anaqueles productos de primera necesidad a precios asequibles. Y todo ocurre a diario. Todos saben. Pero pareciera nadie hace nada por terminar con esta miseria humana porque se repite  todos los días en cualquier parte.

Hacemos referencia al citado delito solo para poner un ejemplo del extremo daño que nos hacemos para obtener más dinero en detrimento de quien se atraviese en el camino, con el propósito luego de consumir a su vez productos de moda o comida que seguramente no cumple con los estándares recomendables de nutrición, porque si así fuera quienes realizan esta vil practica se mostraran al mundo con familias sanas mental y físicamente, pero ocurre todo lo contrario. Los hospitales y camposantos son muestra de ellos. Hacemos alusión a enfermedades generadas por nefasta alimentación y a muertes prematuras ante males o conductas agresivas recurrentes.

Esto aplica para todos quienes realizan cualquier práctica que vaya en detrimento de otras personas creyéndose más vivos o astutos, cuando en la realidad como inteligentes no pueden ser calificados. Hay quienes obtienen ganancias, prebendas  y hasta riqueza material aunque las causas generen perjuicio a otras personas. De eso ya todos sabemos. El caso es que difícilmente quienes generan daño al prójimo obtengan  beneficios para tener una vida sana, realmente relajada, con hábitos que le permitan alcanzar buenos niveles de salud, con relaciones de pareja o familiares sinceras y  gratas, con la libertad que brinda la conciencia de respeto al prójimo. No se conocen casos así. Por lo general viven en la zozobra, el miedo, el odio, la enfermedad y los problemas.

Cuando empecemos a ser realmente más vivos y hagamos -para empezar- el intento de respetar al prójimo: de ser caritativos; de devolver el dinero que nos dé vuelto por descuido un trabajador de banco o negocio; si somos comerciantes evitar robar con sobreprecios al público comprador; evitemos apartar a la gente para estar en primer lugar sea cual fuere la situación; jugar limpio : entonces podemos asegurar sin duda que estamos encaminados hacia un entorno (para empezar) mejor, situación que indefectiblemente permitirá vivir en un mundo mejor. Olvidar las palabras bonitas sin acción, dejar de aparentar y hacer el bien a diario. Ojalá y muchos nos animemos a hacerlo, sin flojera, sin egoísmo y con buenas intenciones.

María Elena Araujo Torres

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