El renacer de una lengua dormida (Video+Infografía)

En el salón de sexto grado de la Escuela Dr. Jesús María Portillo, ubicada en Santa Rosa de Agua, 20 niños entonan las notas del himno nacional de Venezuela. Aunque la música es la mismo que se escucha en cada rincón del país, la letra es un canto a la defensa de su identidad añú.

Keini añun kareikan   (Gloria al bravo pueblo)

achoton mürata         (Que el yugo lanzó)

koütürü weinrukar     (La ley respetando)

jümo añunwakar        (La virtud y honor)

En 2007, Heberto Ortega comenzó a entender lo que significaba pertenecer a una etnia indígena a la que se le estaba muriendo el idioma. Lo que despertó su preocupación fueron los esfuerzos que ese año la Unicef invirtió en las comunidades añú para revitalizar una cultura que estaba perdiendo su principal vehículo de expresión.

Ese mismo año, con el apoyo de Unicef, 600 niños participaron en los programas educativos que impartieron decenas de promotores dentro de las comunidades añú. Precisamente gracias a esas investigaciones y del empeño de Heberto y otros tantos, hoy los niños de la Escuela Dr. Jesús María Portillo han podido rescatar de sus genes una lengua que a sus ancestros se les prohibió pronunciar. Poco a poco, palabra a palabra, los jóvenes se convierten en la esperanza de volver a escuchar, en las orillas del lago de Maracaibo, los sonidos de su cultura.

Heberto Ortega, profesor y defensor de la cultura añú

Fue Heberto, que en ese entonces fungía como subdirector de una escuela indígena, el que propuso a la Zona Educativa incorporar maestros de añú a los centros educativos de las comunidades paraujanas.

Él, junto con investigadores de la Universidad del Zulia, se encargó de preparar a las dos primeras maestras de añú de Santa Rosa de Agua. Les enseñaron que su idioma pertenecía a la familia arawaka, la más extendida e importante familia lingüística de América del Sur. Y les ayudaron, con la asesoría de Jofrys Márquez (el último hablante), a pronunciar sus vocablos.

El mayor reto para Heberto no es enseñar a los niños una lengua en extinción. Es hacer que los niños se sientan identificados con esos sonidos y con toda la simbología que hay detrás de cada palabra. “Para mantener la identidad no solo hay que conservar el idioma. Hay elementos culturales que también inciden en la construcción de identidad”. Por eso, gracias al Movimiento Cultural Paraujano, Unicef y la Universidad del Zulia, se han impreso en añú al menos una decena de cuentos y cartillas de lectura para niños, con la intención de hacer más pedagógico el camino  a la memoria.

Antes de que los colonizadores lo prohibieran, el añú era un idioma extendido en las comunidades indígenas de Sinamaica, El Moján, Santa Rosa de Agua, Isla de Toas, Catatumbo y Maracaibo. Pero el miedo fue acabando con él. En el siglo XVI, las mujeres les recomendaban a sus hijos hablar castellano para sobrevivir y solo pronunciaban su idioma en la clandestinidad.

Existen sólidos estudios descriptivos del añú realizados por la lingüista francesa Marie-France Patte, productos de sus visitas de campo, que atestiguan que para 1974 solo unas diez ancianas hablaban el idioma.

“Lo primero que te quita el poder es la memoria, el pasado, aquello que te da solidez”. José Quintero Weir es doctor en estudios latinoamericanos, especialista en lenguas y culturas indígenas de América. Su árbol familiar es la encarnación de la historia de su pueblo: un abuelo irlandés, de los cientos que se asentaron en las comunidades pesqueras del estado Zulia, y una abuela añú que poco a poco fue reconstruyendo su identidad calcando moldes occidentales.

“Al principio —describe Quintero— fue el poder colonial, el poder de la conquista, pero eso ha continuado hasta el presente. Ahora, es el Estado el poder que les quita la memoria a los pueblos indígenas”.

Por eso, sin el compromiso político de las instancias del Estado es imposible recuperar una lengua en camino a desaparecer. “Rescatar una lengua —agrega Quintero— no es solamente un problema lingüístico, es un problema político, es una decisión que debe tomar el propio pueblo”.

Desde la Unidad de Estudio Sobre Literatura y Culturas Indígenas de LUZ, Quintero acaba de culminar “El libro de los añú, palabra y pensar de la gente del agua”, la última obra académica que recoge la cosmovisión de sus ancestros, y que espera que pueda ser reivindicada por su descendencia.

Escuelas de las comunidades añú reparten material didáctico para enseñar la lengua

 

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Infografía: María Daniela Ramírez

Foto: Rafael Bastidas

Estefanía Reyes

Noticia al Día 

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