Hoy cumple 57 años Amílcar Boscán, “el sonero intelectual”, por León Magno Montiel

Cortesía

En el año 1979 me encontraba terminando el bachillerato en el Colegio Gonzaga cuando estalló la noticia: “Entró a Guaco un nuevo cantante, es un chamito desconocido”. Ese cantante era casi un adolescente, con nombre y rostro muslime: Amílcar. Se definía como un fanático del beisbol, seguidor del cantar de Héctor Lavoe y amante de la gaita, la que había aprendido en grupos  aficionados del sector La Limpia de Maracaibo, donde residía.

Ese joven cantante era Amílcar Boscán, marabino nacido el 17 de mayo de 1960. Se convertía en el integrante más joven del Grupo Guaco. En tan sólo en cinco años de trabajo en la innovadora agrupación, logró dejar su impronta, marcó la tercera etapa evolutiva de ese proyecto, enmarcada entre 1979 y 1984. Conformó una gran dupla con el compositor Ricardo Hernández, el autor de los éxitos: “Movidita” (1980), “Billetero” (1981), “Pastelero” (1982), “Un cigarrito y un café” (1984) y antes, “Cepillao”:

“Un cepillao
yo tengo el sabroso cepillao
dándole y dándole al pedal
porque el burro lo tengo
empeñao”
(Hernández, 1983)

Durante ese intenso período de trabajo musical, Amílcar recorrió todo el territorio nacional, actuó con Guaco en grandes escenarios: discotecas, ferias y hasta en puertos fluviales. Hizo televisión en espacios estelares, con cobertura nacional. Comenzó a lidiar con las entrevistas y pautas promocionales. Eso representó su mejor entrenamiento, antes de comenzar en 1985, con buen apresto, su carrera en solitario, iniciar su desarrollo como cantautor.

Su primer álbum lo arregló el pianista  Alejandro Ávila, quien fue su compañero en Guaco. Incluyó  temas de Heriberto Molina y de su propia cosecha. Fue un despertar al género salsa. Contó con el respaldo del sello Sono-Rodven y logró sus primeros éxitos como cantante del género salsa. Sonó en toda Venezuela con los temas  “Señorita de 15 años” y “Amor de madrugada”. Tuvo un gran aval del maestro Amador Bendayán y de su programa sabatino en Venevisión. Con el tema “Apariencias”,  letra de Heriberto Molina y música de él,  sonó en todo el país y en varias urbes del Caribe:

“Apariencias
sin medir las consecuencias,
fingiendo lo que no soy.
Apariencias,
en el club la piscinada, brindando a mi enamorada,
mi salario en un fruitpunch.
Apariencias porque en la noche te quise,
sin saber no bailo triller,
el breakdance y el rockandroll.
Yo festejo, pero no me siento en nada,
pues mi vida está impregnada
de salsa, merengue y son”
(Molina y Boscán, 1985)

Nuestro sonero Boscán, siempre profesó admiración por Héctor Lavoe, era una ceremonia casi religiosa en su casa,  escuchar su música. Ese hecho moldeó sus influencias como cantante. En su álbum del año 1994, le rindió un hermoso tributo al cantante de Ponce. En Amílcar también crecía la admiración por el trombonista Willie Colón, productor de Lavoe y de Rubén Blades. Al músico neoyorquino lo conoció en un concierto que realizó en Miami, durante su estadía en los Estados Unidos en el año 1989. Allí comenzó una fructífera relación profesional de compositor-productor; que ha llevado a Colón a confesar: “Amílcar es mi compositor predilecto”. Muestra de ello, es que el maestro nativo del Bronx, le ha grabado una veintena de obras.

En paralelo a la música, que llenaba su vida, Amílcar comenzó en 1980 la carrera de Derecho en La Universidad del Zulia. Obtuvo el título de abogado el 6 de mayo 1986, en la promoción “Simón Bolívar”. En la actualidad ejerce como asesor jurídico de varias empresas venezolanas y se prepara para celebrar dentro de poco, los 30 años de carrera en el mundo de las leyes. Su madre Dalia Parra recuerda que  cuando Amílcar tenía 8 años de edad  sentenció: “Yo voy a ser abogado”.

Su discografía como cantautor comprende ocho álbumes: el primero editado en 1986  “Amílcar” con respaldo de Sono-Rodven. En 1988 salió “Mujer de piedra”. En 1989 publicó “Solamente Amílcar” con la licencia de  TH-Rodven. En el año 1991 lanzó el álbum “Realidades” contentivo del éxito “¿Por qué?”. En 1993 presentó el exitoso “Durando”. En el año 1994 impactó en el mundo de la salsa con “El Caribe en Nueva York” donde cristalizó el homenaje a su ídolo boricua Héctor, con el tema “In memorian Lavoe”. En 1998 presentó la producción “Todo es relativo”. Y en el 2013 nos entregó su álbum “Revelaciones” que incluye el tema “El parcero”, vocablo callejero que nació en las barriadas de Medellín, Colombia. Connota: el amigo, compañero. Esa canción es la  semblanza de un soñador paisa, que llega buscando fortuna al populoso condado de Queens en Nueva York, y se ve envuelto en una sórdida realidad, que lo coloca al margen de toda legalidad.

