Mercado de Santa Rosalía: Tradición marabina y herencia familiar

Foto: Mysol Fuentes

En pleno bullicio del centro marabino emerge una estructura que ha sabido llevar los años, su pintura azul rasgada susurra cuánto sol ha llevado. Ubicado en la avenida 17 del sector Arismendi, parroquia Chiquinquirá de Maracaibo, el Mercado de Santa Rosalía alivia los bolsillos de quienes por tradición acuden a abastecerse de víveres, hortalizas, frutas, lácteos y toda clase de artículos.

Edgar Cardozo transformó una pequeña tienda en un gran abasto surtido

Su fundación, de acuerdo a lo que se tiene registro, data de 1938, cuando aún no tenía techo ni estructura, era un mercado libre, como el de “Los Buchones” según comenta Edgar Cardozo, quien heredó de su padre el Abasto Cardozo, un pequeño local en el que se vendía granos por kilo y que hoy es Víveres Cardozo.

Añade que en el mercado todos los negocios han pasado por generaciones familiares, algunos han mantenido el rubro y otros han migrado de local, pero nunca abandonaron esta, su casa.

En la administración del lugar tienen registro de funcionamiento como mercado municipal a partir de abril de 1963, durante el gobierno de Rómulo Betancourt, cuando se levantó parte de la estructura y el techo, sin embargo, no dejaba de ser un mercado libre.

En sus inicios, comenta Cardozo, cada vendedor tenía un rubro específico, “el que vendía arroz, era arroz, el que vendía azúcar igual, cada quien vendía lo suyo y eran pocos”.

El palacio de las verduras es uno de los engocios más antiguos del mercado

En la actualidad, las pequeñas casillas fueron transformadas en locales, desde la administración señalan que los comerciantes están debidamente censados y agrupados en asociaciones. Al rededor de 100 casillas conforman todo el mercado y el aporte económico por condominio va dirigido básicamente a limpieza y seguridad interna.

Recalcan además que en el año 2000 el mercado fue rehabilitado, bajo la gestión de Manuel Rosales,  colocaron aires acondicionados, que ya no se encuentran operativos por falta de mantenimiento.

De males y malestares está lleno, sin embargo, su padecer eterno han sido las aguas negras, que inundan el lugar hasta las rodillas. Actualmente cuentan con un plan de servicio permanente que se encarga de evacuar las cañerías cada tres meses para evitar que colapsen, informó la administradora.

Los clientes pueden caminar, mirar y comprar con tranquilidad en un ambiente seguro

Un aspecto limpio y tranquilo recibe a los clientes, no se perciben malos olores a pesar de algunas aguas estancadas en ciertos rincones. La variedad impregna el lugar, desde víveres hasta verduras, pasando por carnicerías, venta de animales vivos y alimento para mascotas por kilo.

En sus instalaciones, además de comercio funciona un ambulatorio de Barrio Adentro que cuenta con Odontología y medicina preventiva, que atiende tanto a comerciantes como vecinos del sector.

Una leyenda cuida el Mercado de Santa Rosalía

Romer Lugo conoce todos los secretos que alberga el mercado

Un aspecto singular y una actitud servicial es la clave que determina los ingresos que se lleva a diario Romer Lugo, cuidador de carros del mercado y una pequeña leyenda ambulante, que con tan sólo 2 años de edad ya daba sus primeros pasos en el recinto.

Se regocija al recordar lo mucho que ha presenciado en su existencia, y aclara que la mayoría de lo que sabe se lo dijo su papá, Segundo Ramón Velarde, quien era boxeador y empezó como vendedor de periódicos allí mismo, alrededor del año 1946, durante el gobierno de Medina Angarita, “cuando la cosa estaba buena”, asegura.

Su primer trabajo como ayudante en una venta de bollitos pelones, los bollitos de Mamía, lo hicieron recorrer cada día el mercado alrededor del año 72. Recuerda que a las 5 de la mañana ya estaba abierto, “cada quien en sus puestos. Unas casillitas pequeñas, no como las de ahora”. También añade que para esos días el mercado se resguardaba de un bahareque y un “pedazo de techo de zinc”.

Lugo, viaja en el tiempo y rememora las dificultades que ha sufrido el mercado, asegura que la cañada Morillo ha amenazado en varias oportunidades con desaparecer el concurrido centro. “Una vez se metió con tanta fuerza que hasta el Terminal fueron a dar los sacos de papa, eso fue devastador, aquí no quedó nada”.

Anécdotas alegres del mercado dice tener muchas, “cuando Pérez Jiménez, aquí hacían fiesta en Carnaval, bailaban, hacían shows”, allí su mente se deja correr libre y agrega, “Ciro Torres se disfrazaba de Charro y había uno que hacía de Celia Cruz, eran tremendos fiestones, eso me lo contaba papá”.

A la memoria de Lugo llegan muchos recuerdos que de golpe quiere comentar, se agrupan en su mente y los va soltando, dice que los primeros puestos formales fue una venta de discos y luego casetes, la quesera de Augusto Villalobos, que aún permanece en la entrada lateral del mercado, y el Palacio de las Verduras, que ahora dirige Jhon Manzanares, un heredero del negocio.

El tiempo ha cambiado la estructura de los negocios, su organización y hasta la forma de vender pero lo que ha sido imborrable es el amor por el lugar, una plaza que seguirá formando parte de las familias por muchas generaciones más.

Norelys Mártínez
Fotos: Mysol Fuentes
Noticia al Día

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