Seguridad Social y Policía (Ex-Polisur. Desiree Parra)

Ex-Polisur. Desiree Parra

 

La seguridad es la ausencia de peligro o riesgo, aunada a la sensación de total confianza que se tiene sobre algo o alguien. La seguridad como tal, es un derecho difícil de garantizar, debido a muchos factores que intervienen a la hora de proporcionar seguridad.

Para garantizar seguridad, la persona puede requerir factores distintos de los que requiere el colectivo. Como es lógico, teniendo en cuenta que el logro de la seguridad puede entrañar sentimientos subjetivos en vez de criterios objetivos.

Unos índices elevados de delincuencia, ya sean reales o percibidos, pueden inducir a las personas a sentirse inseguras e intranquilas y pueden facilitar la aceptación de un régimen más severo contra la delincuencia que puede poner en peligro los derechos de los demás. Cierto grado de tranquilidad en la sociedad es una condición previa y necesaria para garantizar la prosperidad de la comunidad en general.

De hecho, el vínculo entre seguridad y disfrute pleno de los derechos civiles y políticos y de los derechos económicos, sociales y culturales se reconoce cada vez más, como se refleja en el hecho de que las iniciativas internacionales de desarrollo se vinculen con la seguridad. Para que las personas puedan vivir juntas pacíficamente, surgen normas de comportamiento en el seno de los grupos y entre unos grupos y otros, que se sostienen de forma natural mediante la socialización y la disciplina informal o pueden imponerse desde fuera mediante normas formales.

En última instancia, corresponde al Estado la responsabilidad de garantizar un nivel mínimo de orden, y la policía es una de las varias entidades del Estado que tiene encomendada la tarea de hacer efectiva esa obligación. Para que sea posible hacer afirmaciones exactas sobre los índices de delincuencia y seguridad es necesario hacer un seguimiento de la delincuencia, tanto cualitativa como cuantitativamente. Medir la delincuencia con objetividad es sumamente difícil. Medir la eficacia del Estado a la hora de abordar la delincuencia es igualmente difícil, si no imposible.

La gestión de las percepciones y expectativas de la comunidad deben formar parte de una estrategia de seguridad eficaz, sin olvidar los verdaderos niveles de la delincuencia. Los índices elevados de miedo hacia la delincuencia pueden constituir en sí mismos un verdadero incumplimiento por parte del Estado de su responsabilidad de proporcionar seguridad. Esto significa que el Estado debería guiarse por los principios del estado de derecho y de derechos humanos para tener más probabilidades de que efectivamente la armonía se adquiera y se mantenga de forma pacífica.

El orden como tal es un concepto vacío. Esta perspectiva local, en contraposición a la perspectiva nacional, es más relevante si cabe, ya que en los últimos años se ha puesto de manifiesto que los Estados no siempre logran imponer su capacidad para garantizar la paz y el orden. De hecho, la capacidad de un Estado para intervenir en toda suerte de conflictos y para influir en los actores no estatales es limitada y en ocasiones es parcial en favor de intereses concretos.

En líneas generales, por seguridad debe entenderse como el conjunto de acciones democráticas en pro de la seguridad de los habitantes y de sus bienes. Ajustadas al derecho de nuestro país. Sin embargo, existen muchos casos en los que la aplicación práctica de los recursos ideados para proteger al ciudadano se vuelve en su contra, aumentando la desconfianza de este en el sistema.

Cabe destacar que en la actualidad el panorama en nuestro país ha cambiado en su totalidad en relación proporcional al deterioro económico y humano, convirtiéndose a su vez en un gran problema de seguridad. Hoy día, se hace bastante notoria la inconsistencia en el tiempo de ejecución en lo que a planes de seguridad se refiere, la mayoría resultan fallidos por presentar absoluta escases en la continuidad y permanencia. La idea es enfocar los objetivos, aumentar la protección y asegurar que los programas funcionen, evaluando constantemente el fracaso de cada plan y hacerle seguimiento para no cometer los mismos errores.

Es tan importante prevenir como accionar y adentrarse con políticas sociales correctas de modo que la policía pueda identificarse directamente con su entorno. En relación a la importancia de la seguridad y la responsabilidad que esta genera, me permito ser aún más yo, dentro de los parámetros de autenticidad, para hacer un análisis importante, resaltarlo y hacerme eco de esta situación bastante critica, lamentable y descuidada por parte del Estado en vista de que, para un policía en nuestro país no existe la proporción entre su riesgo y su seguridad.

Muy claras y altas son las cifras de funcionarios policiales caídos en manos del hampa, policías que mueren en hospitales por falta de insumos, policías que dejan nuestro país, policías que se retiran y prefieren colgar su uniforme y dedicarse al libre ejercicio, policías débiles que son aprehendidos por ponerle precio a su valor en vista de la necesidad que atraviesan. Policías que habitan en las peores barriadas y que se movilizan a diario en transporte público.

Quien le gestiona la seguridad al uniformado que brinda seguridad a una población en general, quien dota al policía de sus propias herramientas de trabajo, quien le ofrece al policía un seguro médico digno y que cubra en su totalidad, quien le ofrece al policía beneficios tal cual son otorgados a otros cuerpos de la Nación. Quien le ofrece un salario acorde a su riesgo.

Realmente quisiera saber cómo se manejan las políticas públicas y de seguridad porque no tenemos avance, no hay cuadros ni siquiera maquillados que nos muestren que los índices de seguridad están por debajo y que las instituciones policiales cumplen a cabalidad con su rol de servir y proteger sin unidades radio patrulleras. Quien me explica con peras y manzanas como sobrevive un policía que trabaja más de doce horas con un salario miserable, con una dotación a medias, que debe sacar de su bolsillo para reparar las unidades y poder movilizarse, que muchas veces su arma de reglamente no le funciona por falta de mantenimiento y que no se distingue el color su uniforme viejo y remendado.

Es increíble la sensación de “inseguridad” que hoy día nos hacen sentir los policías, es esa misma sensación de impotencia que sienten en lo particular los policías, tras no ver interés de mejoras por parte del Estado.

Hombres y mujeres con vocación, que continúan sirviéndole a una población porque simplemente fueron destinados para esa excelente labor, que continúan formándose porque creen fuertemente en lo que hacen. Que verdaderamente esperan más de este país y de sus gobernantes, porque aportan su trabajo y en ocasiones su propia vida. Soy de las que piensa que es fácil señalar a un policía, pero hay que ponerse sus botas y ajustarse su chaleco para saber lo que se siente.

Ser policía es una enorme responsabilidad y a su vez es tan placentero serlo, ya que el único pago que hoy día se obtiene es saber que se hizo el bien y la satisfacción de ayudar a los demás. Para aquellos que nos gobiernan, mediante este artículo quiero decirles que un país seguro y bien protegido abre puertas a la conciencia de cada individuo, mejora de manera automática en su estructura y rentabilidad. Simplemente nos acerca a ser una potencia, un mejor país. @desireeparraf @desiree_parra

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