De Interés: cuál paz (María Elena Araujo Torres)

María Elena Araujo Torres

Desde que empezaron los conflictos humanos se ha buscado la paz. Desde tiempos inmemoriales hombres y mujeres  han manifestado ambiciones, egoísmo, envidia, principales causantes de los enfrentamientos, riñas, descontentos y guerras. En este sentido es menester recordar parte de la historia donde refiere los primeros intercambios que se produjeron entre personas, conocido posteriormente como trueque: quienes producían plátanos canjeaban parte de su producción con quienes cultivaban granos y otros rubros que complementaban artículos para cubrir necesidades alimenticias, vestidos y viviendas.

El problema inició cuando quienes producían esos plátanos empezaban a comparar su producción con los rubros que les entregaban a cambio, asumían que sus cultivos eran mejores que los que recibían y empezaban a solicitar más cantidad aunque significara desigualdad en la cantidad acordada inicialmente por las partes. Entonces cada quien empezaba a tirar para su lado -como decimos coloquialmente- generando conflictos que terminaban en relaciones fracturadas, enemistades y discordia.

En la medida que se comenzaron a generar avances en la producción, educación académica, los conflictos iban in crescendo pues cada quien -en el empeño de tener la verdad a expensas del resto de la gente- terminaba enfrentado a sus oponentes y hasta la fecha ha sido así.

Paralelamente se generaron también generaciones empeñadas en romper con esas agresiones que ya llevan dos guerras mundiales por perpetuarse en los poderes económicos y políticos en el ámbito mundial, mientras que en los casos más simples el yoismo (primero yo, segundo yo y siempre yo) es justamente la base de cultivo para conformar esas grandes oleadas de odio entre grupos pequeños medianos o grandes grupos, y países en consecuencia.

Al referirnos a las generaciones empeñadas en romper con esas escaladas de odio y enfrentamiento, nos referimos a hombres y mujeres de buena voluntad que afortunadamente siempre han existido, que son prácticamente quienes han salvado de diferentes maneras mayores conflictos en la humanidad. De no ser por ellos, mediadores, pacifistas, ejecutantes del verdadero amor, difícilmente existirían esos destellos de armonía y paz que tanta gente dice buscar pero que pocos saben encontrar.

Ocurre que muchos están empeñados en echarle la culpa de todo lo que ocurre  a los demás, escasean quienes tengan el coraje de declararse culpables, responsables de los males circundantes, como primer gran paso para someter la egolatría, principal estorbo hacia la búsqueda de soluciones. Bajar la guardia resulta difícil para mucha gente, ser humilde es una frase muy manoseada pero usualmente poco sincera, poco practicada de corazón. El ego y la arrogancia son los peores enemigos de la paz. Mientras nos empeñemos en tener la razón ciegamente sin considerar las verdades de otras personas y ni siquiera demos paso a la gente porque creemos tener el derecho a pasar primero, entonces es poco probable que avancemos en el camino hacia la paz. Cómo voy a encontrar la paz si la busco empeñado en ocupar el primer lugar en cualquier espacio que me encuentre aunque vaya en detrimento del prójimo?

La paz parece dibujada como un paraíso, una utopía, donde todos se amen y propendan al bienestar ajeno en primer lugar para tener armonía en consecuencia. Cuento de hadas o fantasía para muchos. Sin embargo, el camino hacia la paz nace en cada persona, en cada gesto o acción realizada a diario en cualquier terreno, sea este familiar o entre desconocidos. Empieza cuando practicamos hacer bien sin esperar nada a cambio, pero hacerle bien a todos no solo a quienes queremos. Pensar y hacer para generar bienestar colectivo. Practicar el desapego y la generosidad. Es bastante posible que si empezamos a hacerlo de manera consecuente y sostenida sentaríamos las bases para acumular fuerzas para lograr y encontrar los caminos de la paz en beneficio de todos.

María Elena Araujo Torres

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