Julio Reyes en la cima de la montaña

Solo por ratos su celular deja de sonar. Todos esperan sus directrices. Todos tocan la puerta de su oficina en busca de una aprobación.

Desde que puede recordar, Julio Reyes despierta cada mañana trazando en su mente una meta. Y si la cumple en cualquier porcentaje, dice, ya es una victoria.

En los pasillos de la Universidad del Zulia (LUZ), a mediados de los 80, ideó varios objetivos, motivado por dos fuerzas que siempre lo han movido: el periodismo y la política.

Aun sin la aprobación oficial que otorga un título, empezó a ejercer el oficio que tanto amó “Gabo” en los pasillos de la Escuela de Periodismo de LUZ cuando cursaba el tercer semestre de la carrera.

—Fue un diario mural. La idea surgió por una inquietud de varios compañeros que querían comenzar a escribir y hacer periodismo desde el primer semestre. Cada uno redactaba un artículo, con las características de un periódico, y lo pegaba en una pared.

Pero Julio quería algo más, quería un cambio.

Con el espíritu rebelde que acompaña a la juventud y encuentra un espacio en la universidad, participó en grupos políticos para “transformar las cosas”.

—Éramos rebeldes, como se suele ser a esa edad, y queríamos cambiar las cosas para tener una mejor sociedad.

Y quien lo hace desde los salones universitarios, comenta, siempre querrá ir de los cambios pequeños a los grandes. Así, Julio quería transformar la Escuela de periodismo para que los estudiantes tuviesen mayor conciencia y responsabilidad profesional, luego quería transformar la universidad para que se comprometiera más con el cambio social, después quería transformar la sociedad y, finalmente, quería transformar el país.

—Es el idealismo y utopía del universitario que llega a los 18 años con ganas de cambiar el mundo. Lo implementamos y lo logramos. Creo que la Escuela y universidad que dejamos fueron mejores que las que conseguimos.

Y a los 23 años, ya con el documento certificado en mano, llevó el cambio a otro escenario.

“Julito”, como suelen llamarlo por su estatura y por ser el menor de seis hermanos, dejó su firma en todas las fuentes periodísticas, desde Deportes hasta Sucesos, Sociales y Política.

Estuvo en las redacciones del Diario Los Andes, Crítica, La Columna y, por último, en Panorama, donde vivió su experiencia más prolongada.

En ese último impreso terminó siendo el periodista oficial de Política, justo en unos años cuando la política venezolana convulsionaba por sucesos como la caída de Carlos Andrés Pérez, el resurgimiento de Rafael Caldera como presidente, la elección de Lolita Aniyar de Castro como primera gobernadora de Zulia y, después, la del militar Francisco Arias Cárdenas.

La noche antes del golpe

Eran casi las 11.00 de la noche del 3 de febrero de 1992. Julio compartía con unos amigos en la calle, cuando vieron un pelotón del ejército que les congeló los pasos.

Sin embargo, el olfato periodístico se activó al instante. Se acercó y los militares hablaron: esto es un golpe de Estado.

De inmediato, Julio llamó a Panorama y encendió la alarma. Fue el primero de la redacción en enterarse de la rebelión militar.

Sin pensarlo dos veces, por iniciativa propia se fue a la Residencia Oficial (RO) para conocer la condición del gobernador Oswaldo Álvarez Paz y, por primera vez, comprendió el riesgo del oficio.

—Un teniente de apellido De Jesús me detuvo por dos horas. Me explicó las razones del golpe y la situación del Gobernador. Hasta ese momento nunca había enfrentado el periodismo como una profesión de riesgo, pero ahí sí lo sentí. Estaba en medio de una confrontación bélica entre los tomistas del recinto y quienes anunciaban que iban a recuperar el control del lugar —narra Julio luego de atender varias llamadas y firmar documentos.

A las 2.00 de la madrugada de aquel día se fue a teclear el texto publicado en una edición especial de Panorama que circuló al amanecer del 4 de febrero.

