Una barricada de 92X203 centímetros (Tom Cruz)

 

Los manuales básicos para arquitectos revelan que las dimensiones de una puerta son 92 centímetros de ancho por 203 de alto.

Un cuento de cuyo autor no recuerdo el nombre relataba: “ construía su casa y le preguntó a su vecino, un sabio tibetano, qué espacio debería dejar para la puerta.

La respuesta fue lacónica y contundente “que puedas entrar con tu mujer en brazos y que puedan sacar con facilidad tu ataúd cuando mueras”. Reflexiono sobre esto en medio de un tiempo de guarimbas y trancazos.

Hay quienes, envalentonados, salen, derriban árboles, arrastran insólitos escombros, objetos inverosímiles, algunos traídos de un mundo macondiano (realismo mágico) como los animales de Madagascar sacados a pastar en pleno Grano de Oro, otros, en cambio, se han valido de la contención más simple, de un muro super eficaz: cerrar la puerta de la casa, encerrarse en el hogar y dejar a la ciudad entera reclamando su presencia.

Extrañándolos

Es tal vez el método de protesta más contundente. No salir. Quedarse sitiados, inmóviles, expectantes, es una voz de silencios muy clara, muy convincente. Las gentes, ese señor que camina con su Panorama del kiosko del café a la casa, aquel que pasea su perro, el vendedor de chicha, el wayú que suena su campanita de helados, la buseta amarilla con estudiantes de uniformes azules, alegres, preciosos, estrenando cuadernos y los primeros amores, el burrero, la vendedora de sanes, el tipo que grita “ennnrrrollaoos, mil hojas”, el metálico tin tin del gas (kerosene), el señor que poda jardines en su bicicleta, la señora repartidora de Avon, la prostituta con descuentos, el transexual de la acera oscura, el borrachito de Rubén Blades (Pedro Navaja), las visitadoras médicas con el maletín mollejúo y las piernotas bajo faldas cortiquitas, el zapatero, la aseadora por día, el cafecero, los evangélicos y su Cristo Viene, el cobrador de la funeraria…¡ellos y miles mas!, construyeron una barricada de 92X203 al no abrir la puerta de sus casas y quedarse encerrados. ¡Y se les extraña señores!

La ciudad sin nadie habla. No tengo la menor duda. Tom Cruz

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