Togüito, el superbebé protector de los animales maltratados: La mascotica de cuerda  (Y último cuento, Alberto Morán)

Composición gráfica:  Gerbrahadys Villasana y Julbrahadys Villasana

 

 

 

María Teresa y Sebastián, mamá y papá de Togüito, organizaron en su casa una charla de concienciación a padres y madres tendente a evitar el maltrato a los animales, como un valioso aporte humanista que pretendía mejorar la convivencia familiar con las mascoticas en los hogares del pueblito Flor de Cactus.

Y la conferencia se convirtió en un evento impresionante que destacó por su ingenio y creatividad; muchos progenitores se presentaron con sus hijos exhibiendo gaticas con lacitos en el cuello, perritas de lentes, patos de flux y corbata, pavos de sombreros, conejitos calzando botines, cerditos luciendo gorras, cabras con paraguas, monitos con zapatos, gallinas de minifalda, pollos de pantalones…

Hubo pequeños que asistieron vestidos igual que sus mascotas como si fueran hermanos gemelos. Se pintaron bigotes como los gatos, se instalaron orejas de perros, narices de cerdos, crestas de gallos; las niñas mostraban colitas de conejitas, alas de mariposas, plumas de pavo real…

Sebastián fungió de presentador, habló de su pasión por los animales y del santuario que les construyó en el patio de su vivienda, para suministrarles medicamentos y alimentos; de seguida dio la palabra a María Teresa que inició su exposición basada en una experiencia vivida en el pueblo.

El perrito

La señora contó que los padres del niño Lalo le regalaron un perrito al que se le daba cuerda por la colita, el animalito de peluche se rompió de tanto uso, después le compraron un perrito de verdad y el pequeño lo hizo poner rabioso dándole  vueltas al rabo como si fuera de juguete.  Partiendo de allí María Teresa dijo que los papás y las mamás deben enseñarles a sus hijos que:

-Las mascoticas no son juguetes, sino seres vivos que sufren y padecen como los humanos.

-Los animalitos sienten dolor como las personas, por eso no se deben golpear, amarrar, puyar, jalarles la cola o las orejas.

-Sienten necesidades biológicas, les da sueño, hambre, sed, por consiguiente, hay que brindarles la misma atención que a las personas.

-Las mascoticas se deben considerar un miembro más de la familia;  aman a sus dueños como a los padres, de hecho, perros, gatos, cerdos…, han dado la vida por sus amos.

Chivito Saltarín

El chivito Saltarín se encontraba colado entre los asistentes, y en un descuido, salió sigiloso en busca de Togüito en su habitación.

-¿Les damos ya la sorpresa? –le preguntó el chivito al niño.

-Sí –dijo Togüito y tomó el cubrecama, lo entorchó en forma de cuerda y la arrojó del lado afuera de la cunita para descender y marcharse a la supercueva secreta en la montaña. Entró y salió de supercapa convertido en el superbebé protector de los animales maltratados, lanzando su grito justiciero: “¡Santooosss Caramelooosss!”

El paladín iba cabalgando a Saltarín de superpañal desechable, con el supergorrito hundido en forma de careta, los superbotines de algodón, el superchupón escudo atado al bracito izquierdo y armado de las superespinas de cardón.

Culminada la conferencia, Sebastián y María Teresa se despidieron de los padres, los niños, las mascotas, pero quisieron abrir la puerta y no abrió. Intentaban girar la manilla y no daba vueltas. Los asistentes se fueron desesperando. El encierro se prolongaba. No había posibilidades de escape. Se acabó el agua, la comida. Comenzaron a padecer de hambre, sed, miedo. En eso se escuchó una voz tenebrosa: “me los voy a comer a todos, de aquí no sale nadie vivo”. El pánico se apoderó de la gente. Padres y madres temblaban de pavor. Los niños lloraban abrazados a sus mascotas.

¡Salvación!

De pronto se abrió la puerta y el superbebé bajó de un salto del superchivito Saltarín. La gente no podía salir del asombro. “¡Salvación!” “¡El superhéroe de los animales!”, exclamaron. “Que nadie tenga miedo, solo quería que sintieran lo que viven los animalitos cuando son encerrados muchas veces sin agua ni comida”, dijo Togüito. Los asistentes estallaron en aplausos y los rostros tensos de terror devinieron en caras risueñas llenas de felicidad.

-Que honor tener aquí al defensor de los animales –comentaban Sebastián y María Teresa. La conferencia se alargó con Togüito diciendo:

-Muchos padres no saben educar a los hijos acerca de los animales; con frecuencia se escuchan diciéndoles: “mata esa cucaracha” ignorando que por ahí comienza el error.

-Incitar a matar a los niños con esa naturalidad sin explicación, los podría llevar a perder el respeto por los animales y hacerlos insensibles a la vida de todo ser vivo.

-Los padres deben establecer reglas entre sus hijos y las mascotas, supervisarles los juegos, no pueden ser rudos para que los animalitos no se violenten y les hagan daño.

-Las mamás y los papás deben ser los primeros en darle amor a las mascotas, porque si sus hijos solo ven maltrato, de esa manera tratarán a los animales.

-A los niños hay que enseñarles que todo lo que a ellos les provoca dolor en el cuerpo, a los animales también les produce dolor.

-Las animales no se adoptan porque los niños lloran ¡no! La gente debe peguntarse: “¿Estoy preparado para esa responsabilidad? ¿Soy capaz de amar a una mascota? ¿Tengo tiempo y recursos económicos  para atenderla? ¿Poseo un lugar adecuado para mantenerla? ¿Hay alguien que se encargue de ella cuando yo no esté? ¿Estoy dispuesto a enfrentar los problemas que pueda ocasionar?”.

Despedida

Con esas interrogantes, Togüito se despidió, y los padres con sus hijos cargando sus animalitos salieron a verlo machar,  y quedaron maravillados viendo como a medida que el paladín se alejaba, el cielo se nublaba, se llenaba de estrellitas titilantes hasta que comenzó a caer una lluvia de caramelos para los niños que de verdad aman a sus mascotas.

Togüito llegó  a la montaña, entró y salió de la supercueva secreta rumbo a su casa vestidito de cocoliso como un bebé indefenso, sin que nadie descubriera su verdadera personalidad de superhéroe.

María Teresa después que todos se marcharon con sus chucherías, fue al cuarto a verlo y dijo: “Ay mi rey, por dormilón no viste al superbebé protector de los animales maltratados y tampoco cogiste golosinas, pero yo te tengo unas chupetas, te las doy después del tetero”. Y cuando la señora salió de la habitación, el bebé rio y se sacó un caramelito de la boca.

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Composición gráfica:  Gerbrahadys Villasana y Julbrahadys Villasana

 

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