Un chef con alma filantrópica: Kike Barboza

Foto: Krisphofer Castillo

Chef, filántropo y papá. Kike Barboza es un hombre profesional del arte culinario dedicado desde hace seis años ha rescatar la gastronomía criolla con su local de comida en el Aeropuerto La Chinita de Maracaibo. Ha recorrido el mundo comprobando la diversidad de sabores y estilos del globo terráqueo, pero su mejor travesía fue convertirse en padre.

La cigüeña tocó su puerta a los 19 años con su primogénita Gabriela, quien hoy tiene 30 años y vive en Chile. La crianza de Kike en un hogar amoroso y basado en los valores, hicieron de él un hombre dedicado a sus hijos, a pesar de no haber crecido con sus padres biológicos, sino con sus abuelos maternos. Para él, su mamá y su papá.

Tres retoños más vendrían  años después, frutos de tres infortunados amores. Carla de 24, Alejandro de 17 y Camila de 15. Todos viven en el exterior actualmente.

Pero a Kike le motiva algo más. “Yo no me he ido del país porque yo siento que nací para dar comida”, dice. Acción que ejecuta silenciosamente. “¿Desde cuándo?”, pregunto, no lo sabe ni lo cuenta. Barboza hace con frecuencia una “olla comunitaria” en distintos sectores de la ciudad para personas que, sorpresivamente, no sólo están en situación de calle, sino personas de clase media que no tienen para alimentar a sus hijos.

 

Vivir para servir

“Si quieres desarmarme solo debes decirme que tu hijo está sin comer y yo te puedo dar hasta mi último plato de comida”, cuenta el chef zuliano, quien es fiel colaborador de distintas fundaciones de la región, entre ellas, el Hospital de Especialidades Pediátricas, allí lleva a cabo su labor filantrópica con los niños, conociendo a cabalidad la dieta de un enfermo con cáncer, “nada de fritura, amarillo 5, nada con cola negra, ninguna comida procesada”.

Afortunadamente su vida ha estado llena de dicha y nunca ha tenido en su familia a un enfermo con cáncer, sin embargo, para él, un niño es un ser débil e indefenso, de allí inicia su labor como padre cocinero y adoptivo de cada niño que se dispone a comer su suculenta comida.

“¿Sabes cuantos niños se van a la cama sin haber comido?”, pregunta Kike a manera de reflexión. “Ser padre es la mejor experiencia que se pueda vivir, pero traer un niño al mundo en las condiciones que esta el país es una irresponsabilidad, se debería tomar en cuenta cuántos niños se van a la cama sin nada en el estómago”, sentencia.

“Una vez me llego un señor al local a decirme que su niña tenía hambre y no tenía con qué darle de comer”, cuenta el chef al refirse a uno de muchos casos  que día a día tocan las puertas de su negocio, por esto,  lucha por erradicar el hambre con las ollas comunitarias que realiza semanalmente y a la que asisten, aproximadamente, 100 personas para agradecer por tan generoso gesto.

Kike Barboza es sólo uno de los muchos zulianos que se dedican a ejecutar acciones filantrópicas silenciosas para cubrir la necesidad básica de muchos, comer.

 

 

Noryelín Faría

 Noticia al Día

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