Dos años después conoció a Arias Cárdenas, luego de que saliera de la cárcel, y lo entrevistó en varias oportunidades. En una de ellas, el militar le pidió acompañarlo como secretario privado tras resultar electo gobernador.

—Siempre lo he dicho: fui el primer detenido de Arias y el primer miembro de su gabinete.

Aunque al parecer no existe un registro oficial, Julio habría sido en esa época el secretario privado más joven de la gobernación de Zulia al obtener el cargo a sus 28 años.

Constructor de la comunicación

Los “gusanitos” del periodismo y la política rondaban su mente desde joven, pero no por seguir los pasos de alguien, ya que es el único de su familia que se dedica a ello, sino por una necesidad interna de contribuir con el “bienestar colectivo”.

—El origen es la sensibilidad social. Quien tenga algo de sensibilidad social terminará en el periodismo o en la política. Porque es la forma con la que se puede ayudar a transformar cosas y hacerlas mejor. Hay otras vías con el mismo mérito, pero estas dos son las más cortas para lograr el objetivo.

Y esa meta la trazó mucho tiempo atrás.

—Cuando estaba en la universidad quería tener un medio, pero entendía que debía quemar etapas, y para fundar un diario debía saber todo el proceso que implica, desde cómo se redacta una nota hasta cómo se diseña, diagrama y publica.

Y así, paso a paso, fue creciendo y haciendo realidad lo que en algún momento soñó: fundar una emisora, un diario y un canal, con lo que comenzó en el año 2000 su faceta como empresario.

Ahora Julio no está sentado en un cubículo de una redacción, sino que la comanda. Es el director de Noticia al Día, el primer periódico digital exitoso en Zulia, fundado en 2009 con un equipo 100% marabino.

Y hoy la mente maestra del proyecto llega a 50 años.

—Los 50, para mí, son como llegar al lomo de una montaña, el lomo de la vida, donde uno puede mirar hacia atrás luego de superar la empinada con mucho sacrificio y con la satisfacción de haber llegado a la cima. Y, además, puede mirar hacia adelante la bajada que se disfruta con la sabiduría y experiencia adquirida en el camino. Así son los 50 para mí, aunque otros lo vean de una manera distinta o, simplemente, no les importe.

A sus cinco décadas, dice con seguridad qué significan sus oficios: “El periodismo es una pasión, porque da alegría ayudar a alguien y sufrimiento al enfrentarse a crudas realidades; la política es una herramienta poderosa para transformar, pero hay que saber utilizarla con nobleza, y para ello hay que tener dos características fundamentales: humildad y compasión”.

Desde su oficina, repleta de cámaras fotográficas, máquinas de escribir y teléfonos antiguos, asegura que las claves del éxito son trazar metas y cumplirlas, ser perseverante y defender los principios de cada uno. Pero, en su caso, hay una cuarta clave principal: “Haber construido una gran familia con Sandra, Estefanía, Emily y Pablo”.

Desde la cima de la montaña, en retrospectiva y viendo hacia el futuro, cree que solamente ha sido un “constructor” de sus “sueños”.

—Si se hace de forma correcta y de la mejor manera para la satisfacción propia, el trabajo apasiona. Ha sido difícil, pero a la vez satisfactorio y agradable. Creo que soy un ejemplo de aquella frase que dice que quien hace lo que le gusta no trabaja nunca.

Y todas esas experiencias en el periodismo y en la política lo llevan a parafrasear a su poeta favorito, Neruda, y decir con orgullo: “Hoy, a mis 50, confieso que he vivido”.

Mientras conversa, Julio, de reojo, sigue pendiente de responder las llamadas urgentes, revisar el chat de cada empresa y dar las indicaciones necesarias. Y lo hace con gusto, desde que se levanta hasta que se acuesta. Nadie lo ha escuchado nunca quejarse del trabajo ni del cansancio.

Pero hoy, 14 de abril de 2017, Julio Reyes se tomará un descanso.

Texto y fotografía: David Contreras

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