El ángel de la farmacia (Josué Carrillo)

Josué Carrillo

 

La señora estaba antes que yo. Pálida, en ropa sencilla, la noche, el trasnocho pesaban en sus párpados, un paño blanco en sus manos, un morral llevado por el sol, el invierno, la pobreza, angustiada, mostraba la impaciencia de madre con un hijo enfermo. Había frío en la farmacia y ella sudaba. Consultó precios de antibióticos inyectables, de vitaminas, de remedios para ella inalcanzables, preguntó si podrían venderle una ampolla, una pastilla. Pudo comprar lo urgente, antes de marcharse dice “¿tienen algo para el dolor de cabeza, no se me quita desde anoche?”, “si”, le responde el chico que le atiende. “¿Venden una?”, “No”,responde el chico, otro joven que está al lado a punto de atenderme toma una caja de Ibuprofeno, “tenga señora, tome dos de una vez”, “¿cuánto vale?”, dice y su voz quebrada duele, “nada, señora, yo se la regalo”, lo miro, es pequeño, es cordial, “Dios se lo pague, hijo”, responde ella, ahora, le noto un parecido a José Gregorio Hernández, el chico murmura un absurdo, “no ves que la señora no tiene plata, no ves que está comprando una ampolla y necesita 5”, lo que yo buscaba no había, debí molestarme, como lo hago siempre, esta vez, dije “nunca deje que cambie su corazón y sus sentimientos”, “Gracias, señor”, dijo sonriendo, “los ángeles existen”, dije y me marché creyendo que aún queda bondad en el mundo. Josué Carrillo

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