Cada dos semanas desaparece una lengua en el mundo

Se dejó de hablar. Nadie la conversa. Ninguno la recuerda. Se murió su último hablante. Se extinguió una lengua: ¿Cómo ocurrió? ¿Qué importancia tiene que se pierda una cuando hay tantas otras? ¿Qué significa la muerte de una lengua para la humanidad?
Una lengua no es solo un idioma, es una forma de transmitir pensamientos, es una cultura, una parte de la humanidad. Perder una lengua es perder una forma de ver el mundo.

Así lo explican los lingüistas, y a ellos se suma José Quintero Weir, profesor de la Escuela de Letras de la Universidad del Zulia y doctor en Estudios Latinoamericanos con especialidad en Lenguas y Culturas Indígenas, quien asegura que perder una lengua es un problema de reconocimiento, de memoria, de cultura.

  “Con la colonización se extinguieron alrededor de 150 lenguas en toda Latinoamérica”, asegura Quintero Weir.

“En Venezuela, 1500 años después de la colonización española, quedaron 34 de 56 lenguas que se hablaban. Hay muchas causas por las que se pierde una forma de hablar, pero la que más ha imperado en el mundo es la desaparición por la dominación de otra. Cuando una lengua se impone y la otra mengua”, indica Quintero Weir.

Los colonizadores llegaron, conquistaron las tierras, impusieron su cultura y, con ella, su lengua: el castellano.

“Definitivamente los que tienen el poder te dominan. Son naciones distintas. La mayor suprime a la menor. Te cambian la vida, la cultura, todo lo que haces, hasta la libertad de autosostenerte. Te imponen hablar su lengua, que es su forma de expresarse sobre las cosas y no es solo un idioma, una lengua implica una visión. Perdemos una visión. Si observamos el dibujo de un tronco leñoso, grueso y alto, con ramas… Nosotros, que hablamos español, diríamos que es un “árbol”. Pero un indígena, añú por ejemplo, lo reconocería como “kuunkarü” (K= Propiedad; Uu= Madre; Karú: Madre que provee). La sociedad occidental lo identifica en masculino, porque es patrialcal, los indígenas son una sociedad matrialcal. No es la misma visión, ni el mismo concepto. Es solo un ejemplo de cómo una lengua significa una forma de ver el mundo”, señala Quintero Weir.

La palabra “cacique” tampoco existía. Fue inventada por los españoles. Los colonizadores creían en el liderazgo, en jefes, en el yoismo… Los indígenas eran de asambleas, su concepto de solucionar problemas eran entre todos, creían en el “nosotros”. Pero si te comienzan a imponer: “Mi jefe no va hablar con todos. Solo hablará con tu jefe”. Entonces, ya hay un cambio. Hay la necesidad de ajustarse.

José Quintero Weir, profesor de la Escuela de Letras de la Universidad del Zulia y doctor en Estudios Latinoamericanos con especialidad en Lenguas y Culturas Indígenas, asegura que perder una lengua es un problema de reconocimiento, de memoria, de cultura.

La religión también se impuso. Los chamanes, hombres que se les consideraba sabios en la cultura indígenas, fueron identificados como brujos, perseguidos y enjuiciados por herejes.

“La cultura dominante te hace sentir avergonzado de lo que tú eres. Te quita tu espacio. Sienten que si hablas tu idioma estas conspirando contra el poder. Por lo tanto se te prohíbe hablar tu lengua. Los indígenas que desobedecían se les golpeaba, se les encerraba, se les castigaba… Y si uno era considerado rebelde y peligroso, se le podía incluso cortar la lengua para que no hablara y no pudiera conspirar en secreto, en idiomas desconocidos para los españoles”, indica José Quintero Weir.

Pero no solo eso, el especialista explica que muchas lenguas en Latinoamérica también desaparecieron con la muerte por enfermedades que trajeron los españoles, quienes al conquistar la tierra también se adueñaron de las mujeres, las violaron, las sometieron y trajeron sífilis y gonorrea, enfermedades venéreas, además de la viruela. Tribus completas murieron por plagas transmitidas por los colonizadores y con ellas se perdieron sus lenguas.

Los científicos estiman que hay unas 6.000 lenguas vivas en el mundo, de las que se cree que aproximadamente el 90% desaparecerá en los próximos dos o tres siglos.  

“Con la colonización se extinguieron alrededor de 150 lenguas en toda Latinoamérica”, asegura Quintero Weir.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) calcula que cada dos semanas desaparece una lengua en el mundo y algunas de las orientaciones principales de la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural, aprobada por organización en 2001, consisten en salvaguardar el patrimonio lingüístico de la humanidad y el fomento de la diversidad lingüística.

Las guerras, invasiones y colonizaciones pueden hacer desaparecer físicamente a los hablantes de una lengua o cambiarla por otra, con lo que la lengua desaparece con ellos.

También los desastres naturales y las epidemias son causales de la muerte de una lengua, así como la presión económica, cuando los hablantes consideran que sus hijos tendrán un mejor futuro si aprenden una determinada lengua. Entonces, en unas dos generaciones la lengua original estará en peligro de desaparición.

