Togüito, el superbebé protector de los animales maltratados 19: Rodi, el cerdito que salvó a su amo (Cuento infantil, Alberto Morán)

Composición gráfica: José Manuel Pernía – Euglys Parra

Rodi, el cerdito que salvó a su amo

Teobaldo salió al patio con una bandeja de hortalizas llamando: “Rodi, Rodi” y el cerdito corrió a su encuentro desenroscando la colita y gritando de alegría: ¡oinc, oinc, oinc! El abuelito colocó la ensaladera al alcance de la mascota y volvió a la casa con pasos de niño aprendiendo a caminar.
Llegó directo al radio y se sentó a escuchar las noticias más relevantes del pueblito Flor de Cactus. La primera lo sorprendió:
“Togüito, el superbebé protector de los animales maltratados, penetró una pajarera clandestina y liberó un lote de aves en cautiverio que los cazadores venden de forma ilegal en las carreteras interurbanas.
“El paladín entró en horas de la noche montado al superchivito Saltarín, y después de neutralizar a los vigilantes de una granja con certeros lanzamientos a los pies de superespinas de cardón, abrió las aulas donde las avecillas sufrían apiñadas sin comida y sin agua.
“Entre las aves liberadas se encontraban cardenalitos, loros, pericos, turpiales, chuchubes, tucanes, pájaros campaneros, entre otras…”.
Teobaldo condenando las acciones de los cazadores de pájaros fue a la nevera, tomó un sorbo de agua que ingirió con dificultad y se volvió a sentar. Sudaba, la temblaban las manos, se oprimía el centro del pecho con los dos puños. Sentía náuseas, se levantó para ir al baño y no pudo, el mareo lo hizo trastrabillar, regresó tambaleante a la silla.
Rodi empujó la puerta, entró, traía la bandeja vacía en la trompa, la colocó al lado de Teobaldo. Y se quedó esperando que su dueño lo consintiera como de costumbre hablándole con ternura y acariciándole la cabeza.
El cerdito viendo que el ancianito no le hacía cariños, le movió la pierna del pantalón con la trompa intentando llamar su atención, pero Teobaldo no reaccionaba. Rodi al percatarse de que el señor estaba inmóvil, comenzó a deambular por la casa.
De repente corrió a la calle. Se atravesó en la vía. Los carros frenaron de improviso, por suerte tuvieron tiempo de sacarle el cuerpo y continuar. Rodi se echó en medio de la carretera, sin embargo, ningún conductor se detenía. Se levantó, siguió interceptando el paso vehicular hasta que, por fin, un chico en una bicicleta se detuvo. Rodi viendo al joven, caminó presuroso a la vivienda de su dueño. El muchacho curioso lo siguió atento. El chico entró a la casa y encontró a Teobaldo inconsciente en la silla.
El joven se asustó, tomó el celular y se comunicó con el Cuerpo de Bomberos. Al poco tiempo, llegaron los paramédicos y observaron que estaba con vida. Ya los curiosos plenaban la vivienda. La gente rodeó al médico y a la enfermera. Los especialistas entraron y sacaron al señor Teobaldo en una camilla, Rodi se quiso aproximar con ganas de ver a su dueño, pero alguien le propinó un golpe con el pie que lo hizo retroceder y caer en una tanquilla gritando de dolor: ¡oinc, oinc, oinc!
La gente sin importarle la vida de la mascota, la dejó aprisionada en el interior del estanque, afortunadamente el chivito Saltarín iba llegando y observó cómo lo patearon y lo abandonaron sin escatimar en el esfuerzo que hizo el cerdito, para auxiliar a Teobaldo. Rodi seguía gritando: ¡oinc, oinc, oinc! Y el chivito le dijo: “No temas, ya vengo, voy por ayuda”.
Saltarín acudió en busca de Togüito y lo encontró en su cunita. Tenía posibilidades de salir escondido, su papá Sebastián no estaba en la casa, sino en su trabajo sembrando hortalizas, y su mama, María Teresa, asumía los quehaceres del hogar, de modo, que tomó el cubrecama de su colchoncito, lo entorchó y lo arrojó del lado afuera de la cunita en forma de cuerda, para descender y marcharse a la montaña.
Togüito llegó a la supercueva secreta, entró y salió de supercapa convertido en el superbebé protector de los animales maltratados; cabalgando a Saltarín, el chivito blanco más veloz de la sierra, levantó el puñito derecho y lanzó su grito justiciero: “¡Santooosss Caramelooosss!”, y siguió de superpañal desechable, de superbotines de algodón, de supergorrito hundido en forma de careta, de superchupón escudo atado al bracito izquierdo y armado de las superespinas de cardón.
El superhéroe llegó donde estaba atrapado Rodi. Vio que no tenía fracturas. Y enseguida le pasó una cuerda alrededor del cuerpo y templó con la ayuda de Saltarín. Haló con cuidado hasta llevarlo a la superficie.
El cerdito rescatado seguía triste, quería ver a su dueño, Saltarín y el protector de los animales maltratados lo acompañaron al hospital donde estaba internado Teobaldo. Y cuando iban llegando, observaron que al señor lo trasladaban consciente en una silla de ruedas.
-Para que vean lo que significa un animal de compañía, a Teobaldo lo salvó su mascota –dijo Togüito.
-Así es, Rodi arriesgo la vida por la de su dueño, se le atravesó a los carros –dijo Saltarín-. Es un héroe.
-Por eso, las mascotas se deben amar, tratar con cariño y nunca hacerles daño –dijo el paladín.
Togüito tomó rumbo a la montaña, entró a la supercueva secreta, salió y regresó a su casa vestido de cocoliso como un niño indefenso, sin que nadie supiera de su verdadera identidad de protector de los animales maltratados.
María Teresa entró al cuarto y cuando vio a su hijo en la cunita, dijo: “que milagro que mi bebé no ha llorado hoy por su tetero de leche de cabra, ah…” y le colocó el biberón en la boca.

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Composición gráfica: José Manuel Pernía – Euglys Parra

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