De Interés: tolerancia para encontrar soluciones (María Elena Araujo Torres)

María Elena Araujo Torres

 Tener tolerancia es una tarea difícil, sobre todo si se trata de practicarla con personas pendencieras, agresivas, empeñadas en creer tener siempre la razón. Sin embargo, es posible si realmente estamos convencidos de querer transformarnos primero para poder encontrar la calma en las alegrías extremas o en el caos.

Avezados en el comportamiento humano saben que también las alegrías desbordadas pueden afectarnos, pues ya se ha demostrado que no solo la rabia o el miedo desestabilizan la buena salud. Esta aclaratoria es a propósito de la búsqueda continua por parte de muchas personas respecto a la paz en su vida y en consecuencia entre quienes puedan rodearle.

La tolerancia como comportamiento, como práctica, es indudablemente el primer gran paso. Son escasas las personas que han logrado practicarla con absoluto éxito, y quienes lo han hecho se consideran hasta santos por el hecho de mantener la sindéresis y comprensión ante hechos o personajes violentos. Se caracterizan por practicar la calma dentro de las tormentas, conducta nada fácil pero indiscutiblemente garante de perpetuar los objetivos.

Algunos de los ejemplos más reconocidos fueron representados  por famosos personajes como la Madre Teresa de Calcuta, Ghandi. Trabajando, haciendo, practicando bondad, enfrentando con calma, silencio, sin perder la calma, lograron enfrentar situaciones difíciles, hombres poderosos en lo político y económico. Y no solo los desafiaron sin arrogancia, altivez o términos soeces, sino que lograron sus objetivos que principalmente fueron defender los derechos de niños, jóvenes y adultos desvalidos, sin recursos académicos, laborales, económicos, con hambre, sin servicios públicos de salud, sin derechos civiles. Ambos, con sus figuras delgadas, de baja estatura, pero con un alto sentido de verdadera filantropía y justicia social lograron cambiar parte del mundo con perseverancia y auténtica tolerancia.

Los casos referidos son la punta del iceberg en cuanto a la verdadera práctica de la tolerancia como conducta indefectiblemente  exitosa ante poderíos humanos difíciles de enfrentar y mucho menos de controlar o someter.

La tolerancia se basa en el respeto hacia lo otro o lo que es diferente de lo propio, y puede manifestarse como un acto de indulgencia ante algo que no se quiere o no se puede impedir, o como el hecho de soportar o aguantar a alguien o algo.

En las relaciones humanas tolerar es traducida como aguantar, soportar o aceptar. Sin embargo, la verdadera tolerancia más que soportar debe ser intentar comprender a la gente o los escenarios que se contraponen a nuestra forma de ser o ideales, practicando verdaderamente el respeto en relación a las prácticas o creencias ajenas, siempre y cuando éstas no laceren al prójimo. Incluye reconocer las diferencias culturales, religiosas o conductuales.

Se podría decir que sin tolerancia difícilmente podríamos vivir en comunidades, pues además de las diferencias sociales cada persona tiene conductas personales que en un momento dado o con frecuencia difieren de las nuestras. La tolerancia incluye aceptar opiniones o comportamientos diferentes a nuestro entorno. Insistimos en el hecho de que la tolerancia no es ni alcahuetería ni complicidad con las conductas dañinas al prójimo.

La tolerancia no incluye pasividad. Se puede ser tolerante, respetuoso sin que ello se traduzca en inmovilidad, en aceptar sin criterio propio todo lo que ocurra alrededor o la posición respecto a determinadas situaciones, alguna persona o grupo social, pueda detentar. Una cosa es la tolerancia y otra es la falta de discernimiento, con respeto, intentando por difícil que sea, ponerse en el lugar del otro.

Se podría afirmar que la tolerancia más que una conducta es una virtud que permite dirimir conflictos para encontrar soluciones cercanas al beneficio equilibrado de todas las partes, también permite cultivar el entendimiento como factor básico en las relaciones humanas para propender a mejor salud mental y en consecuencia a la paz.

María Elena Araujo Torres

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