“Eso ocurre actualmente con el inglés. Es la llamada lengua universal. La economía, la globalización te señala que debes aprenderla, que es bueno y que quien la aprende tiene más posibilidades de avanzar. No obstante, aún hoy día los indígenas son avergonzados, considerados inferiores. A veces, algunas personas se refieren a un wayúu como ignorante. Sin saber que la mayoría son bilingües (hablan wayunaiki y español) y científicamente está comprobado que quien habla más de una lengua desarrolla más la potencialidad del cerebro”, resalta José Quintero Weir.

La opinión es compartida por la lingüista argentina Violeta Demonte: “Este es un asunto importante, pero no tanto por la vitalidad del español, que no está en duda, sino porque hay un serio conflicto con las lenguas grandes y poderosas, sobre todo el inglés. La expansión de estos idiomas produce la desaparición de muchas lenguas: las pequeñas, las tradicionales, las que no tienen detrás de sí al poder. La globalización pone en evidencia que las lenguas de pocos hablantes no sirven para la industria de la cultura. Los lingüistas tenemos la obligación de velar por el mantenimiento de ellas, porque cada vez que muere alguna, se pierde diversidad cultural. Es nuestra responsabilidad hacer archivos, diccionarios y gramáticas para ayudarlas a vivir y, en última instancia, quede noticia sobre ellas”.

Los expertos consideran que una lengua está amenazada cuando los niños ya no la aprenden como lengua materna. Es decir, cuando los padres transmiten a sus hijos una diferente de su propia lengua nativa.

Los especialistas aseguran que otras veces una lengua puede morir, no por un cambio, sino por una evolución lingüística que afecta tanto a su fonología como a su gramática, de tal manera que la lengua reflejada en los escritos difiere de la lengua hablada. Con el tiempo los nuevos hablantes que no han recibido entrenamiento formal en los textos más antiguos de la lengua no son capaces de entenderla y entonces se dice que la lengua reflejada en el escrito es una lengua muerta diferente de la lengua hablada sobre la cual los hablantes nativos tienen intuiciones sobre sus estructuras sin necesidad de haberlas estudiado formalmente.

“Este caso ha sido muy frecuente en la historia y es el modo en que se convirtieron en lenguas muertas el latín, el chino clásico, el sánscrito, el egipcio clásico. Todos ellos evolucionaron dando lugar a lenguas diferentes”, señalan las investigaciones.

Los científicos estiman que hay unas 6.000 lenguas vivas en el mundo, de las que se cree que aproximadamente el 90% desaparecerá en los próximos dos o tres siglos.

La sobrevivencia de las lenguas que están en peligro de extinción se enfrenta actualmente a los procesos socioeconómicos que conducen a su abandono o declive. Los expertos también consideran que una lengua está amenazada cuando los niños ya no la aprenden como lengua materna. Es decir, cuando los padres transmiten a sus hijos una diferente de su propia lengua nativa. Demográficamente, al envejecer y morir las generaciones que conocen la lengua, el número de hablantes de esta se reduce dramáticamente.

“Habrá cosas sobre las que seremos incapaces de expresarnos con naturalidad: sobre todo en lo referente a lo más propio de nuestra cultura”.

José Quintero Weir señala que una lengua minoritaria puede conservarse con un esfuerzo conjunto de la sociedad. A sus hablantes se les de ofrecer una base de sustento autóctona, garantizarse un sistema educativo propio para la población y debe respetarse la institucionalidad de los hablantes.

Coloca como ejemplo del rescate de una lengua el hebreo con el Estado de Israel, en 1942. Se estableció que sería el idioma de uso cotidiano, mientras que el inglés se sigue usando para documentos oficiales.

Otro ejemplo, es el finlandés en Finlandia, que fue instaurado y promocionado como lengua oficial por el gobierno tras la independencia. La lengua estaba amenazada por el prestigio del sueco, que actualmente también es lengua oficial del país.

Enrique Bernárdez, experto en lingüística de la Universidad Complutense de Madrid, asegura que al desaparecer una lengua se pierde también una cultura única, que está indisolublemente unida a ella. “Pero no es solo eso: ¿Qué sucede con los hablantes de una lengua que está desapareciendo? Cualquier que haya vivido durante cierto tiempo en un país con otra lengua y otra cultura, podrá comprender lo que se siente. Por muy bien que hablemos una lengua extranjera, habrá cosas sobre las que seremos incapaces de expresarnos con naturalidad: sobre todo en lo referente a lo más propio de nuestra cultura y de nosotros mismos, nuestros deseos, experiencia y anhelos”.

Hay cosas tan ligadas a nuestra lengua propia que difícilmente podremos expresarla en otras, y entonces nos faltará un pedazo de nosotros mismos. Cuando una lengua desaparece, una parte de mí y una parte de ti mueren también.

Te invitamos a leer también:

El último hablante añú

El renacer de una lengua dormida (Video+Infografía)

Maidolis Ramones Servet

Fotos: David Contreras

Noticia al Día

No olvides compartir en >>


á