“En una esquina de Queens
me encuentro a mi parcerito
de frente con el oficio
que  lo puede destruir”
(Boscán, 2012)

Amílcar vivió un momento estelar como compositor cuando participó en el álbum del reencuentro del poeta de la salsa Rubén Blades y el maestro Willie Colón en 1995. En esa producción, tanto el cantante panameño como el neoyorquino grabaron seis temas. Willie eligió tres canciones de la autoría de Amílcar, entre los que estaba “Talento de televisión”. Para ese momento ya era un clásico en todo el Caribe el tema “Los olores del amor” que grabaron a dúo Amílcar y Colón en San Juan, Puerto Rico, con la asesoría del director de orquesta Cuco Peña:

“Sé que el amor deja olores de tierra y azufre si fuimos culpables,
deja un roce de aceite y vinagre si fuimos la clave: del dolor.
Sé que el amor deja olores de frutas y rosas si fuimos leales,
deja un roce de pan y de azúcar si fuimos la clave: del perdón.
Cuando es sincero lleva por dentro
un olor a vida que va dejando un gran sentimiento.
Cuando es incierto lleva por dentro
un olor a muerte que va dejando un gran sufrimiento”
(Boscán, 1992)

Gracias a su música, Amílcar Boscán ha realizado varias giras por Colombia, Perú, Panamá y Estados Unidos. Ha recibido el merecido reconocimiento. Su talego autoral contiene cerca de 180 obras publicadas, que lo catapultan como un creador respetable y reconocido.

En los domingos de solaz, Amílcar se llena de nostalgia y añora las caimaneras de beisbol con sus vecinos, realizadas en el terreno de la calle 80-B de la Urbanización Las Lomas. Anhela las parrilladas familiares junto a Sundín Galué, Alejandro Ávila, Carlos Adrianza, su leal amigo desde el liceo “Caracciolo Parra Pérez” en el decenio 1970. Y especialmente rememora la presencia de su hermano-hijo Gustavo José Almarza, quien murió en un accidente de tránsito, pocos días antes de su boda, el 24 de julio de 1999; con apenas 25 años de edad. Sin duda, el momento más difícil y doloroso en la vida de Amílcar. Le costó años recuperarse de esa pérdida. Le fue muy arduo sobrellevar ese luto profundo siendo músico, encarnando un vector de alegrías en los escenarios. Como dijo Imre Kertézs: “El dolor se había apoderado de él por completo, como una enfermedad”.

Esas nostalgias con aromas de fraternidad, que cada domingo viajan del pretérito al presente, lo llevaron al reencuentro con Ricardo Hernández,  para grabar y actuar con su banda Sentimiento Nacional. Interpretó temas que tenían una reminiscencia guaquera: “Las mujeres y la cirugía”, “El dominó”, “Gaita foránea”. Esa incursión supuso el reencuentro con Daniel Somaroó, Nelson Arieta y Sundín Maquiavelo Galué:

“Es que cuando estáis tan lejos
por lugares muy remotos
te acordáis de Douglas Soto
no veis a Renato, ni al Ovejo.
Y yo me pongo a pensar
Maracaibo está gozando
con los gaiteros cantando
y  ya me quiero enferiar.
Mejor no sigo pensando
porque me pongo a llorar”
(Hernández, 2010)

Amílcar Jesús Boscán Parra siente apego al mundo intelectual, es un respetado articulista en varios diarios y páginas web. Es un devorador de libros de historia, lo atrapan las crónicas del cristianismo antiguo y es un respetado  orador. El mundo de las leyes le ha dado destrezas especiales para el litigio, así como la música y poesía le ha dado habilidades especiales para conectarse con el púbico latino. Es un intelectual al servicio del bailador, que tiene prestigio entre los mejores salseros del mundo y la admiración de los compositores y cantantes gaiteros que lo vieron nacer y crecer como artista.

La dimensión familiar de Amílcar Jesús es poco difundida, pero es la de mayor peso en su vida. Es un hombre atento a sus seres más significativos; su madre Dalia, su padre Amílcar, sus ocho hermanos. Su hermosa esposa es Iracsis Bello, dama margariteña con quien se casó en 1995, y conformaron un hogar con tres hijos: Amílcar Andrés, Diego Andrés y Camila Isabel.

La inteligencia de Amílcar Boscán para crear música, es un faro en la niebla, que guía a los bailadores del continente, en estos tiempos de bruma y síncopa. Por alguna razón,  en la antigua Cartago, el nombre Amílcar significaba: “el que manda en la ciudad”.

Crónica: Leon Magno Montiel 

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