Mujer aliada, guerrera de verdad (Yadira Luque)

Yadira Luque

No me referiré hoy a ningún aspecto tradicional tratado con motivo del Día Internacional de la Mujer, que va desde lo más vano hasta tópicos tan oportunos como la violencia de género o la discriminación social en el área laboral con todos los matices que esto representa.

Aprovechare la atención mundial respecto a este emblemático día para reflexionar acerca de otras temáticas relativas al más importante rol de la mujer en la sociedad. Sin ánimo tampoco de adentrarme a lo más rebuscado del tema del rol de madre, porque eso es harina de otro costal.

En  mi condición de profesional de la comunicación, trabajadora del área de salud y además madre de dos hermosas mujeronas, por lo cual doy gracias a Dios eternamente, me preocupa la situación país que vivimos con todo lo que ello representa: crisis de valores, familias disfuncionales, violencia de todo tipo y pésima condición socio- económica que hace cada día más difícil garantizar una vida de calidad.

En mi análisis al ámbito escolar, observo con preocupación cómo la escuela se ha convertido en un espejo de esa crisis que envuelve el país. En este día solo pediría un minuto de su tiempo a las mujeres guerreras de verdad, que se ocupan de educar y orientar a los hijos, y me refiero no solo a las madres biológicas, sino a todas aquellas que por alguna razón han asumido ese papel en sustitución de las madres, es decir, tías, abuelas, primas, hermanas mayores, maestras y representantes

El desafío mayor de hoy para nosotras trasciende al rol de la madre, porque no solo somos, junto con el hombre, las responsables de la crianza, guía y manutención de nuestros muchachos, sino que nos corresponde disponer de tiempo de calidad para nuestros hijos, monitorear su rendimiento y actuación escolar, así como garantizar que en esos recintos sagrados (hogar y escuela) resuenen cosas positivas,  que la escuela sea el soporte de una educación en valores de justicia, solidaridad, respeto, equidad…que la escuela este siendo el lugar donde nuestros hijos refuercen principios y valores (esos que se enseñan en el hogar) para levantar ciudadanos útiles y comprometidos con el futuro de su familia y de su país.

En este día especial, pido a la mujer ser aliada de esos hijos (los biológicos y  los que la vida le ha colocado en el camino), en todo el sentido de la frase. Me refiero de nuevo al rol que nos toca de madre, tía, hermana, prima, abuela, representante. Que nos obliguemos a estar en cada uno de sus momentos, que observemos  con sabiduría  actitudes para corregir a tiempo comportamientos, reforzando ese valor único y verdadero que enseña que con trabajo, estudio, dedicación y esfuerzo propio es que se llega al éxito.

Ser aliada para advertir que pese a las dificultades, a la atrocidad que reflejan los medios de comunicación de esa sociedad revuelta y momento aciago que vivimos, la vida es más que esa mediocridad; que la viveza criolla no es un valor; que mutilar un trabajo de grado no es una azaña, porque lo importante es producirlo con  nuestro talento y creatividad; que la belleza y el cuerpazo son efímeros que tiene más valor cultivar nuestro espíritu, emociones y desarrollarnos como persona ; que es obligación del profesor explicar y repetir la lección si el alumno no ha entendido; que por principio la integridad siempre será el mejor camino.

Nos corresponde ser aliada de todos los hijos, porque “quien tiene un hijo tiene todos los hijos del mundo”, como advirtió sabiamente Andrés Eloy Blanco. Entonces, toca ser aliada para ayudar a esa otra mujer menos afortunada, la que no aprendió a leer, la que entiende a medias porque no tiene la preparación necesaria, pero si la intuición para ayudar a sus hijos a transitar por el camino correcto; a la joven adolescente que cree sabérselas todas y se embaraza absurda y tempranamente; o de esos jóvenes que abrumados por  sus hormonas resultan siendo irresponsables con su sexualidad y con su cuerpo.

Ser aliada de esas mujeres que levantaron solas a sus hijos, los que luego se los arranca una vida de violencia y delincuencia. Ser mujer aliada y guerrera para combatir los vicios y la mediocridad que acecha, para revestirse de resiliencia necesaria y sobreponerse a la adversidad momentánea, que la desesperanza no es una opción.

Yadira Luque

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