Integridad y responsabilidad policial (Expolisur, Desiree Parra)

 

La gran mayoría de las personas que participan en la labor policial están dedicadas a la causa de un servicio público honorable y competente y hacen gala sistemáticamente de altas normas de integridad personal y profesional en el desempeño de sus funciones, y aún serían más los que se comportan de este modo si recibiesen la formación y el apoyo institucional adecuado.

Pero en todos los organismos de policía existe un elemento contaminado en cierto grado por el incumplimiento de estas altas normas de probidad y profesionalidad que caracterizan en general a la actividad policial, la cual indudablemente es altamente riesgosa y con un sinfín de eventos que nos exponen a cada momento.

El policía por naturaleza, experiencia, formación y capacidad debe estar siempre alerta, es decir mantenerse compenetrado con la función, lo que significa en la escala de Cooper estar siempre en amarillo (Atento).

En la actualidad pasa totalmente lo contrario se muestran funcionarios policiales en blanco (Distraídos) descompenetrados de su función. Se han visto uniformados en unidades autobuseras, caminando por el centro de la ciudad, haciendo compras, utilizando su equipo móvil celular por largos períodos y haciendo visitas amorosas en tiendas y farmacias.

Los más osados llevan los paquetes de sus “escoltados” impidiéndoles realizar cualquier movimiento de acción inmediata y los más atrevidos tienen por costumbre sentarse de espaldas a la vía pública tras visitar lugares o restaurantes populares. Sin contar aquellos que se duermen o simplemente prefieren conversar con sus vecinos o amigos, estando franco de servicio, aún uniformados o rajuchos dejando mostrar por supuesto su arma de reglamento, en algunos casos asignada y con su proveedor extra largo (El anti táctico y famoso cocosete).

Pasando por alto el resguardo de su protección e integridad física ante su propio aspecto humano y dándole paso al dicho cuando coloquialmente dicen que “el policía está pagando 2,20”.

De esta misma acción y en consecuencia surgen las siguientes interrogantes: ¿Se supervisa? ¿Quien supervisa? ¿Con que frecuencia se supervisa? Toda esta serie de eventos dan paso a que se generen situaciones inesperadas y previas a un estado de alerta máxima que muy pocas veces son a favor del funcionario.

Es por ello  deben realizarse estrategias y en esencia el seguimiento de estas actuaciones de modo que pueda combatirse la falta de integridad policial, la que consiste en reducir las oportunidades y aumentar las probabilidades de que dicha conducta tenga consecuencias.

Mitigando totalmente el riesgo mediante la concienciación personal de cada uniformado a través de ojo incesante de la supervisión.

@desireeparraf @desiree_parra

 

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